Archivo de etiquetas| música

Actividades enero y febrero 2021

Espejos y espejismos

Los espejos están presentes en la obra de Platón, a veces claros y pulidos, y a veces engañosos. Pero sobretodo como ejemplo del que busca la comprensión de las diversas facultades del alma; entonces aparecen de dos modos, como artefactos que se emplean para simular o engañar y que reflejan diferentes aspectos de nuestra vida animal y también, según la inclinación que les demos, como acceso a la sabiduría y a lo divino en nosotros.

El espejismo, es creer que la realidad se encuentra en aquello más material que reflejamos.

Espejo y espejismos (extracto)

Para atender esta charla entra en Zoom el viernes 29 a las 19:00h. Id de reunión 21 8618 6956, código de acceso 850036.

Taller de Filosofía aplicada

«Cuando por breves instantes logramos escaparnos de la rutina material del vivir con minúsculas, se abren nuestros ojos ante la inmensidad del Universo que sabemos incomprensible, pero que sin embargo no sentimos ajeno a nuestra condición de humanos. ¿Qué es lo primero que entonces nos llama la atención? El orden, la armonía inquebrantable con que todo se desenvuelve, los sonidos incansables con que los ciclos vuelven a aparecer una y otra vez… Eso es música» (Extracto del artículo La música, expresión del alma).

Esa música que nace desde la más profundo de nuestro ser la podemos expresar a través de llevar a cabo la aplicación de la filosofía.

Se trata de un taller de una clase a la semana.

Si deseas asistir a la presentación gratuita de este curso on-line, accede a Zoom el miércoles 3 de febrero a las 18:00h y decide:

ID de reunión: 815 6374 3468Código de acceso: 947672

Claves de la fortaleza interior y exterior

Este nuevo taller, que lleva por título Claves de la fortaleza interior y exterior, tratará, entre otros temas, sobre esta virtud, una de las cuatro virtudes platónicas. Se trata de la fortaleza, no solo de la física, sino de aquella engendrada en nuestro interior, la fuerza de la voluntad, que nos permite perseverar ante nuestras propias limitaciones y a las que imponga la sociedad.

Este es un taller de una clase a la semana. Puedes asistir a la presentación/primera clase gratuita para recibir más información y decidir seguir adelante con el taller.

Si estás interesado en el taller, accede a él a través de Zoom, el día 4 de febrero a las 18:00h.

ID de reunión: 857 5759 1547 Código de acceso: 647841 (Plataforma Zoom)

Actividades mayo 2018

En mayo, más actividades.
18 de mayo, Ecología doméstica, 20:00h, entrada libre
 Recetas, curiosidades y anécdotas sobre cómo limpiar y asear el hogar sin contaminar.
 25 de mayo, Derechos humanos y valores, 20:00h, entrada libre

Este es un diálogo abierto la mar de interesante, ¿conoces la Declaración Universal de los Derechos Humanos? Esos derechos, ¿sirvieron solo para un determinado momento o siguen siendo vigentes? ¿Crees que se aplican a todos los seres humanos? Y lo que es más, ¿crees que se cumplen?

Te planteamos estas y otras preguntas al respecto en nuestro diálogo sobre los derechos humanos.

No os perdáis nuestros talleres permanentes

Ejercicios para la salud transportando la energía vital.
Pilates…se puede asistir a un grupo o a ambos y participar los dos días.
Baile…salsa, merengue, bachata y lo que haga falta…¡vamos a bailar!
Taller de iniciación a la pintura. Se puede elegir modalidad.
Un nuevo modo de acercarnos a las artes escénicas.
Distintos remedios caseros y acercamiento a la naturopatía en un taller práctico y teórico.
Viernes 18 a las 19:00h
Consulta requisitos e infórmate sobre estos talleres enviando un mensaje a nuestra dirección de correo electrónico, por whatssap (644389373) o acercándoos a nuestro local.

La música y la salud

Determinados sonidos pueden provocar cambios en el metabolismo y la biosíntesis de los diversos procesos enzimáticos. Recientes investigaciones sobre musicoterapia confirman antiguos conocimientos sobre la influencia de la música en general, y de determinados instrumentos musicales para conseguir ciertos efectos en el cuerpo y en el alma humana.

C. Fregtman dice: «El sonido ejerce un impacto en nuestro organismo, y ciertamente se producen cambios químicos-eléctricos muy delicados. Sabemos que los dispositivos sustancio-energéticos del sistema nervioso encefálico de un individuo se relacionan con las combinaciones de elementos químicos productores de reacciones circuitales que alimentan una porción de la actividad cerebral y –en sentido inverso– recogen señales de respuesta y control muscular. Sabemos también que el sonido puede acelerar o retardar el movimiento de estas complejas sustancias» (1). Es decir, la música facilita la digestión, la respiración y la circulación sanguínea, mejora el rendimiento del corazón, provoca relajación muscular, y las más recientes investigaciones han descubierto que determinados sonidos pueden provocar cambios en el metabolismo y la biosíntesis de los diversos procesos enzimáticos, incluidos el ADN y ARN.

Que la música influye en el organismo y el comportamiento humano nadie lo pone ya en duda.

Todos sabemos que la música en la sala de espera del médico o del dentista produce un efecto tranquilizante; que el hilo musical en fábricas u oficinas donde se realizan trabajos mecánicos aumenta el rendimiento y disminuye la fatiga de los empleados; que el heavy metal aumenta los instintos agresivos, o que la música disco aumenta los jugos gástricos por la excitación nerviosa producida, lo que induce a consumir bebidas; o las últimas técnicas en musicoterapia, donde es la música la que se encarga de curar ciertas enfermedades.

No solamente influye la música en el hombre, sino también en los animales. Marciano, Estrabón, Plutarco y Clemente de Alejandría se extienden en consideraciones acerca del poder hipnótico que la música ejerce en la mayoría de ellos y en los vegetales.

Se ha comprobado por la física la influencia de los sonidos (vibraciones) sobre la materia «inerte», como puede ser la rotura de una copa veneciana que se quiebra a distancia por una vibración intensa al unísono perfecto con su diapasón sonoro; o esas notas enérgicas salidas de las cuerdas de un violín y que, mantenidas constantemente, pueden derribar un muro, cual se derrumba un puente de hierro cuando sus soportes se destemplan bajo el paso rítmico y uniformado de un ejército (recordemos el relato bíblico de las murallas de Jericó, derribadas al son de trompetas y cantos entonados rítmicamente).

En la Antigüedad se sabía y se utilizaba este tipo de poder que tenía el sonido y la música especial. Ahora bien, no toda la música produce los mismos efectos, sino que cada vibración tiene unas consecuencias, y así por ejemplo: Pseudo-Plutarco (2) dice que «la música es un arte visiblemente útil, particularmente en los peligros de la guerra. En estos, unos emplearon flautas, como los lacedemonios, entre quienes se tocaba con la flauta el aire llamado canto de castor, cuando avanzaban dispuestos a atacar a los enemigos. Otros hacían la marcha contra los adversarios al son de la lira; así se cuenta que los cretenses emplearon mucho tiempo esta práctica. Otros aun, y hasta nuestros días, mantienen el uso de las trompetas. Los argivos tocaban la flauta en la lucha de atletas de las fiestas llamadas entre ellos juegos Estenios…».

A este poder que tiene la música sobre los oyentes, los griegos le llamaron ethos. Las escalas musicales difieren esencialmente unas de otras, y quienes las escuchan son afectados de distinta manera por ellas.

Según Aristóteles, la música actuaba de distintas maneras sobre el ser humano, pudiendo:

a) Provocar un aumento de la actividad y llevar al hombre a realizar acciones heroicas, impulsivas o voluntariosas. Este poder de la música se reconocía como ethos praktikon (ethos práctico).

b) Estimular e intensificar la fuerza espiritual del hombre, desarrollando su firmeza moral. Este poder se llamaba ethos ethikon (ethos ético). El dórico, modo helenístico por excelencia, era empleado en melodías de carácter viril, grave y majestuoso, en los peanes a Apolo y en el género citarístico.

c) Las melodías que poseían un ethos threnodes (de threnos, canto plañidero) podían debilitar e, incluso, corroer el equilibrio moral. El modo lidio se consideraba apropiado para la música trágica y dolorosa, y era empleado en los cantos fúnebres.

d) Finalmente, una última posibilidad de la música era la de provocar un éxtasis momentáneo, reservado al ethos enthousiastikon. Este era el ethos propio de los ritos a Dionisos y conveniente a la música religiosa que debía acercar al hombre a la divinidad (3).

Muchos teóricos y músicos griegos vieron en la música no solo un poder de acción sobre el alma, sino, como ya hemos dicho, sobre la materia. Es conocida la imagen de Orfeo encantando a la naturaleza en pleno con el poder de su música, de Anfión construyendo milagrosamente los muros de Tebas con la música de su lira, que le fue entregada por Hermes; de Medea cediendo al influjo de un canto mágico mientras perseguía a Jasón, según cuenta Píndaro; de Platón hablando de los cantos que hacen someter a leones, serpientes y otros animales…

Muchos autores del siglo pasado no lograron entender cómo era posible que los tetracordios pudiesen provocar reacciones emocionales tan variadas, por la simple razón de poseer el semitono en distinto lugar. Si no fuese por las autorizadas citas de Platón, Aristóteles y otros teóricos, se hubieran reído del concepto de ethos, como lo hicieron en su momento muchos críticos griegos (4).

Pero la musicología fue demostrando que había que tener en cuenta otros elementos, además del arreglo de tonos y semitonos característicos de los modos, como es el ritmo, la velocidad, el género y la altura absoluta.

Según Tolomeo, «una misma melodía posee un efecto activo y vivificante en el registro agudo, y otro depresivo en el grave», y aclara además que los registros medios cercanos al dórico provocan emociones estables, los agudos próximos al mixolidido, sensaciones agitadas, y los graves, cerca del hipodórico, debilitan y relajan el alma (5).

Pero no solamente en Grecia conocían el poder mágico que tenían los sonidos; los emperadores de China se vieron obligados a crear una Oficina Gubernamental de Pesas y Medidas, encargada de buscar la altura correcta de los (6) y reglamentar la música empleada en las ceremonias, ya que para los teóricos chinos de la Antigüedad, la música no era un símbolo abstracto. Determinadas alturas representaban situaciones mágicas. Por eso no veían en el sonido una melodía en potencia sino un poder en acción. Cada nota tenía un valor intrínseco, independiente de su relación con otros sonidos. Por esta razón cada del sistema musical chino estaba asociado a distintos elementos, estaciones o emociones.

También en la India hallamos múltiples leyendas sobre el poder de la música. Cuentan que el emperador Akbar había ordenado cantar el raga (7) Dipaka al cantante Nayuk-Gopal. Este raga tenía el poder de quemar vivo a quien lo ejecutara. Para eludir las consecuencias del mismo, Gopal se introdujo en un río, pero el efecto del raga fue tan poderoso que no pudo escapar a su destino.

Los ragas nagavardi y punagatodi eran considerados como los más adecuados para atraer a las serpientes. Krishna era capaz de encantar a toda la naturaleza con su flauta, como lo haría en Grecia Orfeo y Apolo con la lira.

Mario Roso de Luna (8) nos cuenta que esta influencia de la música puede afectar en algunos casos tanto a animales como a los hombres indistintamente: «El aria suiza Le ranz de vaches, toque montañés que se emplea para reunir los rebaños dispersos por la tempestad, ejercía tal influencia en los reclutas suizos, excitándoles de modo tan irresistible al llanto desesperado, a la deserción y al suicidio por la nostalgia del ausente país natal, que hubo necesidad de prohibirla severamente en el ejército francés, para evitar verdaderas epidemias de psicopatía colectiva”. Análoga cosa ocurre con la gaita gallega, la dulzaina pastoril valenciana, la guitarra andaluza, etc.

Es más o menos conocido por todos que David, según la Biblia, tocaba la cítara en presencia del rey Saúl para calmar sus crisis de melancolía; que Pitágoras curaba a sus discípulos enfermos cantando; Homero cuenta cómo Ulises calma sus heridas sangrantes a través de cantos; que Asclepíades, hace veinte siglos, para aliviarse de la ciática tocaba una trompeta, y su prolongado sonido hacía vibrar las fibras nerviosas, produciendo la cesación del dolor; o que Teofrasto, sucesor y continuador de Aristóteles en el escuela peripatética, escribió que «los músicos-médicos aplican la música contra el desmayo, la angustia, desarreglos en el sueño, dolor de caderas, ciática, molestias del estómago, dolor de cabeza, mordedura de víboras…».

¿Cómo explicar estas curaciones? No olvidemos que numerosas enfermedades son efecto de una perturbación del sistema nervioso, en particular del simpático, y que este «desarreglo» es debido, probablemente, a una alteración en la vibración de estos nervios. También en los antiguos templos de China, la India y el Tíbet, la práctica de la música con fines terapéuticos era una ciencia altamente desarrollada, basada en la convicción de que las vibraciones producidas por los tonos musicales son semejantes a aquellas que crean verdaderamente el mundo físico, y que emanan de fuerzas espirituales.

Por otro lado, estos médico-sacerdotes sabían que cada instrumento musical tenía un efecto determinado sobre el cuerpo humano, y aun sobre cada órgano en particular, de forma que las flautas (como también lo afirma Demóstenes) estaban especialmente prescritas para curar enfermedades del hígado, las campanas para el pulmón, los tambores para el riñón, etc. Así, grupos de monjes soplaban en sus instrumentos de viento y tocaban en tambores un sonido determinado, semanas enteras, sin interrupción alguna, para hacer vibrar este o aquel nervio, hasta que al final, a través de ese sonido constante, el sistema nervioso se tranquilizaba o volvía a su estado de armonía y el enfermo sanaba.

Asimismo, cultivaron los egipcios el arte musical y conocieron los secretos de la armonía y su influencia en el ánimo, por lo que en las casas de salud de los templos se empleaba la música para la curación de ciertas enfermedades.

Todo esto ha conducido a que investigadores actuales como el Dr. Dower digan que el la y el si bemol son eficaces contra la tuberculosis, y el do sostenido y el mi contra el cáncer.

Dejando atrás la Antigüedad nos trasladamos a las más actuales técnicas en musicoterapia y, dentro de ella, su innovadora modalidad «activa» (la pasiva es cuando el paciente escucha música), es decir, cuando el paciente toca él mismo determinados instrumentos, especialmente tambores, xilófonos o flautas, con lo que se facilita una descarga de sentimientos reprimidos sin necesidad de razonar el problema.

Notas:

1. El tao de la música, pág. 88

2. Obras morales y de costumbre, pág. 391

3. Música tribal, oriental y de las antiguas culturas del Mediterráneo, pág. 115

4. Aunque otros, como el P. Ulloa en su Música universal (1717), nos da un precioso tratado acerca de las modalidades del ethos en sus relaciones fisiológicas con el hígado, órgano de lo psíquico.

5. Tolomeo, Harmoniques 2:7:58, citado en Sachs (1943:249).

6. Esta palabra significa principio, origen, ley, medida, regla, etc. Por extensión, los chinos dieron el nombre de a los tubos que permiten escuchar los doce sonidos de la escala.

7. Son modos musicales en número de ocho y cada uno de ellos tiene varios modos menores que, a su vez, tienen varias armonías.

8. Wagner, mitólogo y ocultista, pág. 52

Este artículo ha sido escrito por E. F. MARTÍNEZ

La música importa en la filosofía

«La música y el ritmo encuentran su camino en los lugares secretos del alma”. Platón

Cuando en una oportunidad le preguntaron al genio de Bonn, Ludwig Van Beethoven, qué era la música, él respondió: “La música es una revelación más alta que la ciencia o la Filosofía”. Siglos antes, Platón, el gran filósofo griego, decía que: “La música es un arte educativo por excelencia, se inserta en el alma y la forma en la virtud”. Es decir, son muchos y diferentes los conceptos que se tienen sobre la música, pero sabido es que este maravilloso arte fue sometido a una constante reflexión filosófica por grandes pensadores; lo que nos permite afirmar que la expresión musical se halla vinculada a la Filosofía desde sus inicios, ya que se trata de un arte que el hombre asoció con el origen del Universo.

Pitágoras, en el S. VI A.C.,  elaboró una concepción musical que le llevó a entender la escala musical como un elemento estructural del Cosmos; dándole a este arte una categoría a la vez científica y metafísica.

Muchos siglos después Robert Fludd, un importante físico, músico, alquimista y astrónomo inglés, basándose en las teorías pitagóricas sobre el origen de la música, dijo que ésta no fue una invención de los hombres, sino del Creador del mundo, quien hizo que los orbes celestes giraran en armonía, estableciendo la llamada “Armonía de las Esferas”; teoría que Pitágoras había defendido para demostrar que cada planeta producía una nota en el espacio y que todo en la música obedecía a un fundamento numérico. Pitágoras tenía la convicción de que el Cosmos y el alma estaban  ligados a las mismas proporciones numéricas de la armonía.

Pero no se piense que la Filosofía y la Música comenzaron a relacionarse en la Grecia clásica; pues el mismo Pitágoras formuló algunos de sus principios basándose en las anteriores doctrinas de los sacerdotes – músicos egipcios y de las escuelas mesopotámicas; quienes unieron música y pensamiento para crear un lenguaje capaz de comunicarse con los dioses; igual caso se da en el arte oriental, el filósofo chino Lu Chi (S. III – IV), indicó que el hombre sólo podía adentrarse en la Filosofía con la ayuda de la música y definió al ser “Como un sonido que surge del profundo silencio”.

Durante el Renacimiento, etapa en la que Galileo formuló numerosas teorías filosóficas– musicales, los pensadores hacían figurar la música como tema muy importante en sus investigaciones. Por otra parte el pensamiento platónico se mantenía vigente; Erasmo, admirador del filósofo griego, estaba convencido, como todo humanista, del valor ético de la música.

En el mundo moderno el filósofo latino Boecio decía que  “cualquiera que llega al fondo de sí mismo, sabe lo que es la música”; esta es una consideración filosófica, donde todo el conocimiento tiene un solo fin: la percepción clara del interior humano. Sin embargo en el transcurso del S.XVII y XVIII, la Filosofía y la Teoría Musical fueron separándose y sistematizándose.

En 1790 cuando Kant presentó la parte tercera de su “Crítica”, se convirtió en el primer filósofo moderno que concibió su teoría estética como parte integrante de un sistema filosófico. Su juicio le llevó a catalogar la música como forma y a entenderla como una expresión sublime de la razón; teoría en la cual se inspiró Schiller (autor de la “Oda a la Alegría”, que Beethoven incluyó en la parte coral de su Novena Sinfonía), mientras que Hegel en las primeras décadas del S. XIX tuvo la convicción de que lo material se espiritualiza en el arte y que por consiguiente el sonido se hace exaltación en la música.

El sentido indefinido de las formas musicales, su relación con los movimientos más recónditos del alma, llevaron a la música a una posición privilegiada no sólo entre las demás artes, sino también en los otros medios de conocimiento.

Después de estas reflexiones es posible que pueda entenderse mejor el mensaje de La Quinta, La Novena Sinfonía y la extraordinaria Misa Solemne de Beethoven, la Sinfonía Dante de Liszt, Así habló Zaratustra de R. Strauss, el Requiem de Mozart, La Creación de Haydn, La Pasión Según San Mateo de Bach,  El Mesías de Haendel, las óperas de Wagner y muchos otros monumentos musicales, fruto del pensamiento y el sentimiento que han dejado los grandes maestros.

Para concluir, podemos citar a Santo Tomás (S.XIII), quien dijo que la música es “la más noble de las ciencias humanas; cada uno debe procurar aprenderla con preferencia a las demás, ocupa el primer lugar entre las artes liberales”.

Extraído del blog Aztlan.

Actividades octubre 2016

th-1Este mes de octubre acompáñanos en las siguientes actividades:

 

Todos los lunes de 18:00 a 19:00    cartell_chi kung

Chi  kung

10€/mes; gratuito para socios

 

Todos los martes de 10:00 a 11:00h

Grupo de mañana

Meditación

Precio 10€/mes; gratuito para socios

 

Todos los martes de 18:00 a 19:00h

Grupo de tarde

Meditación

Precio 10€/mes; gratuito para socios

 

 

Jueves 13 de octubre a las 20:00h             tertulia

Únete a nuestra tertulia como participante u oyente

La amistad filosófica

Entrada libre

 

Viernes 14 de octubre a las 20:00h

Ven a nuestra charla-coloquio

Beneficios físicos, psicológicos y mentales de la meditación

Entrada libre

 

Jueves 13 y 27 de octubre de 19:30 a 21:00

Ve a por la conquista de la armonía personal

Mousiké…música, poesía y movimiento

10€/mes; gratuito para socios

 

Jueves 20 y 27 de octubre a las 18:30h                  taller-egipto

Realizaremos un taller en el Foro de Convivencia Manuel Broseta

El legado cultural de Egipto

Entrada libre

 

Viernes 21 de octubre a las 20:00

Vamos a conocer más sobre le yoga en nuestra charla

Las múltiples facetas del yoga

Entrada libre

 

Viernes 28 de octubre a las 20:00h          

Sabremos para qué vale la filosofía en la conferencia

Qué es y para qué sirve la filosofía

Entrada libre

 

La música de las esferas

KEPLER Y LA ARMONÍA DE LOS CIELOS

kepler-spheres

Esta imagen ilustra uno de los temas centrales de la obra de Kepler     ‘Harmonices Mundi’ (Las armonías del mundo, 1619). Si el cosmos es obra de una Inteligencia Suprema, entonces nada en él puede ser resultado del azar. Todo debe tener un sentido, obedecer a una razón y ser comprensible para la inteligencia. Es necesario buscar ese orden inteligible que subyace tras la apariencia desordenada del mundo material. Este orden del cosmos es matemático: “Ubi materia, ibi geometria = Donde hay materia, hay geometría”.

Platón ya había sostenido en el Timeo que cada una de las cinco formas o impulsos fundamentales de energía-materia (espacio, aire, fuego, agua, tierra) tenía una estructura geométrica que se correspondía con los cinco poliedros regulares (dodecaedro, octaedro, tetraedro, icosaedro, cubo). La materia es en esencia geometría. Kepler, platónico hasta la médula, adapta este tema al movimiento de los astros.

Las órbitas de los planetas no pueden ser fruto del azar. Debe haber una proporción matemática entre ellas. No puede ser una casualidad que haya 6 planetas y, por tanto, 5 intervalos entre ellos. La semiesfera externa de la imagen representa la órbita de Saturno.  Dentro de ella se inscribe un cubo, y dentro de éste la órbita de Júpiter. Dentro de ésta órbita, se inscribe un tetraedro. Y dentro de éste, se inscribe la órbita de Marte. Dentro de ésta, se inscribe un dodecaedro. Dentro de éste, la órbita de la Tierra. Esta a su vez lleva inscrito el icosaedro. Este a su vez lleva inscrita la órbita de Venus. Esta lleva inscrito el octaedro, que a su vez contiene inscrita la órbita de Mercurio.]

Sólo había un pequeño problema, muy a su pesar la teoría nunca funcionó y tras haberle dedicado largas páginas, la abandona finalmente mostrando que es incompatible con las observaciones y las leyes del movimiento planetario.

Kepler retoma además una antigua idea de los pitagóricos y de Platón (República, 617b), ‘la música de las esferas celestes’ e intenta darle una compleja y esotérica forma matemática. Cada planeta al moverse alrededor del sol produce un tono musical y la frecuencia de dicho tono varía en función de la velocidad angular de los planetas con respecto al Sol. Algunos planetas producen notas musicales más constantes, por ejemplo, la Tierra solo varía un semitono en una proporción equivalente a la diferencia entre una nota mi y un fa entre su afelio (lejos del sol) y su perihelio (cerca del sol). Venus varía en un intervalo aún más reducido. La astronomía se combina con la música y con la astrología:

“La Tierra canta Mi, Fa, Mi: Puede deducirse de estas sílabas que la miseria y el hambre (fa-mine) reinan aún en nuestro mundo”.

Kepler_c

El resultado de todos estos movimientos ‘musicales’ de los planetas en los cielos es una polifonía cósmica inteligible, aunque no audible, con algunos tonos disonantes. Pero a medida que avanza la inmensidad del tiempo, los planetas tocan juntos en una concordancia cada vez más perfecta. La grandiosa sinfonía celeste evoluciona hacia la perfección, lo que quizás ya ocurrió en el momento de la creación. Incluso nuestro arte de cantar polifónicamente concordando muchas voces, afirma, es una imitación de esta música celestial cuyo autor es Dios.

La razón última del cosmos es, pues, la belleza. Dios no es sólo el gran matemático, es sobre todo el artista cósmico. Que un hombre al que le tocó vivir una época plagada de una violencia extrema y cuya biografía está tan llena de tragedias personales, encontrara dentro de sí mismo la serenidad y la sabiduría para elevarse por encima de todo y producir algunas de las ideas más hermosas de la historia de la astronomía, es sin duda un testimonio elocuente de la grandeza del espíritu humano.

Cita: “Mi admiración hacia Kepler se explica porque yo, como él, siento respeto y asombro ante la armonía enigmática de la Naturaleza en que nacimos”. (A. Einstein)