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Actividades Marzo

22 de marzo, viernes a las 19:00h

Presentación: Tradiciones filosóficas en la antigüedad

Introducimos nuestro curso de filosofía para todo aquel que esté interesado.

Entrada libre.

 

22 de marzo, viernes a las 19:30h

Charla: Gandhi…se tú el cambio que quieres ver en el mundo.

Analizaremos esta famosa frase del Maestro de la No violencia.

Entrada libre.

 

SEMANA FILOSÓFICA: FILOSOFÍA PARA SER FELIZ

26 de marzo, martes a las 19:30h

Clase: Enseñanzas del Bhagavad Gita

Se trata de un libro hindú que encierra muchos aspectos del ser humano que es interesante conocer.

Dentro de nuestra entrada filosófica. Entrada libre

 

27 de marzo, miércoles a las 19:30h

Clase: Buda y el dolor

El Buda nos legó un cúmulo de enseñanzas excepcional. Una de ellas gira en torno al dolor.

Dentro de nuestra semana filosófica. Entrada libre

 

28 de marzo, jueves a las 19:30h 

Clase: Confucio y el arte de convivir

Desde China, una lección para vivir en sociedad.

Dentro de nuestra semana filosófica. Entrada libre

 

 

29 de marzo, viernes a las 19:30h

Charla: Tài Ji y Huì Huà: Meditación en movimiento.

Traemos a Gandia un maestro del arte de la tinta china sobre papel de arroz que lleva años inmerso en la creación de obras cargadas energéticamente.

Nos hablará de la relación entre la pintura china a pincel con los movimientos del Taichi.

Entrada libre

 

TALLERS PERMANENTS

Todos los miércoles a las 19:30

Organitza: Gandia La Finestra Cultural, lafinestrafilosofica@gmail.com

Club de lectura: Lecturas compartidas.

Compartimos una afición, la lectura, leer y reflexionar.

Entrada libre.

En Gandia La Finestra Cultural, Calderón de la Barca 17, Gandia 46701, tel 665 666 72

 

Tots els dijous de 19:15h a 21:00h

Organitza: Gandia La Finestra Cultural, lafinestrafilosofica@gmail.com

Taller: Catarsis: Reclamación poética.

Un taller sobre poesía declamada con la posibilidad de participar en un recital poético si se desea.

Preu: 10€/mes; lliure per a socis

En Gandia La Finestra Cultural, Calderón de la Barca 17, Gandia 46701, tel 665 666 726

 

 

También en la antigua China hubo ciencia.

Mientras los griegos trabajaban las ideas que más tarde formarían la plataforma de lanzamiento para el desarrollo de la ciencia moderna, una gran civilización florecía en China a 10.000 kilómetros. Los griegos apenas la conocieron; de haber sabido algo más de ella, la valoración de su propia inteligencia hubiera sufrido una conmoción. En astronomía, literatura, pintura y alfarería, en tecnología militar y administración pública, los logros chinos igualaron a los griegos. En la fundición de hierro, ingeniería civil y agricultura, estaban muy por delante de ellos. En terrenos como la fabricación de seda y la caligrafía, ya habían perfeccionado artes y manufacturas de las que sus contemporáneos occidentales no tenían ni idea.

Si los filósofos griegos del siglo 1 a. C. hubieran podido ser transportados a China, se habrían asombrado al descubrir su nivel tecnológico: arados con partes completamente hechas de hierro, perforaciones profundas en busca de salmuera o gas natural, fabricación de acero a partir del hierro colado, producción en masa de ballestas y arneses, que permitían a los caballos arrastrar cargas extraordinarias. Sin embargo, se habrían sentido desconcertados por la ausencia de toda clase de especulación científica, que para ellos significaba el pan y la sal de la vida. Y seguro que se hubieran sorprendido del poco progreso en algunos campos –por ejemplo, la geometría–, puntos centrales en su pensamiento. Pero no les hubiera cabido ninguna duda de que se encontraban en presencia de una gran civilización.

Un gran científico chino

Zhang Heng (o Chang Heng) fue un ejemplo del tipo de científicos que era capaz de producir la antigua China. Nacido en Nanyang, en la China central, en el año 78 d. C., fue uno de esos genios increíblemente dotados que hacían que los comunes mortales se sintieran como si pertenecieran a una especie diferente. La amplitud de su talento nos trae a la mente a Leonardo da Vinci; pero, como científico, Zhang Heng era claramente superior a Leonardo. Fue uno de los cuatro grandes pintores de su época y produjo 20 famosas obras literarias. Y por encima de todo fue un astrónomo. Ejerció como astrónomo real bajo la dinastía Han, en el siglo 11 d. C., y trazó uno de los primeros grandes mapas estelares, rivalizando únicamente con el que creó Hiparco en el año 129 a. C., desconocido para Zhang. En este mapa situó las posiciones exactas de 2.500 estrellas y bautizó unas 320. Estimó que el cielo nocturno, del que sólo podía ver una parte, contenía 11.500 estrellas. Era un poco exagerado, incluso para un observador con buena vista, pero no fue una mala estimación. Explicó los eclipses lunares correctamente, argumentando que se producían cuando la Luna atravesaba la sombra de la Tierra, e imaginó la Tierra como una pequeña esfera suspendida en el espacio, rodeada por un inmenso y lejanísimo cielo esférico. Zhang Heng también fue un gran matemático, y mejoró anteriores estimaciones del valor de pi (la proporción de la circunferencia de un círculo con su diámetro) dándole un valor de 3,162 en vez de 3, lo que lo acercó al 3,142 aceptado hoy día.

El trabajo más famoso de Zhang Heng fue un detector de terremotos, que perfeccionó en el año 132 d. C., mil setecientos años antes del primer sismógrafo europeo. Zhang asombró a la corte imperial con este dispositivo, que podía detectar terremotos tan distantes que nadie cercano lo sentía siquiera.

Tenía forma de jarrón de bronce, al que se pegaron varias cabezas en bronce de dragones, cada una con una pelota también de bronce en su boca; alrededor del pie tenía varios sapos de bronce con las bocas abiertas. Si la máquina detectaba un temblor de tierra, una bola de bronce se soltaba automáticamente y caía en la boca de uno de los sapos. La posición del sapo en cuestión indicaba la dirección de la que procedía el temblor.  sismógrafo

En una famosa ocasión, una bola cayó sin que se observara un temblor perceptible; pero varios días después llegó un mensajero con noticias de un terremoto en Kansu, a 600 kilómetros de la corte y en la dirección indicada por la máquina. A pesar de la brillantez de sus creaciones, es erróneo acreditar a Zhang Heng con la invención del sismógrafo. Su máquina detectaba los terremotos, pero no los medía.

Fuente:

HISTORIAS CURIOSAS DE LA CIENCIA, CYRIL AYDON; ed. Swing

Movimiento y Continuidad

Movimiento

Nos creemos que todo aquello que está en movimiento, por lógica va a tener continuidad.

Pero el movimiento que conocemos puede llegar a producir cambios. Si el sujeto que se mueve cambia constantemente entonces pierde su continuidad pues en cada momento es algo diferente.

Si esto lo trasladamos a los seres humanos vemos que estamos siempre en pleno cambio. Nuestros estados emocionales nunca son los mismos; como dientes de sierra, podemos pasar de estar inmersos en la más infinita alegría a caer en un momento de absoluta tristeza, pasando por todos los rangos emocionales que hay entre ambos estados.

También nuestros niveles de vitalidad varían encontrándonos a veces pletóricos y rebosantes de energía mientras que otros días nos faltan fuerzas para realizar hasta el mínimo gesto.

Lo mismo observamos con nuestro cuerpo. Nuestro cuerpo cambia constantemente. Solo hace falta mirarnos al espejo para darnos cuenta. Incluso nuestro cuerpo internamente, a pesar de que está en incesante movimiento – la sangre fluye, el corazón late, los pulmones realizan su función de fuelles – también está en incesante cambio. El ejemplo que más conocemos es el de nuestras células que se reemplazan diariamente.

¿Y qué decir de nuestras ideas y pensamientos? Fluyen, van, vienen, hoy creo esto, mañana algo distinto, hoy me convence tal idea, a los dos días la desecho…Cuando intentamos acallar nuestra mente, al hacer meditación por ejemplo, nos asaltan ideas, pensamientos que intentamos rechazar, pero que sin embargo se “cuelan” en nuestra cabeza y notamos que la mente también está en movimiento y lo mucho que nos cuesta aquietarla. Pero lo curioso es que los pensamientos que nos asaltan pueden no estar relacionados unos con otros. Por asociación de ideas, la mente nos lleva de un lado para otro…

¿Y dónde está la continuidad?

La continuidad necesita de movimiento pero también de constancia, de duración en el tiempo. Pero vivimos en un mundo caduco, que sigue un ciclo de vida y muerte y por tanto, sí existe el movimiento pero no la continuidad real porque nada realmente dura. Todo desaparece o muere con el pasar del tiempo.

¿Dónde encontramos continuidad en el movimiento? En aquello perdurable, en aquello que sigue constante a través de los años y de los siglos, en aquello que por su cualidad de trascendental ha sobrevivido a los cambios históricos y de mentalidad que encontramos en este mundo material. En aquello que se nos aparece como siempre nuevo a pesar de que su origen se pierda en la antigüedad.

Encontramos que está en movimiento nuestra alma, la esencia de lo que realmente somos y su continuidad se basa en ser siempre la misma, única e inalterable.

Encontramos continuidad en los ideales elevados, en los valores humanos, en las virtudes, que también se mueven traspasando las barreras del tiempo pero que aún así siempre son válidos.

Encontramos continuidad entonces, mirando hacía arriba, alzando nuestros ojos hacía lo alto dirigiéndola hacía lo más elevado, alejando su mirada del mundo que nos rodea y nos engaña con cambios perpetuos que no nos permiten descubrir lo eterno en nosotros.

Porque nosotros también somos eternos, también estamos en movimiento y nuestra continuidad se encuentra en reconocer que somos un Alma, siempre la misma, única e inalterable.