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Epícteto y la otra intención II

Continuación.

 

Fuente: https://medium.com

Exposición “La tumba egipcia”

El martes 10 de septiembre a las 18:30h os invitamos a la inauguración de la recreación “La Tumba Egipcia”. En ella se podrá visitar la réplica de una tumba egipcia y tendremos la oportunidad de comprobar cómo los egipcios entendían la muerte y el paso a la siguiente vida.

La exposición estará abierta del 10 de septiembre al 31 de octubre y el horario de visitas será martes, miércoles y jueves de 18:30 a 21:00.

La entrada es totalmente gratuita.

 

LA TUMBA : Punto de encuentro de dos mundos

La tumba era considerada por los egipcios como la vivienda o residencia del difunto y de ahí que se amueblara y decorara con sus objetos más queridos, pues era a la vez el soporte de la memoria terrenal y punto de encuentro entre los dos mundos, el de los muertos y el de los vivos. Una transición dramática que aparece en todos los textos funerarios, pues, si bien el difunto no puede contar más que con él mismo, con su propio esfuerzo y voluntad para lograr su destino y la liberación final, estos recintos sagrados que, como el interior de los sarcófagos, contenían textos escogidos del Libro de los Muertos, eran como una especie de “armadura” o escudo de protección, de “mapa” de una geografía celeste, cuyas indicaciones eran muy útiles al difunto y podían evitarle dificultades, sobre todo al comienzo de su itinerario por la oscuridad de los mundos inferiores hasta lograr la salida del alma a la luz de un nuevo día en la Tebas del Cielo.

 TESTAMENTO A ANUBIS.      

Anubis es la noche antes del cielo,
La sabiduría oculta de la sombra y la luz.
De ojos saltones que reflejan la luna y las estrellas.

Anubis es a quien los dioses obedecen
en serio respeto por su ladrido y mordisco,
las palabras medidas y las mandíbulas aplastantes firmes.

Anubis es el guardián desde lejos
que mira cuando ha llegado el momento de pesar
un alma, y juzga su vida como incorrecta o correcta.

Anubis nos conoce a todos por lo que somos
y ni ama, ni odia, ni da pausa
en su eterno ajuste de cuentas.

Su cuidado es el equilibrio y las leyes.
Porque la justicia es la tradición sagrada del chacal.

                                                       

El profeta de Khalil Gibran

Hacia el año 1923, el escritor libanés Khalil Gibran publica «El Profeta», esta obra será no sólo la de mayor éxito sino la más madura de cuantas escribe.

Filósofo y poeta, Gibran pasó muchos años pensando en el libro y esperando siempre momentos especiales. «Este libro es sólo una pequeña parte de lo que he visto y de lo que veo cada día, una pequeña parte de las muchas cosas que anhelan expresarse en los silenciosos corazones de los hombres y en sus almas. El Profeta es sólo la primera letra de una sola palabra.»

Cuando algunos le preguntaron como había sido escrito contestó: «El libro me ha escrito a mí». Estaba refiriéndose a que él era transmisor de una enseñanza universal que es patrimonio de la humanidad; si dejas que tu alma, libre de los egoísmos y estrecheces comunes, pueda viajar a mundos más puros entonces encuentra la fuente de conocimiento.

Él decía que «el Profeta» fue su segundo nacimiento y tomando como primero el biológico, el segundo es el nacimiento de la conciencia. En clave psicológica sería el alter ego de Kalil como diría Freud o, el «sí mismo» como diría Jung.

Presentándose con el nombre de Almustafá, el profeta, antes de partir del pueblo de Orfalase, a instancias de Almitra, la sacerdotisa, se dirige a los habitantes para decirles: «¿De qué otra cosa os puedo hablar sino de lo que veo vibrar en vuestras almas?».

Es entonces cuando nos acerca a los aspectos más importantes con los que toda persona se encuentra en su vida. Nos hará reflexionar sobre ellos, revisar nuestras ideas, nuestros sentimientos y nuestra actitud. Él nos abre la puerta para conocer y encontrarnos con el verdadero ser humano, aquel que se esconde tras las apariencias, el que puede emerger si sabemos esculpirlo.

En el amor: «el amor solo da de sí y nada recibe sino de sí mismo». En la amistad, «cuando vuestro amigo se calla, vuestro corazón continúa escuchando su corazón». Descubriendo qué es la alegría y la tristeza, «juntas llegan, y cuando la una viene a sentarse a vuestra mesa, recordad que la otra, dormida, os espera en vuestro lecho». En el trabajo de cada uno, «y trabajar con amor es estar unido con vosotros mismos, y con los otros y con dios». Profundizando sobre la verdadera libertad, «y si es un temor el que queréis disipar, el centro de este temor está en vuestro corazón y no en la mano que teméis». Y la generosidad, «poco dais si sólo dais de vuestros bienes, dais de verdad sólo cuando dais de vosotros mismos».

Y tras todo ese recorrido, apartando en cada giro un velo más nos descubrirá levemente los misterios de la vida y de la muerte con su lenguaje íntimamente poético y cargado de significado.

«¿Y qué es cesar de respirar sino liberar al aliento de sus mares agitados, a fin de que se levante y se expanda y busque a Dios libremente?» Almustafá partirá del pueblo de Orfalese pero su marcha no es sinónimo de vacío, se ha convertido en guía para que cada uno reconozca su propio ser interior y puedan vivir su propia vida de acuerdo con su naturaleza inmortal que ha arraigado en lo más profundo de sus corazones.

«Vosotros no estáis encerrados en vuestros cuerpos, lo que sois habita más arriba de las montañas y vaga en el viento…»

Kalil Gibran deja constancia de la importancia que tiene el Profeta, ya sea en el libro o en la vida real. Es la figura del maestro, del hombre de conocimiento, es el que guarda las semillas de la sabiduría para aquel que la ame y quiera buscarla. Para cubrir la necesidad de aprender que tiene el ser humano se necesita de aquel que enseñe, alguien con esa capacidad tan poco común de ver más allá de la superficie y profundizar a través de las máscaras de la vida; y ese alguien nos puede descubrir algo que naturalmente todo ser humano necesita porque devuelve la magia de saberse humano y la posibilidad de vivir de acuerdo con nuestras nobles aspiraciones.

Artículo escrito por Yolanda García

Dijo Almitra: Háblanos del Amor.

Y él levantó la cabeza, miró a la gente y una quietud descendió sobre todos. Entonces, dijo con gran voz:
Cuando el amor os llame, seguidlo.
Y cuando su camino sea duro y difícil.
Y cuando sus alas os envuelvan, entregaos. Aunque la espada entre ellas escondida os hiriera.
Y cuando os hable, creed en él. Aunque su voz destroce nuestros sueños, tal cómo el viento norte devasta los jardines.

Porque, así como el amor os corona, así os crucifica.
Así como os acrece, así os poda.
Así como asciende a lo más alto y acaricia vuestras más tiernas ramas, que se estremecen bajo el sol, así descenderá hasta vuestras raíces y las sacudirá en un abrazo con la tierra.

Como trigo en gavillas él os une a vosotros mismos.
Os desgarra para desnudaros.
Os cierne, para libraros de vuestras coberturas.
Os pulveriza hasta volveros blancos.
Os amasa, hasta que estéis flexibles y dóciles.
Y os asigna luego a su fuego sagrado, para que podáis convertiros en sagrado pan para la fiesta sagrada de Dios.

Todo esto hará el amor en vosotros para que podáis conocer los secretos de vuestro corazón y convertiros, por ese conocimiento, en un fragmento del corazón de la Vida.

Pero si, en vuestro miedo, buscáreis solamente la paz y el placer del amor, entonces, es mejor que cubráis vuestra desnudez y os alejéis de sus umbrales.
Hacia un mundo sin primaveras donde reiréis, pero no con toda vuestra risa, y lloraréis, pero no con todas vuestras lágrimas.
El amor no da nada más a sí mismo y no toma nada más que de sí mismo.
El amor no posee ni es poseído.
Porque el amor es suficiente para el amor.

Cuando améis no debéis decir: “Dios está en mi corazón”, sino más bien: “Yo estoy en el corazón de Dios.”
Y pensad que no podéis dirigir el curso del amor porque él si os encuentra dignos, dirigirá vuestro curso.

El amor no tiene otro deseo que el de realizarse.
Pero, si amáis y debe la necesidad tener deseos, que vuestros deseos sean éstos:
Fundirse y ser como un arroyo que canta su melodía a la noche.
Saber del dolor de la demasiada ternura.
Ser herido por nuestro propio conocimiento del amor. Y sangrar voluntaria y alegremente.
Despertarse al amanecer con un alado corazón y dar gracias por otro día de amor.
Descansar al mediodía y meditar el éxtasis de amar. Volver al hogar con gratitud en el atardecer.
Y dormir con una plegaria por el amado en el corazón y una canción de alabanza en los labios.

Flores de Bach, resumido


La teoría del Dr. Bach

El Dr. Bach era un médico de Gales, Gran Bretaña, que además de graduarse como médico en distintas especialidades, también trabajó como investigador y científico comprometido con una manera de curar a los pacientes respetuosa y benigna; algo de lo que se sentía cada vez más alejado con la medicina alopática y por lo que terminó acercándose a la homeopatía como terapia médica.

Fue precisamente durante su labor en un hospital homeopático de Londres que empezó a observar que algunos pacientes con determinadas patologías tenían ciertos rasgos personales y emocionales en común, de modo que decidió tratar, no solo la enfermedad del paciente, sino su personalidad. Fue entonces cuando empezó a experimentar con las esencias florales de plantas recogidas en Gales como tratamiento para resolver conflictos emocionales según la personalidad del paciente. En realidad, estaba convencido de que la mente ejerce un papel determinante en las enfermedades y de que, al solucionar las afecciones emocionales, los problemas de salud se resolvían de una manera más definitiva y eficaz.

De este modo consiguió, según sus investigaciones, reunir 38 remedios que son los que se utilizan en la actualidad y que conocemos como Flores de Bach.

 

Beneficios de las Flores de Bach

Las flores de Bachtienen múltiples aplicaciones:

  • Para resolver enfermedades que tienen un origen emocional, mental o psicosomático.
  • En los niños suelen ejercer un efecto más potente que en las personas adultas.
  • Las flores de Bach también se utilizan en animales y plantas (cuando se ven expuestas a cambios o condiciones adversas).

Las flores de Bach están indicadas en personas de cualquier edad o condición, sanas o enfermas y no se conocen contraindicaciones al tomar medicamentos u otras sustancias terapéuticas.

 

Qué flores tomar

A la hora de elegir las flores que vamos a tomar, podemos recurrir a un terapeuta especializado, o implicarnos investigando sobre los efectos de cada flor y elaborar nuestra propia mezcla. Para ello, es necesario revisar la lista de los 38 remedios y sus efectos.El Dr. Bach aconsejaba que no se tomasen más de siete flores en la mezcla de tratamiento, por lo que, si nos vemos reflejados en numerosos síntomas o aplicaciones de las distintas flores, lo mejor es priorizar y determinar qué problemas son los más importantes o con qué rasgos nos sentimos más identificados hasta completar las siete flores que conformarán nuestra mezcla. A continuación te mostramos una secuencia muy resumida de los efectos y aplicaciones de cada flor:

  • Agrimony: Ocultar preocupación tras una máscara de alegría.
  • Aspen: Miedo a lo sobrenatural y a la muerte.
  • Beech: Intolerancia, arrogancia, crítica desmedida.
  • Centaury: No saber decir “no”.
  • Cerato: Buscar la aprobación y consejo o aceptación de los demás.
  • Cherry Plum: Miedo a perder el control, ataques de terror, miedo a la locura.
  • Chestnut Bud: Incapacidad para corregir y aprender de los errores.
  • Chicory: Sobreprotección y dominación egoísta.
  • Clematis: Soñar en exceso sin vivir en la realidad.
  • Crab Apple: Terror a estar sucio, a contaminarse a ser impuro.
  • Elm: Exceso de responsabilidades, colapso.
  • Gentian: Pesimismo, depresión, flaqueza, desesperanza.
  • Gorse: Cuando se ha perdido la esperanza del todo.
  • Heather: Egocentrismo desmedido, cuando todo gira entorno a uno mismo.
  • Holly: Celos, envidia, rabia, odio, rencor.
  • Honeysuckle: Anclarse en el pasado sin vivir el presente.
  • Hornbeam: Agotamiento psicológico y físico.
  • Impatience: Impaciencia, soledad, ansiedad.
  • Larch: Baja autoestima, sentimiento de fracaso.
  • Mimulus: Miedo a las situaciones cotidianas y conocidas.
  • Mustard: Depresión sin razón aparente.
  • Oak: Personas obsesivas que trabajan incansablemente y luchan contra corriente. Agotamiento profundo.
  • Olive: Agotamiento por diversas causas físicas o mentales. Derrota.
  • Pine: Eceso de sentimiento de culpa.
  • Red Chestnut: Preocupación excesiva por los seres queridos.
  • Rock Rose: Ataques de ansiedad, pánico incontrolable, estados de angustia.
  • Rock Water: Personas perfeccionistas en exceso, rigidez, exceso de control.
  • Scleranthus: Incapacidad para elegir entre varias alternativas.
  • Star of Bethlehem: Conmoción física o emocional.
  • Sweet Chestnut: Cuando se llega al límite de la desesperación y la desesperanza. Cuando ya no se vislumbra la luz.
  • Vervain: Exceso de entusiasmo y euforia, fanatismo.
  • Vine: Personas dominadoras, inflexibles y tiranas.
  • Walnut: Terror a los cambios.
  • Water Violet: Orgullo, sentimiento de superioridad.
  • White Chestnut: Exceso de pensamientos y diálogo interno.
  • Wild Oat: Dudas ante el cometido en la vida, falta de metas y ambiciones.
  • Wild Rose: Apatía, falta de motivación, tristeza.
  • Willow: Victimismo, resentimiento.


Rescue Remedy

El Dr. Bach elaboró una mezcla estándar de cinco flores para utilizar en caso de duda o en caso de crisis de angustia, desesperanza, estados de shock o crisis nerviosas. Este remedio consta de cinco flores:

  • Rock Rose
  • Impatiens
  • Cherry Plum
  • Star of Bethlehem
  • Clematis

¿Cómo tomar las flores de bach?

Si vamos a realizar un tratamiento a base de flores de Bachy decidimos visitar a un terapeuta especializado, tomaremos la mezcla que nos indique, las cantidades que nos indique y siguiendo las pautas que nos indique.

Pero si vamos a implicarnos y tomar nuestro propio remedio, lo más importante en primer lugar es informarse abundantemente. Es decir, hacer una selección de buena literatura al respecto y comprobar todas las flores, sus efectos y sus aplicaciones.

A continuación, te explicamos, de manera general, algunas pautas para elaborar y tomar tu propia mezcla. Recuerda que esta información es orientativa y que si decides seguir esta opción debes informarte en profundidad. Esto es solo una aproximación para que te hagas una idea general:

  • Para elaborar la mezcla necesitarás un recipiente vacío de vidrio de 30ml con cuentagotas. Llénalo hasta los ¾ de agua mineral o depurada. Añade 3 gotas de cada flor que quieras utilizar (máximo 7). Por último añade unas gotas de Brandy para que el alcohol actúe de conservante.
  • Pon cuatro gotas debajo de la lengua, cuatro veces al día. No lo tragues inmediatamente, procura mantenerlo en la boca unos segundos.
  • Si tienes una crisis o un ataque pánico, ansiedad o cualquier otro malestar emocional, puedes tomar cuatro gotas adicionales cuando se de el caso.
  • Procura tomarlas siempre entre comidas.
  • La forma más efectiva de obtener resultados es con constancia y regularidad.

Efectos de las Flores de Bach

Al iniciar un tratamiento con flores de Bach se pueden notar algunos efectosque, lejos de ser adversos, confirman el efecto del tratamiento. Estos son algunos síntomas:

  • El problema emocional que se quiere tratar puede manifestarse más severamente los primeros días de tratamiento.
  • La persona tratada puede manifestar cambios de humor, llanto, risa, euforia o algún tipo de desarreglo emocional los primeros días de tratamiento.
  • Tendencia a la introspección.

Estos efectos manifiestan el inicio de lo que los terapeutas florales llaman catarsis, o limpieza emocional del paciente. Los terapeutas recomiendan intentar sobrellevar los primeros días de tratamiento aunque estos síntomas aparezcan, aunque, si se hacen insoportables, se puede disminuir la dosis o cambiar la mezcla que se haya elaborado, ya que también cabe la posibilidad de que no sea la más acertada.

 

Fuente: http://www.vidanaturalia.com

 

La dignidad humana

A continuación dejamos un pequeño resumen sobre el tema La dignidad humana, que al igual que otras actividades del mes de mayo, están dedicadas a los valores.

Aquello en las personas que no se puede medir, quizás sea porque pertenezca a lo más profundo del ser humano, como la dignidad.

Sin embargo, si no entendemos en su completura este tipo de elementos, no los podemos identificar en nosotros mismos. Por eso, la filosofía se ha preocupado por estos temas tratando de encontrar una idea acabada que sirviera a todo el ser humano.

Sobre la dignidad hay diferentes posturas: negar que existe; relacionarlo solo con lo que nos es afín o con los derechos humanos, como por ejemplo una vivienda digna, un trabajo digno, etc, que evidentemente son necesarios.

Kant, Schiller, Platón y otros dicen que la dignidad no depende de lo externo, ni tanto de lo necesario para vivir, sino que es propia del ser humano. Algo que el ser humano conquista y nadie se la puede quitar, pero del mismo modo nadie se la puede dar, sino que es como un regalo que se hace a sí mismo y se refleja en el exterior.

La palabra dignidad procede del latín dignus, lo valioso, lo válido…o sea lo más valioso del ser humano. Antiguos filósofos y culturas hablan de que el ser humano está formado por una parte más material y otra más sutil y atemporal. Por tanto la dignidad, sería lo que nos acerca a lo atemporal viviendo de acuerdo a los dictámenes de esa parte más espiritual.

Lo más digno es aquello más valioso en el ser humano. Algunos dicen que es la razón. De hecho, la palabra humano contiene en ella el sustantivo man (hombre en inglés) cuya raíz significa el que piensa. El poder pensar, reflexionar sobre conceptos transcendentes, proyectarnos hacia el futuro, etc, esa capacidad es propia del ser humano.

Conocernos a nosotros mismos nos acerca a la dignidad. Hay que plantearse que podemos ser mejores de lo que somos actualmente. Quizás haya que plantearse que estamos en construcción y eso nos ayuda a buscar la dignidad porque va a hacer que encontremos en nosotros elementos que aun tenemos que explotar, por ejemplo, nuestros valores, las fortalezas, el amor, la inteligencia, la voluntad…que pertenecen a esa parte atemporal del ser humano.

La parte más material del ser humano también tiene valores:  el orden mental, la salud del cuerpo, el correcto uso de nuestra energía y que nuestros deseos no sean solo para nosotros, sino que también deseemos lo bueno para los demás.

Lo que también nos puede dar dignidad es que nuestra vida tenga un sentido aparte de lo que haga falta para subsistir. Pero perdemos dignidad con la ignorancia. La ignorancia es no tener visión de lo verdadero, de lo real. La opinión es coger parte de lo verdadero, de lo real y creer que se trata de la verdad completa.

También perdemos dignidad con el miedo; la falsa dignidad cuando se confunde con honores, medallas y cargos o aplausos externos; la vanidad; y la indiferencia que crea máscaras o barreras haciendo creer que no nos afectan las cosas, lo que lleva a la apatía.

Acompañan a la dignidad, la integridad, la unión, la coherencia y la honestidad que busca la veracidad en lo que hacemos y lo que nos rodea. La dignidad es ser responsable de nuestras propias decisiones.

Tres frases se encontraban escritas en el oráculo de Delfos: nada en demasía, conócete a ti mismo, sé digno.

El teatro iniciático o mistérico II

….Porque ese momento no consistía en enterarse de un argumento nuevo, sino vivirlo con la conciencia de que el universo es cíclico como lo es toda nuestra vida. Una vez al año una obra que repetía los mismos acontecimientos ponía al hombre en contacto con esa repetición de toda la naturaleza, con los grandes héroes, con los grandes personajes, con los grandes dioses.

 

Estilos

Cuando se habla del teatro griego se puede hablar de tres grandes estilos: tragedia, drama y comedia. La tragedia es la que más se acercará a lo que llamamos teatro iniciático; el destino y los dioses regían por completo el acontecer de los hombres que eran como muñecos llevados, en su ignorancia y en su ceguera, hacia un punto del cual no podían alejarse; eran llevados por una fuerza tremenda, la de la tragedia, la del destino, es la enorme voluntad de los dioses que se impone sobre la voluntad de los hombres.

En el drama se atempera un poco esta situación y hay un juego intermedio entre la voluntad de los dioses y la de los hombres, que se hacen más seguros de sí mismos, más dueños de su destino, y tienen la posibilidad del esfuerzo y de la redención. Sufren, pero ya no están ciegos.

La comedia muestra un aspecto más lúdico de la existencia. Los hombres se ríen los unos de los otros. Los dioses también se burlan de los hombres, pero generosa y paternalmente, como si les hiciera gracia ver los esfuerzos humanos por conseguir algo y la torpeza con que actúan para conseguirlo. El destino ya no actúa con tanta dureza sobre los hombres, porque ellos tampoco alteran de una manera demasiado decidida las leyes de la Naturaleza. Son hombres-niños que ya han perdido el contacto con lo mistérico, con lo iniciático, y juegan un poco a vivir; los hombres se ríen y por eso también se ríen los dioses.

Lo importante del teatro iniciático es que, a un nivel u otro, al nivel profundo de la tragedia o al nivel más sencillo de la comedia, siempre ha ofrecido algo, una iniciación, una enseñanza, una apertura. Muy profundo, muy cerrado era entonces el verdadero teatro iniciático, en el cual sólo los sacerdotes comprendían lo que decían, qué hacían, cuándo lo decían y cómo lo decían.

En un segundo nivel podemos hablar de un teatro para pensar y para purificarse, puesto que todo lo que acontecía en la escena era también lo que acontecía en los seres; y eso obligaba a meditar, y aunque se sufría, había una manera de purificarse, porque la resolución del teatro era también la propia resolución del hombre y porque los finales, si es que se puede hablar de un final en la vida y en el teatro, eran también esos finales que había que poner a cada una de las situaciones humanas. Y si hablamos de un teatro más sencillo, más popular, era también una forma de acercar al pueblo a unas realidades que de otra manera se le habrían escapado, y mostrarle que detrás de un telón pasan muchas cosas que no siempre se ven, y que cuando cae, si no somos capaces de abrir nuestros propios ojos, difícilmente vamos a poder ver aquellas otras realidades superiores.

El autor

El que escribe, ¿puede ser un autor cualquiera? Evidentemente hay una enorme diferencia entre aquellos autores de la gloriosa época clásica, de la tragedia griega, y los autores que pueden escribir hoy una obra de teatro, aunque siempre hay excepciones. Cuando Esquilo escribía teatro, se sobrecogía, y no faltan los biógrafos que dicen que sólo escribía cuando estaba animado por el impulso de Dionisos. Tanto penetró en los misterios que, según algunos relatos y tradiciones, murió de una manera extraña, como si los mismos colegios sacerdotales hubieran decidido silenciarlo, porque ya su inspiración era tan grande y su capacidad de percibir los misterios profundos era tan elevada, que era imposible reproducirlos en obras teatrales: la mayoría del público estaría incapacitado para entender lo que se le estaba proporcionando.

Así que del autor nos quedaremos con una idea: la inspiración. Sin inspiración, sin contacto con una idea o con un arquetipo, no puede haber una obra de arte ni una obra de teatro.

El espectador

El espectador no está simplemente sentado en los graderíos de piedra. Cuando empezaron a hacerse los grandes teatros, la gente empezaba a ver una obra al amanecer y terminaba a la tarde, con algunos intermedios, pero en realidad no estaba en el asiento, estaba en la escena, estaba en los personajes y, como decía Aristóteles, el público se transportaba a otro mundo a través del temor y de la compasión. No era un temor cualquiera, no era sentir miedo; era ver a través de los personajes, sentir el temor de lo que podía suceder si en nuestra ignorancia quebrantábamos las leyes inmutables de la naturaleza, saber cuál era su respuesta cuando el ser humano no se avenía a aquello que constituye el orden universal. Y ese temor hacía que los espectadores se sintieran mucho más conscientes de su obligación, y experimentaran compasión ante el gran personaje, ante el que sufre con mucha más altura que uno mismo. Una compasión sagrada al compartir el sentimiento, porque todos los personajes, desde los dioses hasta los hombres, estaban sometidos a situaciones difíciles, a grandes elecciones, a lo que más atormenta a los seres humanos: tener que elegir entre una y otra cosa, entre lo humano y lo divino. Ello hacía que el espectador sintiera compasión por el personaje y por sí mismo y era así como se purificaban y era así como se producía esa fantástica catarsis.

El actor

El actor era el que vivía realmente el teatro iniciático. Para él estaba realmente hecho ese personaje que cambiaba de vestimenta varias veces a lo largo de una obra, que cambiaba de voz, de máscaras, que de pronto era hombre, de pronto era mujer, anciano y niño; ese actor era el que sentía cuán pasajeras son las situaciones de la vida, lo rápido que se viene, lo rápido que se va, lo que significa haber nacido, lo que significa morir, la poca diferencia que hay entre ser hombre y mujer, entre estar en el escenario o detrás del escenario. Era el actor el que vivía muchas vidas en pocas horas, el que pasaba a través de muchísimos momentos, a través de larguísimas etapas de la historia en pocos minutos. Para él estaba hecho el teatro iniciático si era verdaderamente un actor.

Ante esto, podemos decir que hoy contamos con artilugios, con teatros muy perfectos con todo tipo de elementos técnicos como para producir las más variadas experiencias en los espectadores; pero falta el espíritu en el actor y en el espectador, y si el actor asume el espíritu del personaje al que representa, no siempre tiene la capacidad de transmitirlo al que está más allá del escenario.

Por otra parte, ¡se han tergiversado tanto los argumentos! Hoy podemos ver en el teatro escenas de la vida cotidiana donde prevalecen los intereses diarios y donde tenemos que ver cómo unos le sacan los ojos a otros y cómo unos destrozan a otros al igual que lo vemos simplemente leyendo un periódico. Participamos en conjunto de ese liberarnos de pesos interiores, pero no abrimos ninguna puerta ni nos iniciamos en nada porque el teatro iniciático, tal como se concebía en la Antigüedad, era totalmente pedagógico; lo que intentaba era enseñar, transformar. Repitiendo las palabras del profesor Livraga, que dedicó uno de sus libros a la tragedia griega, ese teatro iniciático nunca fue una farsa: fue la realidad misma sin tiempo y sin espacio. En nuestra realidad diaria estamos sometidos a un espacio físico y a un tiempo que nos comprime y que nos obliga a hacer equis cosas en equis minutos, pero en ese teatro, en ese maravilloso teatro de enseñanza, hay una realidad absoluta donde no importa qué espacio ocupamos ni cuánto tiempo nos lleva. Lo importante es lo que aprendemos y lo que recogemos, la experiencia viva que nos llevamos.

Lo que pretendía el teatro iniciático era que sin necesidad de pasar cada una de las circunstancias de la vida y cada una de sus experiencias, se saliera de cada representación un poco más rico de lo que se había entrado, rico como ser humano, rico en comprensión, en evolución. No se puede decir que verdaderamente el teatro iniciático rompa las barreras del tiempo y del espacio. No se puede hablar de volver atrás; no hay atrás, no hay antes. Lo que propondríamos es una recuperación de raíces, de elementos sagrados, a tal punto de hacer otra vez un teatro de la vida, un teatro para vivir, donde los seres humanos nos sintamos mágicamente desdoblados, en parte espectadores, en parte actores, y poder recuperar así el sentido de nuestra propia identidad como nos cuentan que hicieron aquellos hombres que nos precedieron.

Conclusión

¿De dónde venimos, quiénes somos y hacia dónde nos dirigimos? Sería el sentido profundo del teatro iniciático.

Tendría que cerrarse algo, y a cambio algo tendría que abrirse dentro de cada uno de los espectadores. Nosotros, que no tenemos aquel teatro, tenemos en cambio la necesidad imperiosa de transmitir unas ideas que correspondieron a la Humanidad de siempre, que es también la de hoy y puede ser la de mañana.

¿Por qué no pensar que entre nosotros están aquellos que estén dispuestos a recuperar el teatro para aprender a vivir, para enseñar a vivir? Porque siempre seguiremos actuando y presenciando el infinito, el inacabable teatro de la vida, el verdadero teatro iniciático.

 

Medicina natural, fuente de salud

 

La medicina natural se aproxima a la filosofía reconociendo la influencia de la mente y de las emociones en los procesos del organismo físico.

Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, la Medicina es la ciencia y el arte de precaver y curar las enfermedades.

El gran médico y alquimista del Renacimiento, Paracelso, opinaba que la Medicina es mucho más un arte que una ciencia. No consiste en componer píldoras, emplastos y drogas de toda clase, sino que se trata de los procesos de la vida, que deben ser entendidos antes de poder ser manejados. Una voluntad poderosa puede curar donde una voluntad vacilante va al fracaso. El carácter del médico puede obrar en el paciente de un modo más eficaz que todas las drogas empleadas.

Así como la física cuántica que, superando la visión mecanicista del mundo derivada del pensamiento de Descartes y de Newton, se aproxima actualmente a los físicos presocráticos y a las antiguas teorías filosóficas chinas, demostrando que las partículas no son granos de materia aislados, sino interconexiones en un tejido cósmico inseparable que no excluye a la conciencia humana, así la Medicina Natural se aproxima a la Filosofía, reconociendo la influencia de la mente y de las emociones en los procesos del organismo físico. Según Paracelso el amor es capaz de hacer por sí mismo lo mismo que cualquier hierba medicinal. Todo lo que crece en la naturaleza terrestre puede aportarlo igualmente el poder de la creencia…El poder de la creencia puede, también, producir cualquier enfermedad…

Normas para una buena salud natural

1 – Respirar aire puro,

2 – Comer sólo productos naturales,

3 – Ser sobrios constantemente,

4 – Beber sólo agua natural,

5 – Tener suma limpieza en todo,

6 – Dominar las pasiones,

7 – No estar jamás ociosos,

8 – Descansar y dormir sólo lo necesario,

9 – Vestir con holgura,

10- Cultivar todas las virtudes procurando estar siempre alegres.

Bases de la medicina filosófica

La Medicina Natural o Ciencia de la Salud, que nació con el hombre y fue practicada por los sacerdotes egipcios y caldeos así como por los filósofos de la antigüedad, se fundamenta en las inmutables Leyes de la Naturaleza, reconociendo que la primera de las leyes naturales es la de evolución o progreso, tanto en el orden físico como en el intelectual y el espiritual, pues nadie, por muy materialista que sea, puede negar que en el hombre, además del organismo físico, hay algo metafísico.

Dejando obrar o ayudando a la ley de la evolución, habremos cumplido con todas las Leyes Naturales, porque a la primera están subordinadas todas las demás.

Mencionamos algunas de las principales:

Ley o principio del Mentalismo.

Este principio indica la verdadera naturaleza de la energía, de la fuerza y de la materia, y el cómo y el por qué todas éstas están subordinadas al dominio de la mente. El cerebro humano es un potencial de energía, y la energía vital, entre muchas virtudes, también tiene las terapéuticas o curativas. Por lo tanto, en algunas enfermedades, disfunciones y afecciones podemos curarnos. Esta fuerza curativa la podemos despertar y activar mediante el pensamiento, transmitiéndolo con fuerte convicción a las micro-mentalidades celulares dañadas, a fín de que recobren su normalidad y se restablezca la salud.

La Ley del Amor.

Principal aliada de la ley de la evolución, pues une a las cosas y las mantiene, permitiendo que la vida se produzca y ayudando a todo lo viviente a adquirir cotas más elevadas de perfección. Ya Paracelso hablaba de ella cuando decía que era imposible curar a un enfermo sin antes sentir algún aprecio por él.

Ley del Movimiento o Vibración.

Todo en la Naturaleza vibra; la vida es movimiento, la inercia es muerte. Así todo aquello que favorezca una superior vibración de la energía vital es positivo para la salud, pues cumple con la ley universal de movimiento o vibración.

Ley de Analogía o Correspondencia.

En todos los aspectos de la vida rigen las mismas leyes naturales. Así, los sistemas planetarios son de análoga constitución a los átomos químicos. La misma ley de ramificación rige el curso de los ríos, la corriente sanguínea y nerviosa, la de las ramas de los árboles.

Análogamente existen siete sonidos, siete colores, etc. En materia de salud el consabido axioma mente sana en cuerpo sano, cumple esta Ley favoreciendo la salud física aquellos pensamientos positivos albergados en la mente e influyendo en el pensamiento el grado de energía vital del organismo.

Ley de Causa y Efecto.

La casualidad no existe y el destino ciego tampoco.

En el campo de la mecánica se formula así: la reacción es igual y contraria a la reacción. Asimismo, en biología vemos que la aplicación de agua fría en el organismo produce una reacción contraria -de calor- destinada a restablecer el equilibrio, que es siempre la finalidad de esta ley. En el plano intelectual y en el moral se cumple con la misma maravillosa exactitud. Esta equitativa ley es la justicia de la Naturaleza.

Existen otras leyes naturales, como por ejemplo la ley de la polaridad: todo lo manifestado tiene dos polos opuestos manifestados -día y noche, vida y muerte- como factores contrarios que no pueden existir separados; o la ley de ciclicidad por la cual las enfermedades tienen su ciclo que termina en salud o muerte. Pero todas ellas, como apuntábamos al principio, se resuelven en la ley de evolución: todo lo que existe lleva inmanente la tendencia y fuerza para convertirse en algo superior. Según este axioma todo lo que favorezca a la evolución moral y médicamente bueno será positivo para alcanzar la salud.

La enfermedad como camino

Todo dolor es un aviso de la Naturaleza para que efectuemos una toma de conciencia del desequilibrio en el cual nos hallamos. Por consiguiente, la enfermedad es un esfuerzo útil. Si abortamos este esfuerzo útil haremos un mal, por cuanto interrumpimos la evolución o la dificultamos.

Con este concepto útil y defensivo de la enfermedad, que data de Hipócrates, se comprenderá que no existe más terapéutica útil que la natural. Es decir, aquella que encauza el esfuerzo morboso para alcanzar la salud. Cuando estalla una crisis aguda, debe respetarse la fiebre, la sed, la inapetencia, la diarrea, etc. Manteniéndolas dentro de límites no peligrosos, para que cumplan su finalidad utilitaria. Lo mismo cabe decir de las crisis emocionales transformadoras de la personalidad. No son las drogas (agentes paralizadores de síntomas útiles) las que han de intervenir en el tratamiento de un enfermo, sino aquellos excitantes naturales que mueven normalmente su delicada maquinaria. Por ejemplo, si se hace sudar a un enfermo, contaremos con el excitante natural del sudor: el calor, bien sea directo o provocado por aplicaciones frías, en lugar de con sustancias químicas más o menos tóxicas. Si de calmar a un neurótico se tratara, lejos de administrarle sedantes hipnóticos generadores de dependencias, le enseñaremos a relajarse, ayudando con infusiones naturales carentes de efectos secundarios.

El naturismo es capaz de renovar, porque deja evolucionar.

Claves de la terapéutica naturista

La armonía, la mesura y la proporción serán las tres virtudes que nos alejen de los extremismos peligrosos y nos ayuden a cumplir fielmente la ley de adaptación sobre la que también se levanta el pilar naturista. Las toxinas o sustancias morbosas no se eliminan más deprisa por darse más baños. El baño no saca sustancias extrañas, solamente estimula la energía individual, para que ésta, por su cuenta y según sus características, las elimine.

Otro extremo peligroso puede ser el paso brusco a un régimen vegetariano estricto sin respeto al consiguiente período de adaptación.

Por otra parte, la medicina natural, basándose en la máxima de que no hay enfermedades sino enfermos, sabe que un mismo mal es distinto en cada sujeto en quien se manifiesta y sus consecuencias son también distintas, buscando entonces las circunstancias individuales generales de tipo, temperamento, constitución, naturaleza, clase de vida, etc., como eficaces indicadores de la intensidad con que debemos utilizar los tratamientos naturales (la dietética, la hidroterapia, la heliaeroterapia, el ejercicio físico, la geoterapia, el masaje y la psicoterapia) con que contamos para corregir su estado de enfermedad.

Que tu alimento sea tu medicina

Y que tu medicina sea tu alimento si queremos completar la máxima hipocrática indicadora de la importancia que cobra la dieta en la conservación y restablecimiento de la salud, dentro del ámbito filosófico-natural en el que nos estamos moviendo. Y decimos filosófico, además de natural, porque es gracias a esa búsqueda de las causas pretendida por la filosofía como hallamos el eje sobre el cual gira nuestra normalidad, tal como ya Cervantes sabía al afirmar que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago.

Es importante que en nuestra minuta predominen los alimentos libres de toxinas y cargados de principios nutritivos, además de benefactoras energías solares (frutas y verduras), sobre los que por su naturaleza cadavérica albergan abundantes dosis de ácido úrico y demás venenos para el organismo (carnes y pescados), además de ser la principal causa del estreñimiento crónico (por su falta de celulosa) que padece nuestra civilización; no queremos dejar de referirnos a otros factores “alimenticios” más sutiles que junto con el ya expuesto contribuyen a impurificar la sangre, siendo esta sangre impura la que con su malnutrición deteriora los órganos más débiles del organismo provocando su dolencia. Estos factores a los que nos referimos son el aire impuro y la todavía más sutil influencia de la vibración de un mal pensamiento o de una tensa emoción generados en cualquier momento y especialmente a la hora de comer.

Natura Medicatrix

Es la naturaleza la que cura, y la propia energía vital del paciente la que en última instancia vence a la enfermedad. Es por tanto labor principal del médico no estorbar el proceso natural evolutivo y excitar mediante remedios naturales las fuerzas defensivas del enfermo, sin combatir de forma represiva los síntomas purificadores.

Como axioma preventivo, afirmamos que la salud no se obtiene en la consulta del médico ni en el mostrador del farmacéutico, sino con nuestros propios actos de cada día sometidos a la ley natural. De aquí que la propia voluntad del enfermo es el primer agente de salud.

Y es misión del médico saber tratar al enfermo desde cualquiera de los planos donde se origine su enfermedad, bien desde el plano físico, con la química natural biológica, desde el mental, mediante la voluntad e imaginación del enfermo, o desde el espiritual, mediante la virtud y la verdadera fe.

Orientándose la medicina natural o filosófica fundamentalmente hacia la prevención, no sólo es misión médica curar sino mantener la salud mediante una bien entendida higiene de acatamiento a la ley natural que nos libre de todas las enfermedades, así como iniciar en la naturología a los enfermos, pues se impone la necesidad de devolver a la misión del médico todo el carácter pedagógico-filosófico que debe tener.

 

Este artículo ha sido escrito por Isabel Pérez

La música y la salud

Determinados sonidos pueden provocar cambios en el metabolismo y la biosíntesis de los diversos procesos enzimáticos. Recientes investigaciones sobre musicoterapia confirman antiguos conocimientos sobre la influencia de la música en general, y de determinados instrumentos musicales para conseguir ciertos efectos en el cuerpo y en el alma humana.

C. Fregtman dice: «El sonido ejerce un impacto en nuestro organismo, y ciertamente se producen cambios químicos-eléctricos muy delicados. Sabemos que los dispositivos sustancio-energéticos del sistema nervioso encefálico de un individuo se relacionan con las combinaciones de elementos químicos productores de reacciones circuitales que alimentan una porción de la actividad cerebral y –en sentido inverso– recogen señales de respuesta y control muscular. Sabemos también que el sonido puede acelerar o retardar el movimiento de estas complejas sustancias» (1). Es decir, la música facilita la digestión, la respiración y la circulación sanguínea, mejora el rendimiento del corazón, provoca relajación muscular, y las más recientes investigaciones han descubierto que determinados sonidos pueden provocar cambios en el metabolismo y la biosíntesis de los diversos procesos enzimáticos, incluidos el ADN y ARN.

Que la música influye en el organismo y el comportamiento humano nadie lo pone ya en duda.

Todos sabemos que la música en la sala de espera del médico o del dentista produce un efecto tranquilizante; que el hilo musical en fábricas u oficinas donde se realizan trabajos mecánicos aumenta el rendimiento y disminuye la fatiga de los empleados; que el heavy metal aumenta los instintos agresivos, o que la música disco aumenta los jugos gástricos por la excitación nerviosa producida, lo que induce a consumir bebidas; o las últimas técnicas en musicoterapia, donde es la música la que se encarga de curar ciertas enfermedades.

No solamente influye la música en el hombre, sino también en los animales. Marciano, Estrabón, Plutarco y Clemente de Alejandría se extienden en consideraciones acerca del poder hipnótico que la música ejerce en la mayoría de ellos y en los vegetales.

Se ha comprobado por la física la influencia de los sonidos (vibraciones) sobre la materia «inerte», como puede ser la rotura de una copa veneciana que se quiebra a distancia por una vibración intensa al unísono perfecto con su diapasón sonoro; o esas notas enérgicas salidas de las cuerdas de un violín y que, mantenidas constantemente, pueden derribar un muro, cual se derrumba un puente de hierro cuando sus soportes se destemplan bajo el paso rítmico y uniformado de un ejército (recordemos el relato bíblico de las murallas de Jericó, derribadas al son de trompetas y cantos entonados rítmicamente).

En la Antigüedad se sabía y se utilizaba este tipo de poder que tenía el sonido y la música especial. Ahora bien, no toda la música produce los mismos efectos, sino que cada vibración tiene unas consecuencias, y así por ejemplo: Pseudo-Plutarco (2) dice que «la música es un arte visiblemente útil, particularmente en los peligros de la guerra. En estos, unos emplearon flautas, como los lacedemonios, entre quienes se tocaba con la flauta el aire llamado canto de castor, cuando avanzaban dispuestos a atacar a los enemigos. Otros hacían la marcha contra los adversarios al son de la lira; así se cuenta que los cretenses emplearon mucho tiempo esta práctica. Otros aun, y hasta nuestros días, mantienen el uso de las trompetas. Los argivos tocaban la flauta en la lucha de atletas de las fiestas llamadas entre ellos juegos Estenios…».

A este poder que tiene la música sobre los oyentes, los griegos le llamaron ethos. Las escalas musicales difieren esencialmente unas de otras, y quienes las escuchan son afectados de distinta manera por ellas.

Según Aristóteles, la música actuaba de distintas maneras sobre el ser humano, pudiendo:

a) Provocar un aumento de la actividad y llevar al hombre a realizar acciones heroicas, impulsivas o voluntariosas. Este poder de la música se reconocía como ethos praktikon (ethos práctico).

b) Estimular e intensificar la fuerza espiritual del hombre, desarrollando su firmeza moral. Este poder se llamaba ethos ethikon (ethos ético). El dórico, modo helenístico por excelencia, era empleado en melodías de carácter viril, grave y majestuoso, en los peanes a Apolo y en el género citarístico.

c) Las melodías que poseían un ethos threnodes (de threnos, canto plañidero) podían debilitar e, incluso, corroer el equilibrio moral. El modo lidio se consideraba apropiado para la música trágica y dolorosa, y era empleado en los cantos fúnebres.

d) Finalmente, una última posibilidad de la música era la de provocar un éxtasis momentáneo, reservado al ethos enthousiastikon. Este era el ethos propio de los ritos a Dionisos y conveniente a la música religiosa que debía acercar al hombre a la divinidad (3).

Muchos teóricos y músicos griegos vieron en la música no solo un poder de acción sobre el alma, sino, como ya hemos dicho, sobre la materia. Es conocida la imagen de Orfeo encantando a la naturaleza en pleno con el poder de su música, de Anfión construyendo milagrosamente los muros de Tebas con la música de su lira, que le fue entregada por Hermes; de Medea cediendo al influjo de un canto mágico mientras perseguía a Jasón, según cuenta Píndaro; de Platón hablando de los cantos que hacen someter a leones, serpientes y otros animales…

Muchos autores del siglo pasado no lograron entender cómo era posible que los tetracordios pudiesen provocar reacciones emocionales tan variadas, por la simple razón de poseer el semitono en distinto lugar. Si no fuese por las autorizadas citas de Platón, Aristóteles y otros teóricos, se hubieran reído del concepto de ethos, como lo hicieron en su momento muchos críticos griegos (4).

Pero la musicología fue demostrando que había que tener en cuenta otros elementos, además del arreglo de tonos y semitonos característicos de los modos, como es el ritmo, la velocidad, el género y la altura absoluta.

Según Tolomeo, «una misma melodía posee un efecto activo y vivificante en el registro agudo, y otro depresivo en el grave», y aclara además que los registros medios cercanos al dórico provocan emociones estables, los agudos próximos al mixolidido, sensaciones agitadas, y los graves, cerca del hipodórico, debilitan y relajan el alma (5).

Pero no solamente en Grecia conocían el poder mágico que tenían los sonidos; los emperadores de China se vieron obligados a crear una Oficina Gubernamental de Pesas y Medidas, encargada de buscar la altura correcta de los (6) y reglamentar la música empleada en las ceremonias, ya que para los teóricos chinos de la Antigüedad, la música no era un símbolo abstracto. Determinadas alturas representaban situaciones mágicas. Por eso no veían en el sonido una melodía en potencia sino un poder en acción. Cada nota tenía un valor intrínseco, independiente de su relación con otros sonidos. Por esta razón cada del sistema musical chino estaba asociado a distintos elementos, estaciones o emociones.

También en la India hallamos múltiples leyendas sobre el poder de la música. Cuentan que el emperador Akbar había ordenado cantar el raga (7) Dipaka al cantante Nayuk-Gopal. Este raga tenía el poder de quemar vivo a quien lo ejecutara. Para eludir las consecuencias del mismo, Gopal se introdujo en un río, pero el efecto del raga fue tan poderoso que no pudo escapar a su destino.

Los ragas nagavardi y punagatodi eran considerados como los más adecuados para atraer a las serpientes. Krishna era capaz de encantar a toda la naturaleza con su flauta, como lo haría en Grecia Orfeo y Apolo con la lira.

Mario Roso de Luna (8) nos cuenta que esta influencia de la música puede afectar en algunos casos tanto a animales como a los hombres indistintamente: «El aria suiza Le ranz de vaches, toque montañés que se emplea para reunir los rebaños dispersos por la tempestad, ejercía tal influencia en los reclutas suizos, excitándoles de modo tan irresistible al llanto desesperado, a la deserción y al suicidio por la nostalgia del ausente país natal, que hubo necesidad de prohibirla severamente en el ejército francés, para evitar verdaderas epidemias de psicopatía colectiva”. Análoga cosa ocurre con la gaita gallega, la dulzaina pastoril valenciana, la guitarra andaluza, etc.

Es más o menos conocido por todos que David, según la Biblia, tocaba la cítara en presencia del rey Saúl para calmar sus crisis de melancolía; que Pitágoras curaba a sus discípulos enfermos cantando; Homero cuenta cómo Ulises calma sus heridas sangrantes a través de cantos; que Asclepíades, hace veinte siglos, para aliviarse de la ciática tocaba una trompeta, y su prolongado sonido hacía vibrar las fibras nerviosas, produciendo la cesación del dolor; o que Teofrasto, sucesor y continuador de Aristóteles en el escuela peripatética, escribió que «los músicos-médicos aplican la música contra el desmayo, la angustia, desarreglos en el sueño, dolor de caderas, ciática, molestias del estómago, dolor de cabeza, mordedura de víboras…».

¿Cómo explicar estas curaciones? No olvidemos que numerosas enfermedades son efecto de una perturbación del sistema nervioso, en particular del simpático, y que este «desarreglo» es debido, probablemente, a una alteración en la vibración de estos nervios. También en los antiguos templos de China, la India y el Tíbet, la práctica de la música con fines terapéuticos era una ciencia altamente desarrollada, basada en la convicción de que las vibraciones producidas por los tonos musicales son semejantes a aquellas que crean verdaderamente el mundo físico, y que emanan de fuerzas espirituales.

Por otro lado, estos médico-sacerdotes sabían que cada instrumento musical tenía un efecto determinado sobre el cuerpo humano, y aun sobre cada órgano en particular, de forma que las flautas (como también lo afirma Demóstenes) estaban especialmente prescritas para curar enfermedades del hígado, las campanas para el pulmón, los tambores para el riñón, etc. Así, grupos de monjes soplaban en sus instrumentos de viento y tocaban en tambores un sonido determinado, semanas enteras, sin interrupción alguna, para hacer vibrar este o aquel nervio, hasta que al final, a través de ese sonido constante, el sistema nervioso se tranquilizaba o volvía a su estado de armonía y el enfermo sanaba.

Asimismo, cultivaron los egipcios el arte musical y conocieron los secretos de la armonía y su influencia en el ánimo, por lo que en las casas de salud de los templos se empleaba la música para la curación de ciertas enfermedades.

Todo esto ha conducido a que investigadores actuales como el Dr. Dower digan que el la y el si bemol son eficaces contra la tuberculosis, y el do sostenido y el mi contra el cáncer.

Dejando atrás la Antigüedad nos trasladamos a las más actuales técnicas en musicoterapia y, dentro de ella, su innovadora modalidad «activa» (la pasiva es cuando el paciente escucha música), es decir, cuando el paciente toca él mismo determinados instrumentos, especialmente tambores, xilófonos o flautas, con lo que se facilita una descarga de sentimientos reprimidos sin necesidad de razonar el problema.

Notas:

1. El tao de la música, pág. 88

2. Obras morales y de costumbre, pág. 391

3. Música tribal, oriental y de las antiguas culturas del Mediterráneo, pág. 115

4. Aunque otros, como el P. Ulloa en su Música universal (1717), nos da un precioso tratado acerca de las modalidades del ethos en sus relaciones fisiológicas con el hígado, órgano de lo psíquico.

5. Tolomeo, Harmoniques 2:7:58, citado en Sachs (1943:249).

6. Esta palabra significa principio, origen, ley, medida, regla, etc. Por extensión, los chinos dieron el nombre de a los tubos que permiten escuchar los doce sonidos de la escala.

7. Son modos musicales en número de ocho y cada uno de ellos tiene varios modos menores que, a su vez, tienen varias armonías.

8. Wagner, mitólogo y ocultista, pág. 52

Este artículo ha sido escrito por E. F. MARTÍNEZ

Actividades octubre 2017

De vuelta al cole!!! Después del verano volvemos a abrir nuestras puertas. 

 

En Octubre celebraremos el mes filosófico, ¡no te lo pierdas!

 

 

Viernes 6 a las 19:30, charla-coloquio; entrada libre

 

Viernes 13 y 27, a las 19:00, taller de remedios naturales

Precio 6€/taller; gratuito para socios

 

Miércoles 18 a las 19:00, clase gratuita; entrada libre

 

Miércoles 18 a las 20:00, presentación curso de filosofía; entrada libre

 

Jueves 19 a las 19:00, clase gratuita; entrada libre

 

Jueves 19 a las 20:00, presentación curso de filosofía; entrada libre

 

Viernes 20 a las 19:00, clase gratuita; entrada libre

 

Viernes 20 a las 20:00, presentación curso de filosofía; entrada libre

 

Sábado 21 a las 10:30, presentación y primera clase de escritura creativa

Presentación, entrada libre; precio taller 20€/mes

 

Miércoles 25 a las 19:00, clase gratuita; entrada libre

 

Miércoles 25 a las 20:00, presentación curso de filosofía; entrada libre

 

Jueves 26 a las 19:00, clase gratuita; entrada libre

 

Jueves 26 a las 20:00, presentación curso de filosofía; entrada libre

 

Viernes 27 a las 19:00, CONVERSA GANDIA; entrada libre

Actividad realizada por Jóvenes Filósofos de La Safor; se llevará a cabo en el Centre Associatiu Joan Climent situado en la plaça Simancas

 

Sábado 28 a las 20:30, filo-cine; entrada libre

Se proyectarán escenas de películas que contengan enseñanzas que giren sobre el tema del cambio. Con cena de sobaquillo

 

El salmo de la vida

¡Ah!  ¡No!  No me digáis con voz doliente
que la vida es un sueño,
que el alma muere donde el cuerpo acaba,
que es nuestro fin incierto.

Nueva Acrópolis - VidaPolvo que vuelve al polvo es la sentencia
funesta para el cuerpo;
pero el alma, que es luz, en luminosa
región busca su cetro.

Placeres y amarguras no son sólo
de la existencia objeto;
la vida es acción viva, afán perenne;
la vida es lucha, es duelo.

La obra del tiempo es lenta, y el tiempo huye
rápido como el viento;
y el corazón, la marcha del combate
sigue siempre batiendo.

¡Alerta! En la batalla de la vida
reposar un momento
es torpe cobardía… la victoria
es hija del esfuerzo.

Da un adiós al pasado, y del mañana
no te ofusque el destello:
pon la esperanza en Dios, en Dios tan sólo,
y lucha con denuedo.

La historia nos lo dice: la constancia,
el valor y el talento
engrandece al hombre. ¡Fe y audacia!
También grande seremos.

Y más tarde quien sabe si otro hermano
al cual agobie el peso
del infortunio, ¡revivir se sienta
siguiendo nuestro ejemplo!

Trabajar es luchar. ¡A la obra, a la obra,
sin desmayar, obreros!
Grabemos esta máxima en el alma:
Trabajar y… esperemos.

Henry W. Longfellow
(Traducción de Ricardo Palma)