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Flores de Bach, resumido


La teoría del Dr. Bach

El Dr. Bach era un médico de Gales, Gran Bretaña, que además de graduarse como médico en distintas especialidades, también trabajó como investigador y científico comprometido con una manera de curar a los pacientes respetuosa y benigna; algo de lo que se sentía cada vez más alejado con la medicina alopática y por lo que terminó acercándose a la homeopatía como terapia médica.

Fue precisamente durante su labor en un hospital homeopático de Londres que empezó a observar que algunos pacientes con determinadas patologías tenían ciertos rasgos personales y emocionales en común, de modo que decidió tratar, no solo la enfermedad del paciente, sino su personalidad. Fue entonces cuando empezó a experimentar con las esencias florales de plantas recogidas en Gales como tratamiento para resolver conflictos emocionales según la personalidad del paciente. En realidad, estaba convencido de que la mente ejerce un papel determinante en las enfermedades y de que, al solucionar las afecciones emocionales, los problemas de salud se resolvían de una manera más definitiva y eficaz.

De este modo consiguió, según sus investigaciones, reunir 38 remedios que son los que se utilizan en la actualidad y que conocemos como Flores de Bach.

 

Beneficios de las Flores de Bach

Las flores de Bachtienen múltiples aplicaciones:

  • Para resolver enfermedades que tienen un origen emocional, mental o psicosomático.
  • En los niños suelen ejercer un efecto más potente que en las personas adultas.
  • Las flores de Bach también se utilizan en animales y plantas (cuando se ven expuestas a cambios o condiciones adversas).

Las flores de Bach están indicadas en personas de cualquier edad o condición, sanas o enfermas y no se conocen contraindicaciones al tomar medicamentos u otras sustancias terapéuticas.

 

Qué flores tomar

A la hora de elegir las flores que vamos a tomar, podemos recurrir a un terapeuta especializado, o implicarnos investigando sobre los efectos de cada flor y elaborar nuestra propia mezcla. Para ello, es necesario revisar la lista de los 38 remedios y sus efectos.El Dr. Bach aconsejaba que no se tomasen más de siete flores en la mezcla de tratamiento, por lo que, si nos vemos reflejados en numerosos síntomas o aplicaciones de las distintas flores, lo mejor es priorizar y determinar qué problemas son los más importantes o con qué rasgos nos sentimos más identificados hasta completar las siete flores que conformarán nuestra mezcla. A continuación te mostramos una secuencia muy resumida de los efectos y aplicaciones de cada flor:

  • Agrimony: Ocultar preocupación tras una máscara de alegría.
  • Aspen: Miedo a lo sobrenatural y a la muerte.
  • Beech: Intolerancia, arrogancia, crítica desmedida.
  • Centaury: No saber decir “no”.
  • Cerato: Buscar la aprobación y consejo o aceptación de los demás.
  • Cherry Plum: Miedo a perder el control, ataques de terror, miedo a la locura.
  • Chestnut Bud: Incapacidad para corregir y aprender de los errores.
  • Chicory: Sobreprotección y dominación egoísta.
  • Clematis: Soñar en exceso sin vivir en la realidad.
  • Crab Apple: Terror a estar sucio, a contaminarse a ser impuro.
  • Elm: Exceso de responsabilidades, colapso.
  • Gentian: Pesimismo, depresión, flaqueza, desesperanza.
  • Gorse: Cuando se ha perdido la esperanza del todo.
  • Heather: Egocentrismo desmedido, cuando todo gira entorno a uno mismo.
  • Holly: Celos, envidia, rabia, odio, rencor.
  • Honeysuckle: Anclarse en el pasado sin vivir el presente.
  • Hornbeam: Agotamiento psicológico y físico.
  • Impatience: Impaciencia, soledad, ansiedad.
  • Larch: Baja autoestima, sentimiento de fracaso.
  • Mimulus: Miedo a las situaciones cotidianas y conocidas.
  • Mustard: Depresión sin razón aparente.
  • Oak: Personas obsesivas que trabajan incansablemente y luchan contra corriente. Agotamiento profundo.
  • Olive: Agotamiento por diversas causas físicas o mentales. Derrota.
  • Pine: Eceso de sentimiento de culpa.
  • Red Chestnut: Preocupación excesiva por los seres queridos.
  • Rock Rose: Ataques de ansiedad, pánico incontrolable, estados de angustia.
  • Rock Water: Personas perfeccionistas en exceso, rigidez, exceso de control.
  • Scleranthus: Incapacidad para elegir entre varias alternativas.
  • Star of Bethlehem: Conmoción física o emocional.
  • Sweet Chestnut: Cuando se llega al límite de la desesperación y la desesperanza. Cuando ya no se vislumbra la luz.
  • Vervain: Exceso de entusiasmo y euforia, fanatismo.
  • Vine: Personas dominadoras, inflexibles y tiranas.
  • Walnut: Terror a los cambios.
  • Water Violet: Orgullo, sentimiento de superioridad.
  • White Chestnut: Exceso de pensamientos y diálogo interno.
  • Wild Oat: Dudas ante el cometido en la vida, falta de metas y ambiciones.
  • Wild Rose: Apatía, falta de motivación, tristeza.
  • Willow: Victimismo, resentimiento.


Rescue Remedy

El Dr. Bach elaboró una mezcla estándar de cinco flores para utilizar en caso de duda o en caso de crisis de angustia, desesperanza, estados de shock o crisis nerviosas. Este remedio consta de cinco flores:

  • Rock Rose
  • Impatiens
  • Cherry Plum
  • Star of Bethlehem
  • Clematis

¿Cómo tomar las flores de bach?

Si vamos a realizar un tratamiento a base de flores de Bachy decidimos visitar a un terapeuta especializado, tomaremos la mezcla que nos indique, las cantidades que nos indique y siguiendo las pautas que nos indique.

Pero si vamos a implicarnos y tomar nuestro propio remedio, lo más importante en primer lugar es informarse abundantemente. Es decir, hacer una selección de buena literatura al respecto y comprobar todas las flores, sus efectos y sus aplicaciones.

A continuación, te explicamos, de manera general, algunas pautas para elaborar y tomar tu propia mezcla. Recuerda que esta información es orientativa y que si decides seguir esta opción debes informarte en profundidad. Esto es solo una aproximación para que te hagas una idea general:

  • Para elaborar la mezcla necesitarás un recipiente vacío de vidrio de 30ml con cuentagotas. Llénalo hasta los ¾ de agua mineral o depurada. Añade 3 gotas de cada flor que quieras utilizar (máximo 7). Por último añade unas gotas de Brandy para que el alcohol actúe de conservante.
  • Pon cuatro gotas debajo de la lengua, cuatro veces al día. No lo tragues inmediatamente, procura mantenerlo en la boca unos segundos.
  • Si tienes una crisis o un ataque pánico, ansiedad o cualquier otro malestar emocional, puedes tomar cuatro gotas adicionales cuando se de el caso.
  • Procura tomarlas siempre entre comidas.
  • La forma más efectiva de obtener resultados es con constancia y regularidad.

Efectos de las Flores de Bach

Al iniciar un tratamiento con flores de Bach se pueden notar algunos efectosque, lejos de ser adversos, confirman el efecto del tratamiento. Estos son algunos síntomas:

  • El problema emocional que se quiere tratar puede manifestarse más severamente los primeros días de tratamiento.
  • La persona tratada puede manifestar cambios de humor, llanto, risa, euforia o algún tipo de desarreglo emocional los primeros días de tratamiento.
  • Tendencia a la introspección.

Estos efectos manifiestan el inicio de lo que los terapeutas florales llaman catarsis, o limpieza emocional del paciente. Los terapeutas recomiendan intentar sobrellevar los primeros días de tratamiento aunque estos síntomas aparezcan, aunque, si se hacen insoportables, se puede disminuir la dosis o cambiar la mezcla que se haya elaborado, ya que también cabe la posibilidad de que no sea la más acertada.

 

Fuente: http://www.vidanaturalia.com

 

La ética en la medicina (II)

INCIPIT VITA NOVA

El Renacimiento constituyó un nuevo nacimiento de la cultura clásica griega y romana, así como una tentativa del pensamiento humano para escapar de los límites impuestos por la Iglesia y el Estado, a fin de poder experimentar, observar y deducir sin prejuicios ni dogmas, en concordancia la religión y las nuevas tendencias seculares.

Pese a que en 1750 aún domina la regla según la cual “el médico debía ser cristiano” y el primer acto oficial de los nuevos medios parisienses era una visita colectiva a la catedral de Notre Dame, donde prestaban juramento de defender la religión católica, es evidente que del siglo XV al XVIII se produce una secularización lenta, pero progresiva.

Aquí se da un paso hacia la moral filantrópica. Este fenómeno, asociado al poderío creciente del poder civil y a las transformaciones de la vida social, permite el desarrollo de una medicina legal y del derecho del médico, que conocerá mayores progresos en el siglo XIX. La codificación de las obligaciones profesionales y sanitarias plantea cuestiones de orden médico-legal y la aplicación de la deontología.

EL CÓDIGO DE PERCIVAL EN EL SIGLO XIX

A principios del siglo XIX aparece el Código de Percival, que constituye el primer código de la etapa moderna de la historia de la deontología médica.

La separación entre deberes religiosos y civiles, prudente al comienzo, volverá neta y decidida en los siglos XVIII y XIX. A partir de este momento aparecen dos comportamientos éticos dentro de la práctica médica: el médico religioso y el secular. Este último y su voluntad de dar un fundamento racional a la moral médica, suplantarán poco a poco a la medicina religiosa.

El proceso de secularización que pone en juicio ciertos aspectos de la existencia tendrá influencia sobre el mismo acto médico.

En 1803, T. Percival (Miembro del Manchester Royal Infirmary) edita su “Ética médica”. Explica de forma simple cómo debe comportarse el médico con sus colegas, y cómo, a través de unas normas puede mejorar la idea de servicio ofrecido al paciente y a la sociedad. En verdad, este código es una guía práctica para resolver problemas y situaciones concretas, tanto en el terreno hospitalario como en el privado; aborda igualmente la legislación y las relaciones con los farmacéuticos. El código ético de la American Medical Association, (1847), se inspira muchísimo en él.

EL SIGLO XX

El siglo XX vivirá un progreso técnico-científico, con unos problemas y situaciones que se convierten en otros tantos dilemas gra­ves desde el punto de vista ético, y que han sacudido una deontología médica carente de bases filosóficas y morales.

Como ejemplos, podemos citar:

* La enorme carga financiera de la asistencia médica, que recae sobre el enfermo o sobre la compañía aseguradora.

* La gran eficacia de algunos tratamientos actuales y el peligro evidente que esto representa.

* E1 riesgo y la precisión de ciertas técnicas exploratorias, como, por ejemplo, la psicoterapia y el diagnóstico de muerte real.

* E1 papel social de la medicina que desemboca en presiones diversas ejercidas por el Estado sobre el médico.

* E1 universalismo, porque los problemas ético-médicos desbordan los límite de la conciencia del médico y las fronteras entre países.

* E1 desarrollo en poco tiempo de la salud pública y de la higiene social, las conquistas de la bioestática, la complejidad de la medicina militar, la necesidad imperiosa de trabajar en equipo, el desarrollo de la medicina legal y de la experiencia médico-legal; la desaparición del médico en tanto que “dios social”, el fenómeno de la despersonalización del médico que hace que la confianza del paciente se vuelque mucho más sobre los medicamentos que sobre el médico que se los administra; el crecimiento de la crítica social hacia el acto médico…

* La colectivización de la medicina en ciertos países europeos, que conlleva sus peligros (independientemente de sus éxitos, como la eliminación de la discriminación en la asistencia médica), tales como la afluencia en masa de enfermos a los consultorios, la dificultad de las relaciones médico-paciente si este último no escoge el médico, la conversión del médico en funcionario, la necesidad de crecientes financieros para una buena asistencia médica, etc…

* E1 médico, que antaño era el único juez de su decisión, debe ahora aproximarse a su paciente, quien participa de todo el proceso de la enfermedad, del diagnóstico, e incluso de la decisión relativa a su propia muerte.

* Los extraordinarios progresos técnicos y científicos: la ingeniería genética, los trasplantes, los bancos de esperma, etc.

Hemos visto cómo los griegos supieron conjugar el interés hacia el desarrollo técnico y las normas éticas de la profesión. Es indis­pensable -y hoy más que nunca nos damos cuenta de ello- la existencia de un equilibrio perfecto entre la ética y la ciencia. “La ética no debe quedarse a la zaga del avance científico, sino que debe preceder a toda ciencia”.

El progreso científico y tecnológico, las posibilidades de acción sobre el enfermo y la de mantener la vida o de provocar la muerte, nos hacen más conscientes de la necesidad de unas normas éticas claras acerca de lo que es lícito o ilícito, acerca de los límites de nuestra libertad de acción. Esta necesidad se destaca más cuando, como ocurre en la actualidad, la ciencia y la técnica progresan más rápido que el establecimiento de una legislación apropiada, planteándose nuevos problemas inimaginables hace tan sólo algunos años. El especial trabajo del médico y su posibilidad de una influencia decisiva sobre el ser humano y la sociedad, han exigido siempre una elevada categoría moral que se apoye en códigos médicos y menos en leyes que reglamenten su conducta.

La segunda mitad del siglo XX dio nacimiento a unos códigos y declaraciones confeccionadas con objeto de responder a este requisito de normas claras en lo ético y moral. La ética, que durante un tiempo había sido relegada hasta lo ínfimo a causa del impulso irresistible de la tecnología, es más que nunca necesaria. Las muchas reuniones médicas nacionales e internacionales se han hecho eco de esta necesidad.

En la actualidad algunos consideran que el Juramento Hipocrático está desfasado, aunque ha sido difícil mejorarlo o reemplazarlo. La Declaración de Ginebra, que traduce en lenguaje moderno el trasfondo del juramento griego, ha sido adoptada por la O.M.S. en 1848. Y en 1949, la tercera Asamblea de la Asociación Médica Mundial ha adoptado su Código Internacional de Ética Médica, dividido en tres vertientes: los deberes de los médicos entre ellos, los deberes de los médicos en general y los deberes de los médicos hacia el paciente. Seguidamente vienen otras declaraciones que inciden sobre problemas nuevos de urgente consideración.

Estas son las principales:

-Declaración de Sydney (1968).

-Declaración de Oslo (1970).

-Declaración de Helsinki (1964).

-Declaración de Hawai (1954).

EL PROBLEMA DE LA INCERTIDUMBRE ÉTICA

Las declaraciones de Percival han resuelto algunos problemas éticos en nuestros días; sin embargo, en vista de la rapidez del pro­greso científico, son insuficientes. La avalancha de situaciones y de dilemas éticos derivados de las investigaciones de las últimas décadas, ha sorprendido al legislador que va con más lentitud. He aquí algunos ejemplos: secreto médico e información, práctica de la terapia de la hipnosis y de la sofrología, interrupción voluntaria del embarazo o el derecho a la vida, la investigación clínica, el per­juicio terapéutico, la ética y la industria farmacéutica, la mala práctica y la negligencia, la huelga de médicos y el sindicalismo, la ética en tiempos de guerra, la ética de la formación profesional, la inseminación artificial, la eutanasia, la informática y la deontología, la especialización, los bancos de órganos y esperma, la adopción prenatal, la inducción del sexo, la prospección genética o la búsqueda de grupos humanos de un tipo particular, la utilización de productos farmacológicos capaces de modificar el comportamiento humano, el eugenismo, la producción de microbios…

“En lugar de resolver problemas del mundo, la ambición científica a veces parece divertirse en crear otros nuevos”, nos dice Duellwe. Las últimas investigaciones han desbordado la máquina legislativa, de manera tal, lenta y pesada, que no existen leyes para encuadrarlas. “¿La ciencia se nos está escapando de las manos? “, se pregunta H. Componer. El hombre se encuentra en una peligrosa situación: como Prometeo, ha traído el fuego del cielo y este fuego puede hacerle mucho bien, pero puede destruirle igualmente.

Van Deusselaer nos habla del “conocimiento peligroso” y lo define como: “el conocimiento que se ha acumulado mucho más rápidamente que la sabiduría para utilizarlo”.

Hemos llegado a un punto en que se hace difícil juzgar si el pro­ceso científico y tecnológico es bueno o es malo. Se hace cada vez más marcado el divorcio entre el poder de la ciencia y los princi­pios que permiten aplicar la misma de una manera sensata.

Frente a estos problemas éticos, comprendemos que nuestra dificultad se debe a una falta del conocimiento adecuado de los factores profundos que rigen el proceso social e individual.

Aquellas religiones y filosofías que orientan con conciencia ética, nos llevan a preguntarnos si es posible la existencia de una ética médica universal o natural. Se trataría de una deontología respetuosa de la naturaleza humana y aceptada por todos los hombres de buena voluntad. Una Ética que pueda aplicarse a cualquier situación histórica y social.

El médico, debe poseer una claridad de espíritu suficiente como para dictarle su conducta y permitirle cumplir con su deber, evitándole la confusión y la incertidumbre éticas. Estos principios, como afirmaba Horacio: “permiten a la ciencia engendrar la virtud. ”

Cualquiera que sea el medio en el que ejerza el médico, su objetivo será siempre el mismo: ayudar al paciente. Los principios de la ética médica continuarán sirviéndole de guía para determinar lo que mejor conviene al paciente, a sí mismo y a su profesión”. (Dwight C. Wilbur, Asociación Médica Americana).

Debe haber pues, unas normas atemporales, unas responsabilidades concretas inherentes a la decencia médica, una expresión de ética constante, más allá de la situación socio-histórica.

La medicina es algo más que la conjugación de conocimientos y de actividades. La medicina es ciencia; es economía y política; es arte en el sentido hipocrático; es ética y religión: cuatro motores que la ponen en movimiento y le dan su auténtico valor. La deontología ha de reunir, en consecuencia, estos hitos esenciales para ser asimismo un valor atemporal.

Fuente: http://www.eticauniversal.net              Autor: Dr. Antonio Alzina

Miembro Fundador de la Sociedad Española de Laserterapia. Fundador y Director Internacional del Centro Seraphis de Nueva medicina

La ética en la medicina (I)

LA ÉTICA EN LA MEDICINA

La asistencia médica a los enfermos es un acto esencialmente humano con una dimensión ética. Un buscador en la deontología médica. P. Peiro, nos dice: “No se puede vivir sin una regla moral a la cual estén sometidas nuestras acciones”.

El médico en ejercicio deberá tomar decisiones que pueden llegar a influir sobre la libertad o la vida humana. Deberá resolver problemas que no dependen solamente de sus conocimientos científicos, sino de sus creencias y de sus convicciones humanistas. La conciencia de nuestros propios límites, el respeto por la dignidad humana, la capacidad de ponerse en el lugar del paciente, por ejemplo, van a influir de forma evidente en la asistencia médica. Así, sensibilizado con el aspecto humano de la enfermedad, el médico puede comprender que está en presencia de un ser completo que sufre y que tiene necesidad de la ciencia.

Existe una ética general y una ética específica de la medicina cuyos orígenes se confunden. La historia de la ética médica es la historia de los ideales profesionales y de los valores asociados a ellos que influyen en la función sanadora del médico. Estos ideales éticos fueron desarrollados y codificados en cada época por los médicos más renombrados y constituyeron las normas que se imponían los practicantes. Desde los albores de la humanidad ha habido una imbricación entre religión y medicina. No es pues sorprendente que la ética religiosa tenga un sitio particular en la deontologia médica. Asimismo, en otras épocas, los médicos han descubierto la aplicación médica y social de los ideales enseñados por los filósofos y pensadores: los pitagóricos, los estoicos, y otros.

La deontologia ha variado en función de las épocas históricas y de las situaciones sociales de la humanidad. Ante estas fluctuaciones, el hombre ha tratado de establecer una deontologia permanente.

La deontología ha variado en función de las épocas históricas y de las situaciones sociales de la humanidad. Ante estas fluctuaciones, el hombre ha tratadod e establecer una deontología permanente-

Demos un vistazo a la historia de la deontologia y a su evolución ante los grandes problemas de ayer, de hoy y posiblemente de mañana. No podemos precisar el momento en que surge la deontologia médica, porque nos encontramos en presencia de un proceso continuo en relación directa con la evolución del género humano. La evo­lución de la deontologia médica, está marcada principalmente por una serie de códigos médicos históricos que son, no solamente códigos deontológicos propiamente dichos, sino textos presentados bajo forma de reglas y de preceptos.

CÓDIGO DE HAMMURABI

En Mesopotamia, bajo el reinado de Ur Namnu (2050 a.C.) se dictaron una serie de reglas médico-legales, consideradas por algunos autores como el primer código deontológico conocido de la Humanidad. Este código ha sido reen­contrado en Susa, inscrito en 21 columnas. Uno de los bajorrelieves nos muestra al rey de Babilonia recibiendo estas normas del dios Sol.

El Código de Hammurabi, primer reglamento jurídico regidor del acto médico, contiene alusiones claras en cuanto a los honorarios médicos así como a las sanciones previstas en caso de errores terapéuticos. En general este código trata de la relación entre los médicos, los pacientes y la sociedad.

CONSEJOS DE ESCULAPIO

Menos conocidos que el juramento de Hipócrates, los “consejos de Esculapio “, destinados a los estudiantes de medicina, constituyen un texto magnífico sobre las bases y las motivaciones de la profesión médica. Se revisan detalladamente los deberes, así como los sacrificios y las satisfacciones que implica el ejercicio de la me­dicina. Es un conjunto deontológico que difícilmente se puede superar. He aquí algunos puntos:

“¿Deseas ser médico, hijo mío? Esta aspiración es la de un alma generosa, la de un espíritu ávido de ciencia. ¿Has pensado bien lo que será tu vida? Deberás renunciar a tu vida privada.

Mientras que la mayoría de tus conciudadanos, una vez cumplidas sus tareas, pueden aislarse, lejos de los inoportunos, tu puerta deberá estar siempre abierta para todos.

Si amas la verdad, deberás callarla sin embargo. Deberás ocultar a algunos pacientes la gravedad de su mal; porque esta verdad podría herirles. No pretendas enriquecerte con esta actividad. Te lo he dicho: es un sacerdocio y no sería decente que obtengas ganancias tan importantes como las de un comerciante de aceite o un comerciante de lanas.

Estarás solo cuando estés triste, solo cuando estudies, solo rodeado del egoísmo humano. Si estimas el hecho de ser pagado con el alivio de una madre, con la sonrisa de aquel que ya no sufre, entonces… hazte médico, hijo mío.”

EL JURAMENTO DE HIPÓCRATES

La afirmación: “A excepción de las fuerzas ciegas de la Naturaleza, todo lo que vive o muere viene de Grecia “, es aplicable en parte a la deontología médica. La concepción griega de la práctica médica ha dominado durante la antigüedad en el Mediterráneo. La doctrina que toma su impulso en la costa oeste del Asia Menor y que a continuación se extenderá a todo el mundo griego, hunde sus numerosas raíces también en la civilización minoica, en la asirio-babilónica, y en la civilización egipcia (es de esta última, según Laín Entralgo, de donde surgirá la deontología griega).

Por otra parte, no olvidemos que los personajes que conocemos, no son sino representantes de un sistema que se extiende tanto en el espacio como en el tiempo, y que es el resultado de una búsqueda de siglos protagonizada por los filósofos jónicos e italo-griegos del siglo VI a.C. hasta la muerte de Galeno a fines del siglo II d.C.

Como escribió W. Jaeger en su Paideia, los siglos VI y V a.C. constituyen, desde el punto de vista de la ética y de la aplicación social de la medicina, un momento extraordinario en la historia. El médico de tendencia hipocrática ejerce su ministerio según ciertos principios éticos basados en su amor por la ciencia y por la Humanidad. “Allí donde hay amor por el hombre, hay amor por la ciencia ” (Preceptos, 6).

Los textos de contenido ético más evidente son: “El juramento hipocrático “, “Los preceptos “, “Del médico ” y “De la decencia”.

El Juramento será el texto más extendido del Corpus Hippocra-ticum: desde la Constantinopla del siglo X (punto culminante del humanismo bizantino) hasta la Venecia del siglo XIV (primera edición impresa del texto), desde la bula Quod Jusicurandum (1531) del papa Clemente VII, hasta la Asociación Médica Mundial (1948). Todas las normas deontológicas que encontramos en este texto tienen una base y un objetivo común: ayudar al enfermo y proteger su integridad personal. El hecho de que estos principios sean formulados en unas normas generales refleja, por otra parte, un elemento propio de la medicina antigua: “La convicción de que el médico y el paciente son seres de igual valor, que su relación es decisiva para el ejercicio de la medicina y que en esta relación el interés del enfermo es lo más importante”.

El principio de “actuar en favor y no en perjuicio de” expresa claramente la filosofía médica hipocrática que se esfuerza por el arte de restablecer la salud.

En el texto encontramos dos partes: la primera se refiere al comportamiento deontológico de la medicina y la otra, a las obligaciones (no legales, sino de compromiso privado) que contrae el médico con su Maestro y la familia de su maestro. Algunos ven en estas últimas obligaciones una intención utilista basada en intereses económicos y sociales por parte del que enseña. Creemos que esto debe ser interpretado más bien como la relación Maestro-Discípulo, como dice Edelsteins: “una paternidad espiritual del maestro hacia su discípulo”.

La referencia a la adquisición de virtudes como la pureza, la santidad o la justicia, expresa toda una ética de vida en el médico. Esta concepción no admite la existencia paradójica de una doble moralidad, una privada y otra profesional, porque, como dice el texto: “mi vida es mi arte”.

Otros escritos del Corpus Hippocraticum abordan también el tema de la deontología. Un texto que pertenece a un grupo de obras tardías, Del médico, comienza por dar algunos consejos claros sobre la necesidad de unificar el comportamiento deontológico con el aspecto estético del médico.

Prueba de esto es el texto Prestancia del médico, según el cual el médico debe ser respetable, perfumado con ungüentos de buen aroma, “de aspecto aseado” y, en fin, “muy ordenado en su vida, porque esto tiene buenos efectos sobre su reputación; que su carácter sea el de una persona de bien, seria y afectuosa hacia todos”.

Del mismo modo, en el tratado “De la decencia”, volvemos a encontrar la cuestión de la imagen ideal del médico. Aunque hayan recibido honorarios por la práctica médica y la enseñanza, los médicos hipocráticos insisten mucho en el rechazo del deseo de posesión y del ánimo de lucro.

Desgraciadamente hoy podemos constatar que un buen número de las enseñanzas hipocráticas siguen siendo teóricas: desde la aceptación de los límites de nuestras posibilidades hasta el principio de “actuar en favor y no en perjuicio”, o la concepción holística del ser humano.

EL SERMÓN DEONTOLÓGICO DE ASAPH

Asaph Ben Berachiach (siglo VI d.C), discípulo judío de Hipócrates, ha respetado su juramento moral. Su código ha sido largamente expandido en las escuelas médicas de Alejandría y de Palestina. Asaph consideraba la medicina como un sacerdocio y una religión. Creó una escuela en la que, para entrar como discípulo, era necesario ajustarse a unos criterios, entre los cuales los de orden moral eran los más importantes. Su juramento pre­senta gran semejanza con el de Hipócrates.

Este código deontológico se imponía a los discípulos como complemento ideológico de su formación para transmitirles normas morales elevadas e inspiradoras de la acción médica.

CÓDIGOS MEDIEVALES

Con la caída del Imperio romano, la medicina se separa en dos ramas: la árabe con su eclosión científica y cultural, y la de los monasterios de la Edad Media. Las dos ramas terminarán por converger cinco siglos más tarde en Salerno. Allí tendrá lugar una reestructuración de la medicina, tanto desde el punto de vista de los conocimientos y del tipo de enseñanza, como desde el punto de vista del comportamiento del médico en su profesión (enseñar gratuitamente a los pobres, no enseñar nada erróneo, no administrar malos medicamentos, aportar ayuda a su escuela, etc.)

Los monasterios han tenido un papel decisivo en la conserva­ción del conocimiento y han aportado una contribución importante al aspecto humanitario.

El cristianismo transforma la concepción de la ética médica. Tanto el médico como el enfermo deben seguir en su vida un modelo de moralidad muy clara: las enseñanzas religiosas.

En el curso de la Edad Media, la evolución de la ética profesional médica está unida a la tradición cristiana, judía o islámica.

El código deontológico de Lafranc y Arnaldo de Vilanova ilustra cómo la ética médica occidental de la Edad Media estaba neta­mente influenciada por la religión cristiana. Las normas de carácter religioso y su sentido cristiano obligaban moralmente al médico a ayudar a los pobres gratuitamente, sobre lo cual ocasionalmente debía hacer juramento.

En esta época, el cristianismo no oculta el juramento de Hipócrates. Al contrario, después de eliminar las invocaciones a los dioses griegos, este juramento permanece entre los médicos cristianos como un código trascendental.

En el mundo islámico, además de la influencia de la estructura social y económica y de la tendencia a un conocimiento más téc­nico, la vida religiosa y los preceptos del Corán constituyen la base de los principios éticos.

Mahoma dejó dicho: “La primera de las ciencias es la Teología, el cuidado del alma; y la segunda la Medicina, el cuidado del cuerpo”.

El principal artífice de la creación de hospitales, Haroun al Rashid, decreta en 1876 la construcción de centros de atención y de hospitales alrededor de toda nueva mezquita, porque ésta es la acti­tud caritativa para con los enfermos prescrita por el Corán. Estas indicaciones, más la adaptación del juramento de Hipócrates a la fe islámica, hacen que los médicos árabes se apliquen una ética exi­gente.

“La oración del médico” de Maimónides (Moshé ben Maimón Rambam) redactada en la baja Edad Media, es una oración en la cual el médico pide la inspiración necesaria para cumplir su misión de forma digna y correcta. Pide inspiración para amar su arte, para preservarlos del cebo (de la ganancia, de la ambición y de la gloria), que empañan la práctica médica. Pide estar siempre presto y entusiasta para ayudar a los enfermos, para que ningún pensamiento extraño desvíe su atención y pueda “reconocer la enfermedad”.

Uno de los primeros tratados de ética médica del mundo árabe es el Ishag Ibn Ali Al Ruhawi, y se titula “Etica práctica de los médicos” (Adab al Tabib). Deja entrever su esfuerzo para descubrir la vía real del acto médico, más allá de los conflictos con las normas culturales de los ideales filosóficos griegos y los profetas islámicos.

Contemporáneo de Al Ruhawi, Isaac Israeli ejerce como médico en Egipto y en Túnez. Sus trabajos han sido traducidos a varias lenguas y utilizados por los médicos medievales. Conservamos el “Libro de las exhortaciones a los médicos”, que explica de una forma similar a la moderna los preceptos relativos al cre­cimiento, y las necesidades y las respuestas que es necesario aportar al paciente. Se trata de un código en parte religioso (los deberes en atención a Dios), en parte moral y en parte legal. En esta época, la religión, la moral y la ley, que hoy están netamente separadas, estaban íntimamente unidas entre sí.

Estos textos y otros como “El libro del médico espiritual” de Al Razi, han constituido la base ética de la época y han tenido influencias en diferentes lugares y tiempos. El mundo musulmán ha sido un gran motor para la medicina medieval europea.

 

Fuente: http://www.eticauniversal.net/     Autor: Dr. Antonio Alzina

Medicina natural, fuente de salud

 

La medicina natural se aproxima a la filosofía reconociendo la influencia de la mente y de las emociones en los procesos del organismo físico.

Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, la Medicina es la ciencia y el arte de precaver y curar las enfermedades.

El gran médico y alquimista del Renacimiento, Paracelso, opinaba que la Medicina es mucho más un arte que una ciencia. No consiste en componer píldoras, emplastos y drogas de toda clase, sino que se trata de los procesos de la vida, que deben ser entendidos antes de poder ser manejados. Una voluntad poderosa puede curar donde una voluntad vacilante va al fracaso. El carácter del médico puede obrar en el paciente de un modo más eficaz que todas las drogas empleadas.

Así como la física cuántica que, superando la visión mecanicista del mundo derivada del pensamiento de Descartes y de Newton, se aproxima actualmente a los físicos presocráticos y a las antiguas teorías filosóficas chinas, demostrando que las partículas no son granos de materia aislados, sino interconexiones en un tejido cósmico inseparable que no excluye a la conciencia humana, así la Medicina Natural se aproxima a la Filosofía, reconociendo la influencia de la mente y de las emociones en los procesos del organismo físico. Según Paracelso el amor es capaz de hacer por sí mismo lo mismo que cualquier hierba medicinal. Todo lo que crece en la naturaleza terrestre puede aportarlo igualmente el poder de la creencia…El poder de la creencia puede, también, producir cualquier enfermedad…

Normas para una buena salud natural

1 – Respirar aire puro,

2 – Comer sólo productos naturales,

3 – Ser sobrios constantemente,

4 – Beber sólo agua natural,

5 – Tener suma limpieza en todo,

6 – Dominar las pasiones,

7 – No estar jamás ociosos,

8 – Descansar y dormir sólo lo necesario,

9 – Vestir con holgura,

10- Cultivar todas las virtudes procurando estar siempre alegres.

Bases de la medicina filosófica

La Medicina Natural o Ciencia de la Salud, que nació con el hombre y fue practicada por los sacerdotes egipcios y caldeos así como por los filósofos de la antigüedad, se fundamenta en las inmutables Leyes de la Naturaleza, reconociendo que la primera de las leyes naturales es la de evolución o progreso, tanto en el orden físico como en el intelectual y el espiritual, pues nadie, por muy materialista que sea, puede negar que en el hombre, además del organismo físico, hay algo metafísico.

Dejando obrar o ayudando a la ley de la evolución, habremos cumplido con todas las Leyes Naturales, porque a la primera están subordinadas todas las demás.

Mencionamos algunas de las principales:

Ley o principio del Mentalismo.

Este principio indica la verdadera naturaleza de la energía, de la fuerza y de la materia, y el cómo y el por qué todas éstas están subordinadas al dominio de la mente. El cerebro humano es un potencial de energía, y la energía vital, entre muchas virtudes, también tiene las terapéuticas o curativas. Por lo tanto, en algunas enfermedades, disfunciones y afecciones podemos curarnos. Esta fuerza curativa la podemos despertar y activar mediante el pensamiento, transmitiéndolo con fuerte convicción a las micro-mentalidades celulares dañadas, a fín de que recobren su normalidad y se restablezca la salud.

La Ley del Amor.

Principal aliada de la ley de la evolución, pues une a las cosas y las mantiene, permitiendo que la vida se produzca y ayudando a todo lo viviente a adquirir cotas más elevadas de perfección. Ya Paracelso hablaba de ella cuando decía que era imposible curar a un enfermo sin antes sentir algún aprecio por él.

Ley del Movimiento o Vibración.

Todo en la Naturaleza vibra; la vida es movimiento, la inercia es muerte. Así todo aquello que favorezca una superior vibración de la energía vital es positivo para la salud, pues cumple con la ley universal de movimiento o vibración.

Ley de Analogía o Correspondencia.

En todos los aspectos de la vida rigen las mismas leyes naturales. Así, los sistemas planetarios son de análoga constitución a los átomos químicos. La misma ley de ramificación rige el curso de los ríos, la corriente sanguínea y nerviosa, la de las ramas de los árboles.

Análogamente existen siete sonidos, siete colores, etc. En materia de salud el consabido axioma mente sana en cuerpo sano, cumple esta Ley favoreciendo la salud física aquellos pensamientos positivos albergados en la mente e influyendo en el pensamiento el grado de energía vital del organismo.

Ley de Causa y Efecto.

La casualidad no existe y el destino ciego tampoco.

En el campo de la mecánica se formula así: la reacción es igual y contraria a la reacción. Asimismo, en biología vemos que la aplicación de agua fría en el organismo produce una reacción contraria -de calor- destinada a restablecer el equilibrio, que es siempre la finalidad de esta ley. En el plano intelectual y en el moral se cumple con la misma maravillosa exactitud. Esta equitativa ley es la justicia de la Naturaleza.

Existen otras leyes naturales, como por ejemplo la ley de la polaridad: todo lo manifestado tiene dos polos opuestos manifestados -día y noche, vida y muerte- como factores contrarios que no pueden existir separados; o la ley de ciclicidad por la cual las enfermedades tienen su ciclo que termina en salud o muerte. Pero todas ellas, como apuntábamos al principio, se resuelven en la ley de evolución: todo lo que existe lleva inmanente la tendencia y fuerza para convertirse en algo superior. Según este axioma todo lo que favorezca a la evolución moral y médicamente bueno será positivo para alcanzar la salud.

La enfermedad como camino

Todo dolor es un aviso de la Naturaleza para que efectuemos una toma de conciencia del desequilibrio en el cual nos hallamos. Por consiguiente, la enfermedad es un esfuerzo útil. Si abortamos este esfuerzo útil haremos un mal, por cuanto interrumpimos la evolución o la dificultamos.

Con este concepto útil y defensivo de la enfermedad, que data de Hipócrates, se comprenderá que no existe más terapéutica útil que la natural. Es decir, aquella que encauza el esfuerzo morboso para alcanzar la salud. Cuando estalla una crisis aguda, debe respetarse la fiebre, la sed, la inapetencia, la diarrea, etc. Manteniéndolas dentro de límites no peligrosos, para que cumplan su finalidad utilitaria. Lo mismo cabe decir de las crisis emocionales transformadoras de la personalidad. No son las drogas (agentes paralizadores de síntomas útiles) las que han de intervenir en el tratamiento de un enfermo, sino aquellos excitantes naturales que mueven normalmente su delicada maquinaria. Por ejemplo, si se hace sudar a un enfermo, contaremos con el excitante natural del sudor: el calor, bien sea directo o provocado por aplicaciones frías, en lugar de con sustancias químicas más o menos tóxicas. Si de calmar a un neurótico se tratara, lejos de administrarle sedantes hipnóticos generadores de dependencias, le enseñaremos a relajarse, ayudando con infusiones naturales carentes de efectos secundarios.

El naturismo es capaz de renovar, porque deja evolucionar.

Claves de la terapéutica naturista

La armonía, la mesura y la proporción serán las tres virtudes que nos alejen de los extremismos peligrosos y nos ayuden a cumplir fielmente la ley de adaptación sobre la que también se levanta el pilar naturista. Las toxinas o sustancias morbosas no se eliminan más deprisa por darse más baños. El baño no saca sustancias extrañas, solamente estimula la energía individual, para que ésta, por su cuenta y según sus características, las elimine.

Otro extremo peligroso puede ser el paso brusco a un régimen vegetariano estricto sin respeto al consiguiente período de adaptación.

Por otra parte, la medicina natural, basándose en la máxima de que no hay enfermedades sino enfermos, sabe que un mismo mal es distinto en cada sujeto en quien se manifiesta y sus consecuencias son también distintas, buscando entonces las circunstancias individuales generales de tipo, temperamento, constitución, naturaleza, clase de vida, etc., como eficaces indicadores de la intensidad con que debemos utilizar los tratamientos naturales (la dietética, la hidroterapia, la heliaeroterapia, el ejercicio físico, la geoterapia, el masaje y la psicoterapia) con que contamos para corregir su estado de enfermedad.

Que tu alimento sea tu medicina

Y que tu medicina sea tu alimento si queremos completar la máxima hipocrática indicadora de la importancia que cobra la dieta en la conservación y restablecimiento de la salud, dentro del ámbito filosófico-natural en el que nos estamos moviendo. Y decimos filosófico, además de natural, porque es gracias a esa búsqueda de las causas pretendida por la filosofía como hallamos el eje sobre el cual gira nuestra normalidad, tal como ya Cervantes sabía al afirmar que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago.

Es importante que en nuestra minuta predominen los alimentos libres de toxinas y cargados de principios nutritivos, además de benefactoras energías solares (frutas y verduras), sobre los que por su naturaleza cadavérica albergan abundantes dosis de ácido úrico y demás venenos para el organismo (carnes y pescados), además de ser la principal causa del estreñimiento crónico (por su falta de celulosa) que padece nuestra civilización; no queremos dejar de referirnos a otros factores “alimenticios” más sutiles que junto con el ya expuesto contribuyen a impurificar la sangre, siendo esta sangre impura la que con su malnutrición deteriora los órganos más débiles del organismo provocando su dolencia. Estos factores a los que nos referimos son el aire impuro y la todavía más sutil influencia de la vibración de un mal pensamiento o de una tensa emoción generados en cualquier momento y especialmente a la hora de comer.

Natura Medicatrix

Es la naturaleza la que cura, y la propia energía vital del paciente la que en última instancia vence a la enfermedad. Es por tanto labor principal del médico no estorbar el proceso natural evolutivo y excitar mediante remedios naturales las fuerzas defensivas del enfermo, sin combatir de forma represiva los síntomas purificadores.

Como axioma preventivo, afirmamos que la salud no se obtiene en la consulta del médico ni en el mostrador del farmacéutico, sino con nuestros propios actos de cada día sometidos a la ley natural. De aquí que la propia voluntad del enfermo es el primer agente de salud.

Y es misión del médico saber tratar al enfermo desde cualquiera de los planos donde se origine su enfermedad, bien desde el plano físico, con la química natural biológica, desde el mental, mediante la voluntad e imaginación del enfermo, o desde el espiritual, mediante la virtud y la verdadera fe.

Orientándose la medicina natural o filosófica fundamentalmente hacia la prevención, no sólo es misión médica curar sino mantener la salud mediante una bien entendida higiene de acatamiento a la ley natural que nos libre de todas las enfermedades, así como iniciar en la naturología a los enfermos, pues se impone la necesidad de devolver a la misión del médico todo el carácter pedagógico-filosófico que debe tener.

 

Este artículo ha sido escrito por Isabel Pérez

La medicina y la ética

juramento

¿Te atreverías a confeccionar un Juramento Hipocrático para el médico o terapeuta de hoy en día, inspirado en la ética atemporal?

Juramento Hipocrático

 

Juro por Apolo, médico, por Asclepio, Higía y Panacea y pongo por testigos a todos los dioses y diosas, de que he de observar el siguiente juramento, que me obligo a cumplir en cuanto ofrezco, poniendo en tal empeño todas mis fuerzas y mi inteligencia.

Tributaré a mi maestro de Medicina el mismo respeto que a los autores de mis días, partiré con ellos mi fortuna y los socorreré si lo necesitaren; trataré a sus hijos como a mis hermanos y si quieren aprender la ciencia, se la enseñaré desinteresadamente y sin ningún género de recompensa.

Instruiré con preceptos, lecciones orales y demás modos de enseñanza a mis hijos, a los de mi maestro y a los discípulos que se me unan bajo el convenio y juramento que determine la ley médica, y a nadie más.

Estableceré el régimen de los enfermos de la manera que les sea más provechosa según mis facultades y a mi entender, evitando todo mal y toda injusticia. No accederé a pretensiones que busquen la administración de venenos, ni sugeriré a nadie cosa semejante; me abstendré de aplicar a las mujeres pesarios abortivos.

Pasaré mi vida y ejerceré mi profesión con inocencia y pureza. No ejecutaré la talla, dejando tal operación a los que se dedican a practicarla.

En cualquier casa donde entre, no llevaré otro objetivo que el bien de los enfermos; me libraré de cometer voluntariamente faltas injuriosas o acciones corruptoras y evitaré sobre todo la seducción de mujeres u hombres, libres o esclavos.

Guardaré secreto sobre lo que oiga y vea en la sociedad por razón de mi ejercicio y que no sea indispensable divulgar, sea o no del dominio de mi profesión, considerando como un deber el ser discreto en tales casos. Si observo con fidelidad este juramento, séame concedido gozar felizmente mi vida y mi profesión, honrado siempre entre los hombres; si lo quebranto y soy perjuro, caiga sobre mí la suerte contraria.

Menos conocidos que el juramento de Hipócritas son los “consejos de Esculapio” destinados a los estudiantes de medicina. Veamos algunos de ellos:

“¿Quieres ser médico, hijo mío? Aspiración es ésta de un alma generosa, de un espíritu ávido de ciencia.

Pero ¿has pensado en lo que va a ser tu vida?

Tendrás que renunciar a la vida privada: mientras la mayoría de los ciudadanos pueden, terminada su tarea, aislarse lejos de los inoportunos, tu puerta estará siempre abierta a todos. A toda hora del día y de la noche vendrán a turbar tu descanso, tus aficiones, tu meditación; ya no tendrás horas que dedicar a tu familia, a la amistad, al estudio. Ya no te pertenecerás.

…..

Si, sabiendo que te verás muchas veces solo entre fieras humanas, tienes el alma lo bastante estoica para satisfacerse con el deber cumplido, si te juzgas suficientemente pagado con la dicha de una madre que acaba de dar a luz, con una cara que sonríe porque el dolor se ha aliviado, con la paz de un moribundo a quien acompañas hasta el final; si ansías conocer al hombre y penetrar en la trágica grandeza de su destino, entonces, hazte médico, hijo mío.”

 

La medicina natural al igual que la filosofía natural no sólo aporta conocimientos para memorizar, sino para aplicarlos en nuestra vida.

Epicuro escribió: “Vacío es el argumento de aquel filósofo que no permite curar ningún sufrimiento humano. Pues de la misma manera que de nada sirve un arte médico que no erradique la enfermedad de los cuerpos, tampoco hay utilidad ninguna en la filosofía si no erradica el sufrimiento del alma”

 

La ética atemporal trae al ser humano todas a aquellas virtudes capaces de vivir en todas las épocas de la historia, y sin embargo, es siempre nueva, siempre viva, siempre una.

No hace falta saber, haber estudiado, haber leído mucho, para que cualquier hombre reconozca en el fondo de su corazón, aquella Ética que no es suya ni de ninguna otra persona, sino que es de todos…y esa ética atemporal es la que ha de seguir toda medicina y todo médico.