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La adversidad

No debe de ser tan mala la adversidad cuando no cesamos de encontrar frases respecto a ella, donde se la presenta como una oportunidad, que vista desde la serenidad que se precisa en los malos momentos, nos ayuda a crecer y mejorar.

La adversidad tiene el don de despertar talentos que en la comodidad hubieran permanecido dormidos, nos dice el poeta Horacio. La adversidad nos pone a prueba, porque claro, que remedio cuando estamos en medio de una situación difícil que solucionarla. En ese acto de solucionar nuestros problemas hacemos uso de recursos que de otro modo no harían falta: el ingenio, el coraje, las famosas fuerzas de flaqueza, la perseverancia, etc.

En ese superar la adversidad, es muy necesaria la serenidad para comprender todos los aspectos del problema, del entorno y nosotros mismos antes de atacarlo.

Únete a nuestra charla gratuita «Fortaleza y serenidad ante la adversidad» este viernes 16 de octubre al as 19:00h por Zoom.

ID de reunión: 827 2249 3624, código de acceso: 077016

Pseudo Dionisio y el trascender

 

Porque hace poco estuve hablando sobre Plotino con unas amigas decidí buscar información sobre cómo trascender o relacionados con este tema. Anteriormente en este blog, ya colgué un artículo con extractos de Plotino.

Ahora os dejo extractos de la Teologia Mística de Pseudo Dionisio Areopagita que recuerdan alguna de las enseñanzas del filósofo egipcio.

Pseudo Dionisio fue un teólogo bizantino del que existen pocos datos históricos que apareció entre los siglos V y VI dC. De fuerte inspiración neoplatónica, sus obras influyeron grandemente en la escolástica medieval.

Su legado nos ha llegado en forma de cuatro tratados. Los párrafos inferiores corresponden su tratado De mystica Theologia.

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«Esto pido, …/…, entregado por completo a la contemplación mística. Renuncia a los sentidos, a las operaciones intelectuales, a todo lo sensible y a lo inteligible. Despójate de todas las cosas que son y aún de las que no son. Deja de lado tu entender y esfuérzate por subir lo más que puedas hasta unirte con aquel que está más allá de todo ser y de todo saber. Porque por el libre, absoluto y puro apartamiento de ti mismo y de todas las cosas, arrojándolo todo y del todo, serás elevado espiritualmente hasta el divino Rayo de tinieblas de la divina Supraesencia.”

Teología Mística, I.1

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“Entonces, es cuando libre el espíritu, y despojado de todo cuanto ve y es visto, penetra (…) en las misteriosas Tinieblas del no-saber. Allí, renunciando a todo lo que pueda la mente concebir, abismado totalmente en lo que no percibe ni comprende, se abandona por completo en aquel que está más allá de todo ser. Allí, sin pertenecerse a sí mismo ni a nadie, renunciando a todo conocimiento, queda unido por lo más noble de su ser con Aquel que escapa a todo conocimiento. Por lo mismo que nada conoce, entiende sobre toda inteligencia.”

Teología Mística, I.3

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“¡Ojalá podamos también nosotros penetrar en esta más que luminosa oscuridad! ¡Renunciemos a toda visión y conocimiento para ver y conocer lo invisible e incognoscible: a Aquel que está más allá de toda visión y conocimiento!

Porque ésta es la visión y conocimiento verdaderos: y por el hecho mismo de abandonar todo cuanto existe se celebra lo sobreesencial en modo sobreesencial. Así como los escultores esculpen las estatuas, quitando todo aquello que a modo de envoltura impide ver claramente la forma encubierta. Basta este simple despojo para que se manifieste la oculta y genuina belleza.

Conviene, pues, a mi entender, alabar la negación de modo muy diferente a la afirmación. Afirmar es ir poniendo cosas a partir de los principios, bajando por los medios y llegar hasta los últimos extremos. Por la negación, en cambio, es ir quitándolas desde los últimos extremos y subir a los principios. Quitamos todo aquello que impide conocer desnudamente al Incognoscible, conocido solamente a través de las cosas que lo envuelven.

Miremos, por tanto, aquella tiniebla supraesencial que no dejan ver las luces de las cosas.”

Teología Mística, II

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El hecho es que cuanto más alto volamos menos palabras necesitamos, porque lo inteligible se presenta cada vez más simplificado. Por tanto, ahora, a medida que nos adentramos en aquella Tiniebla que hay más allá de la inteligencia, llegamos a quedarnos no sólo cortos en palabras, sino más aún, en perfecto silencio y sin pensar en nada.

Teología Mística, III

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«Decimos, pues, que la Causa universal está por encima de todo lo creado. No carece de esencia, ni de vida, ni de razón, ni de inteligencia. No tiene cuerpo, ni figura, ni cualidad, ni cantidad, ni peso. No está en ningún lugar. Ni la vista ni el tacto la perciben. Ni siente ni la alcanzan los sentidos. No sufre desorden ni perturbación procedente de pasiones terrenas. Que los acontecimientos sensibles no la esclavizan ni la reducen a la impotencia. No necesita luz. No experimenta mutación, ni corrupción, ni decaimiento. No se le añade ser, ni haber, ni cosa alguna que caiga bajo el dominio de los sentidos.”

Teología Mística, IV

 

Fuente: sophiaveda

La música y la salud

Determinados sonidos pueden provocar cambios en el metabolismo y la biosíntesis de los diversos procesos enzimáticos. Recientes investigaciones sobre musicoterapia confirman antiguos conocimientos sobre la influencia de la música en general, y de determinados instrumentos musicales para conseguir ciertos efectos en el cuerpo y en el alma humana.

C. Fregtman dice: «El sonido ejerce un impacto en nuestro organismo, y ciertamente se producen cambios químicos-eléctricos muy delicados. Sabemos que los dispositivos sustancio-energéticos del sistema nervioso encefálico de un individuo se relacionan con las combinaciones de elementos químicos productores de reacciones circuitales que alimentan una porción de la actividad cerebral y –en sentido inverso– recogen señales de respuesta y control muscular. Sabemos también que el sonido puede acelerar o retardar el movimiento de estas complejas sustancias» (1). Es decir, la música facilita la digestión, la respiración y la circulación sanguínea, mejora el rendimiento del corazón, provoca relajación muscular, y las más recientes investigaciones han descubierto que determinados sonidos pueden provocar cambios en el metabolismo y la biosíntesis de los diversos procesos enzimáticos, incluidos el ADN y ARN.

Que la música influye en el organismo y el comportamiento humano nadie lo pone ya en duda.

Todos sabemos que la música en la sala de espera del médico o del dentista produce un efecto tranquilizante; que el hilo musical en fábricas u oficinas donde se realizan trabajos mecánicos aumenta el rendimiento y disminuye la fatiga de los empleados; que el heavy metal aumenta los instintos agresivos, o que la música disco aumenta los jugos gástricos por la excitación nerviosa producida, lo que induce a consumir bebidas; o las últimas técnicas en musicoterapia, donde es la música la que se encarga de curar ciertas enfermedades.

No solamente influye la música en el hombre, sino también en los animales. Marciano, Estrabón, Plutarco y Clemente de Alejandría se extienden en consideraciones acerca del poder hipnótico que la música ejerce en la mayoría de ellos y en los vegetales.

Se ha comprobado por la física la influencia de los sonidos (vibraciones) sobre la materia «inerte», como puede ser la rotura de una copa veneciana que se quiebra a distancia por una vibración intensa al unísono perfecto con su diapasón sonoro; o esas notas enérgicas salidas de las cuerdas de un violín y que, mantenidas constantemente, pueden derribar un muro, cual se derrumba un puente de hierro cuando sus soportes se destemplan bajo el paso rítmico y uniformado de un ejército (recordemos el relato bíblico de las murallas de Jericó, derribadas al son de trompetas y cantos entonados rítmicamente).

En la Antigüedad se sabía y se utilizaba este tipo de poder que tenía el sonido y la música especial. Ahora bien, no toda la música produce los mismos efectos, sino que cada vibración tiene unas consecuencias, y así por ejemplo: Pseudo-Plutarco (2) dice que «la música es un arte visiblemente útil, particularmente en los peligros de la guerra. En estos, unos emplearon flautas, como los lacedemonios, entre quienes se tocaba con la flauta el aire llamado canto de castor, cuando avanzaban dispuestos a atacar a los enemigos. Otros hacían la marcha contra los adversarios al son de la lira; así se cuenta que los cretenses emplearon mucho tiempo esta práctica. Otros aun, y hasta nuestros días, mantienen el uso de las trompetas. Los argivos tocaban la flauta en la lucha de atletas de las fiestas llamadas entre ellos juegos Estenios…».

A este poder que tiene la música sobre los oyentes, los griegos le llamaron ethos. Las escalas musicales difieren esencialmente unas de otras, y quienes las escuchan son afectados de distinta manera por ellas.

Según Aristóteles, la música actuaba de distintas maneras sobre el ser humano, pudiendo:

a) Provocar un aumento de la actividad y llevar al hombre a realizar acciones heroicas, impulsivas o voluntariosas. Este poder de la música se reconocía como ethos praktikon (ethos práctico).

b) Estimular e intensificar la fuerza espiritual del hombre, desarrollando su firmeza moral. Este poder se llamaba ethos ethikon (ethos ético). El dórico, modo helenístico por excelencia, era empleado en melodías de carácter viril, grave y majestuoso, en los peanes a Apolo y en el género citarístico.

c) Las melodías que poseían un ethos threnodes (de threnos, canto plañidero) podían debilitar e, incluso, corroer el equilibrio moral. El modo lidio se consideraba apropiado para la música trágica y dolorosa, y era empleado en los cantos fúnebres.

d) Finalmente, una última posibilidad de la música era la de provocar un éxtasis momentáneo, reservado al ethos enthousiastikon. Este era el ethos propio de los ritos a Dionisos y conveniente a la música religiosa que debía acercar al hombre a la divinidad (3).

Muchos teóricos y músicos griegos vieron en la música no solo un poder de acción sobre el alma, sino, como ya hemos dicho, sobre la materia. Es conocida la imagen de Orfeo encantando a la naturaleza en pleno con el poder de su música, de Anfión construyendo milagrosamente los muros de Tebas con la música de su lira, que le fue entregada por Hermes; de Medea cediendo al influjo de un canto mágico mientras perseguía a Jasón, según cuenta Píndaro; de Platón hablando de los cantos que hacen someter a leones, serpientes y otros animales…

Muchos autores del siglo pasado no lograron entender cómo era posible que los tetracordios pudiesen provocar reacciones emocionales tan variadas, por la simple razón de poseer el semitono en distinto lugar. Si no fuese por las autorizadas citas de Platón, Aristóteles y otros teóricos, se hubieran reído del concepto de ethos, como lo hicieron en su momento muchos críticos griegos (4).

Pero la musicología fue demostrando que había que tener en cuenta otros elementos, además del arreglo de tonos y semitonos característicos de los modos, como es el ritmo, la velocidad, el género y la altura absoluta.

Según Tolomeo, «una misma melodía posee un efecto activo y vivificante en el registro agudo, y otro depresivo en el grave», y aclara además que los registros medios cercanos al dórico provocan emociones estables, los agudos próximos al mixolidido, sensaciones agitadas, y los graves, cerca del hipodórico, debilitan y relajan el alma (5).

Pero no solamente en Grecia conocían el poder mágico que tenían los sonidos; los emperadores de China se vieron obligados a crear una Oficina Gubernamental de Pesas y Medidas, encargada de buscar la altura correcta de los (6) y reglamentar la música empleada en las ceremonias, ya que para los teóricos chinos de la Antigüedad, la música no era un símbolo abstracto. Determinadas alturas representaban situaciones mágicas. Por eso no veían en el sonido una melodía en potencia sino un poder en acción. Cada nota tenía un valor intrínseco, independiente de su relación con otros sonidos. Por esta razón cada del sistema musical chino estaba asociado a distintos elementos, estaciones o emociones.

También en la India hallamos múltiples leyendas sobre el poder de la música. Cuentan que el emperador Akbar había ordenado cantar el raga (7) Dipaka al cantante Nayuk-Gopal. Este raga tenía el poder de quemar vivo a quien lo ejecutara. Para eludir las consecuencias del mismo, Gopal se introdujo en un río, pero el efecto del raga fue tan poderoso que no pudo escapar a su destino.

Los ragas nagavardi y punagatodi eran considerados como los más adecuados para atraer a las serpientes. Krishna era capaz de encantar a toda la naturaleza con su flauta, como lo haría en Grecia Orfeo y Apolo con la lira.

Mario Roso de Luna (8) nos cuenta que esta influencia de la música puede afectar en algunos casos tanto a animales como a los hombres indistintamente: «El aria suiza Le ranz de vaches, toque montañés que se emplea para reunir los rebaños dispersos por la tempestad, ejercía tal influencia en los reclutas suizos, excitándoles de modo tan irresistible al llanto desesperado, a la deserción y al suicidio por la nostalgia del ausente país natal, que hubo necesidad de prohibirla severamente en el ejército francés, para evitar verdaderas epidemias de psicopatía colectiva”. Análoga cosa ocurre con la gaita gallega, la dulzaina pastoril valenciana, la guitarra andaluza, etc.

Es más o menos conocido por todos que David, según la Biblia, tocaba la cítara en presencia del rey Saúl para calmar sus crisis de melancolía; que Pitágoras curaba a sus discípulos enfermos cantando; Homero cuenta cómo Ulises calma sus heridas sangrantes a través de cantos; que Asclepíades, hace veinte siglos, para aliviarse de la ciática tocaba una trompeta, y su prolongado sonido hacía vibrar las fibras nerviosas, produciendo la cesación del dolor; o que Teofrasto, sucesor y continuador de Aristóteles en el escuela peripatética, escribió que «los músicos-médicos aplican la música contra el desmayo, la angustia, desarreglos en el sueño, dolor de caderas, ciática, molestias del estómago, dolor de cabeza, mordedura de víboras…».

¿Cómo explicar estas curaciones? No olvidemos que numerosas enfermedades son efecto de una perturbación del sistema nervioso, en particular del simpático, y que este «desarreglo» es debido, probablemente, a una alteración en la vibración de estos nervios. También en los antiguos templos de China, la India y el Tíbet, la práctica de la música con fines terapéuticos era una ciencia altamente desarrollada, basada en la convicción de que las vibraciones producidas por los tonos musicales son semejantes a aquellas que crean verdaderamente el mundo físico, y que emanan de fuerzas espirituales.

Por otro lado, estos médico-sacerdotes sabían que cada instrumento musical tenía un efecto determinado sobre el cuerpo humano, y aun sobre cada órgano en particular, de forma que las flautas (como también lo afirma Demóstenes) estaban especialmente prescritas para curar enfermedades del hígado, las campanas para el pulmón, los tambores para el riñón, etc. Así, grupos de monjes soplaban en sus instrumentos de viento y tocaban en tambores un sonido determinado, semanas enteras, sin interrupción alguna, para hacer vibrar este o aquel nervio, hasta que al final, a través de ese sonido constante, el sistema nervioso se tranquilizaba o volvía a su estado de armonía y el enfermo sanaba.

Asimismo, cultivaron los egipcios el arte musical y conocieron los secretos de la armonía y su influencia en el ánimo, por lo que en las casas de salud de los templos se empleaba la música para la curación de ciertas enfermedades.

Todo esto ha conducido a que investigadores actuales como el Dr. Dower digan que el la y el si bemol son eficaces contra la tuberculosis, y el do sostenido y el mi contra el cáncer.

Dejando atrás la Antigüedad nos trasladamos a las más actuales técnicas en musicoterapia y, dentro de ella, su innovadora modalidad «activa» (la pasiva es cuando el paciente escucha música), es decir, cuando el paciente toca él mismo determinados instrumentos, especialmente tambores, xilófonos o flautas, con lo que se facilita una descarga de sentimientos reprimidos sin necesidad de razonar el problema.

Notas:

1. El tao de la música, pág. 88

2. Obras morales y de costumbre, pág. 391

3. Música tribal, oriental y de las antiguas culturas del Mediterráneo, pág. 115

4. Aunque otros, como el P. Ulloa en su Música universal (1717), nos da un precioso tratado acerca de las modalidades del ethos en sus relaciones fisiológicas con el hígado, órgano de lo psíquico.

5. Tolomeo, Harmoniques 2:7:58, citado en Sachs (1943:249).

6. Esta palabra significa principio, origen, ley, medida, regla, etc. Por extensión, los chinos dieron el nombre de a los tubos que permiten escuchar los doce sonidos de la escala.

7. Son modos musicales en número de ocho y cada uno de ellos tiene varios modos menores que, a su vez, tienen varias armonías.

8. Wagner, mitólogo y ocultista, pág. 52

Este artículo ha sido escrito por E. F. MARTÍNEZ

La música importa en la filosofía

«La música y el ritmo encuentran su camino en los lugares secretos del alma”. Platón

Cuando en una oportunidad le preguntaron al genio de Bonn, Ludwig Van Beethoven, qué era la música, él respondió: “La música es una revelación más alta que la ciencia o la Filosofía”. Siglos antes, Platón, el gran filósofo griego, decía que: “La música es un arte educativo por excelencia, se inserta en el alma y la forma en la virtud”. Es decir, son muchos y diferentes los conceptos que se tienen sobre la música, pero sabido es que este maravilloso arte fue sometido a una constante reflexión filosófica por grandes pensadores; lo que nos permite afirmar que la expresión musical se halla vinculada a la Filosofía desde sus inicios, ya que se trata de un arte que el hombre asoció con el origen del Universo.

Pitágoras, en el S. VI A.C.,  elaboró una concepción musical que le llevó a entender la escala musical como un elemento estructural del Cosmos; dándole a este arte una categoría a la vez científica y metafísica.

Muchos siglos después Robert Fludd, un importante físico, músico, alquimista y astrónomo inglés, basándose en las teorías pitagóricas sobre el origen de la música, dijo que ésta no fue una invención de los hombres, sino del Creador del mundo, quien hizo que los orbes celestes giraran en armonía, estableciendo la llamada “Armonía de las Esferas”; teoría que Pitágoras había defendido para demostrar que cada planeta producía una nota en el espacio y que todo en la música obedecía a un fundamento numérico. Pitágoras tenía la convicción de que el Cosmos y el alma estaban  ligados a las mismas proporciones numéricas de la armonía.

Pero no se piense que la Filosofía y la Música comenzaron a relacionarse en la Grecia clásica; pues el mismo Pitágoras formuló algunos de sus principios basándose en las anteriores doctrinas de los sacerdotes – músicos egipcios y de las escuelas mesopotámicas; quienes unieron música y pensamiento para crear un lenguaje capaz de comunicarse con los dioses; igual caso se da en el arte oriental, el filósofo chino Lu Chi (S. III – IV), indicó que el hombre sólo podía adentrarse en la Filosofía con la ayuda de la música y definió al ser “Como un sonido que surge del profundo silencio”.

Durante el Renacimiento, etapa en la que Galileo formuló numerosas teorías filosóficas– musicales, los pensadores hacían figurar la música como tema muy importante en sus investigaciones. Por otra parte el pensamiento platónico se mantenía vigente; Erasmo, admirador del filósofo griego, estaba convencido, como todo humanista, del valor ético de la música.

En el mundo moderno el filósofo latino Boecio decía que  “cualquiera que llega al fondo de sí mismo, sabe lo que es la música”; esta es una consideración filosófica, donde todo el conocimiento tiene un solo fin: la percepción clara del interior humano. Sin embargo en el transcurso del S.XVII y XVIII, la Filosofía y la Teoría Musical fueron separándose y sistematizándose.

En 1790 cuando Kant presentó la parte tercera de su “Crítica”, se convirtió en el primer filósofo moderno que concibió su teoría estética como parte integrante de un sistema filosófico. Su juicio le llevó a catalogar la música como forma y a entenderla como una expresión sublime de la razón; teoría en la cual se inspiró Schiller (autor de la “Oda a la Alegría”, que Beethoven incluyó en la parte coral de su Novena Sinfonía), mientras que Hegel en las primeras décadas del S. XIX tuvo la convicción de que lo material se espiritualiza en el arte y que por consiguiente el sonido se hace exaltación en la música.

El sentido indefinido de las formas musicales, su relación con los movimientos más recónditos del alma, llevaron a la música a una posición privilegiada no sólo entre las demás artes, sino también en los otros medios de conocimiento.

Después de estas reflexiones es posible que pueda entenderse mejor el mensaje de La Quinta, La Novena Sinfonía y la extraordinaria Misa Solemne de Beethoven, la Sinfonía Dante de Liszt, Así habló Zaratustra de R. Strauss, el Requiem de Mozart, La Creación de Haydn, La Pasión Según San Mateo de Bach,  El Mesías de Haendel, las óperas de Wagner y muchos otros monumentos musicales, fruto del pensamiento y el sentimiento que han dejado los grandes maestros.

Para concluir, podemos citar a Santo Tomás (S.XIII), quien dijo que la música es “la más noble de las ciencias humanas; cada uno debe procurar aprenderla con preferencia a las demás, ocupa el primer lugar entre las artes liberales”.

Extraído del blog Aztlan.

A quien desee la salud

A quien desee la salud, hay que preguntarle primero si está dispuesto a suprimir las causas de su enfermedad. Sólo entonces será posible ayudarle. (Hipócrates)

A quien desee salud mayo

EL ENFERMO ÁVIDO DE MEDICINAS

 

 

Entre los enfermos, la propaganda de la sobriedad sería inútil, pues gran número de pacientes se sienten fascinados por la abundancia en el recetar […]. En nuestros tiempos, la manía de los enfermos de ser desaforadamente recetados adquiere proporciones graves por las noticias que la prensa, la radio o algunos medios pseudo-científicos les dan de los medicamentos y de sus indicaciones. Antes de que el médico desenvaine su pluma para recetar, un señor cualquiera, o sobre todo, una señora, se adelanta a sugerirle la conveniencia de la penicilina o de cualquier otra droga, o a aconsejársela sin el menor rebozo. Otras veces la pregunta se refiere vagamente a si no sería útil “alguna medicina de América”, porque el dogmatismo actual, que tiene una faceta de americanismo pueblerino, ha alcanzado a los mismos pacientes.

 

América es hoy, además de una realidad maravillosa, un mito en la mente mágica de los enfermos o pseudo-enfermos. Yo admiro de todo corazón los progresos del gran pueblo al que el devenir de la civilización ha colocado en la primera línea de la ciencia: yo leo con afán las publicaciones que de allí vienen, y muchas veces me entusiasmo ante el espectáculo de su formidable capacidad creadora. Pero en esto como en todo, me siento más orgullosamente europeo que nunca, y lamento la difusión que entre nosotros ha alcanzado este mito, aldeano, de América, que a los propios americanos hace sonreír.

 

Este mito es, a veces, difícil de soslayar. Una de las señoras que todo lo saben, me consultó hace unos mese sobre una de esas astenias de verano que con lo que mejor se curan es con cloruro sódico, con sal común; pero me parecía inadecuado a su suficiencia recetarle un remedio que ni siquiera había que ir a comprar a la farmacia, porque lo tenía en un bote su cocinera. Salvé la dificultad diciéndole que era un nuevo medicamento americano que se llamaba Cl Na (es la fórmula química de cloruro sódico o sal común).

 

No hay que decir que, con esta interpretación cabalística y trasatlántica, mi amiga tomó la sal llena de fe, y se curó de sus molestias.

 

La medicina y nuestro tiempo; Madrid, Austral, 1954, Gregorio Marañón

 

LA LUNA  

La luna se puede tomar a cucharadas
o como una cápsula cada dos horas.
Es buena como hipnótico y sedante
y también alivia
a los que se han intoxicado de filosofía.
Un pedazo de luna en el bolsillo
es mejor amuleto que la pata de conejo:
sirve para encontrar a quien se ama,
para ser rico sin que lo sepa nadie
y para alejar a los médicos y las clínicas.
Se puede dar de postre a los niños
cuando no se han dormido,
y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos
ayudan a bien morir.

Pon una hoja tierna de la luna
debajo de tu almohada
y mirarás lo que quieras ver.
Lleva siempre un frasquito del aire de la luna
para cuando te ahogues,
y dale la llave de la luna
a los presos y a los desencantados.
Para los condenados a muerte
y para los condenados a vida
no hay mejor estimulante que la luna
en dosis precisas y controladas.

Jaime Sabines Gutiérrez

 

Alfabeto emocional

 

El Dr. Juan Hitzig estudió las características de algunos longevos saludables y concluyó que más allá de las características biológicas, el denominador común de todos ellos radicaba en sus conductas y actitudes

 

“Cada pensamiento genera una emoción y cada emoción moviliza un circuito hormonal que tendrá impacto en las 5 trillones de células que forman un organismo –explica–.

 

Las conductas “S”: serenidad, silencio, sabiduría, sabor, sexo, sueño, sonrisa, promueven secreción de Serotonina, mientras que las conductas “R”: resentimiento, rabia, rencor, reproche, resistencias, represión, facilitan la secreción de coRtisol, una hormona coRRosiva para las células, que acelera el envejecimiento

 

Las conductas “S” generan actitudes “A”: ánimo, amor, aprecio, amistad, acercamiento.

 

Las conductas “R” por el contrario generan actitudes “D”: depresión, desánimo, desesperación, desolación.

 

Con solo aprender este alfabeto emocional,  lograremos  vivir más tiempo y mejor, porque la “mala sangre” (mucho cortisol y poca serotonina) deterioran la salud, posibilitan la enfermedad y aceleran el envejecimiento. El buen humor, en cambio, es clave para la longevidad saludable.”

 

El Dr. Juan Hitzig es autor del libro “Cincuenta y tantos” Cuerpo y mente en forma aunque el tiempo siga pasando. En la página de Gerontología de la Universidad Maimónides se lee: No hay duda de que el ser humano vive cada vez más.

 

¿Cómo hacer para que esta longevidad no sea una acumulación de dolencias y enfermedades, sino una etapa vital, plena de experiencias y desarrollo personal?

 

Las ideas centrales de este libro se basan en investigaciones que demuestran que alrededor de los cincuenta años se encuentra el Punto de Inflexión Biológica que define en qué forma envejeceremos. Profesor de la Universidad Maimónides y reconocido gerontólogo dedicado a estudiar las causas de la longevidad saludable sostiene con humor que:

 

“El cerebro es un ‘músculo’ fácil de engañar; si sonríes cree que estás contenta y te hace sentir mejor”.

 

Explica que el pensamiento es un evento energético que transcurre en una realidad intangible pero que rápidamente se transforma en emoción (del griego emotion, movimiento), un movimiento de neuroquímica y hormonas que cuando es negativo hace colapsar a nuestro organismo físico en forma de malestar, enfermedades e incluso de muerte. Con los años, el Dr. Hitzig ha desarrollado un alfabeto emocional que conviene memorizar..

 

Algunas reflexiones más del Dr. Hitzig:

 

Presta atención a tus PENSAMIENTOS pues se harán PALABRAS.   alphabet-big

 

Presta atención a tus PALABRAS pues se harán ACTITUDES.

 

Presta atención a tus ACTITUDES porque se harán CONDUCTAS.

 

Presta atención a tus CONDUCTAS porque se harán CARACTER.

 

Presta atención a tu CARACTER porque se hará BIOLOGIA.

 

Practiquemos

 

Hace muchos años el poeta Rabindranath Tagore decía: “Si tiene remedio, ¿de qué te quejas? Y si no tiene remedio, ¿de qué te quejas?” Podría servirnos para aprender a dejar las quejas y los pensamientos negativos de lado y buscar en cada situación el aspecto positivo ya que hasta la peor de ellas lo tiene. De esa forma nos inundaría la SEROTONINA con todas sus eses, la sonrisa se nos grabaría en las mejillas y todo ello nos ayudaría a vivir mucho mejor ese montón de años que la ciencia nos ha agregado.

 

Porque, olvidaba escribirlo, el Dr. Hitzig ha comprobado con sus investigaciones que quienes envejecen bien son las personas ACTIVAS, SOCIABLES Y SONRIENTES.

 

Empecemos hoy practicando las eses frente al espejo para mejorar nuestro humor y cuidar nuestra salud. ¿Estás de acuerdo con el alfabeto emocional? ¿Qué abunda más en tu vida, R o S?

 

Suena lógico ¿verdad? Finalmente todo es cuestión de actitud.

 

Fuente: http://www.elmundodelasemociones.es