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Medicina natural, fuente de salud

 

La medicina natural se aproxima a la filosofía reconociendo la influencia de la mente y de las emociones en los procesos del organismo físico.

Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, la Medicina es la ciencia y el arte de precaver y curar las enfermedades.

El gran médico y alquimista del Renacimiento, Paracelso, opinaba que la Medicina es mucho más un arte que una ciencia. No consiste en componer píldoras, emplastos y drogas de toda clase, sino que se trata de los procesos de la vida, que deben ser entendidos antes de poder ser manejados. Una voluntad poderosa puede curar donde una voluntad vacilante va al fracaso. El carácter del médico puede obrar en el paciente de un modo más eficaz que todas las drogas empleadas.

Así como la física cuántica que, superando la visión mecanicista del mundo derivada del pensamiento de Descartes y de Newton, se aproxima actualmente a los físicos presocráticos y a las antiguas teorías filosóficas chinas, demostrando que las partículas no son granos de materia aislados, sino interconexiones en un tejido cósmico inseparable que no excluye a la conciencia humana, así la Medicina Natural se aproxima a la Filosofía, reconociendo la influencia de la mente y de las emociones en los procesos del organismo físico. Según Paracelso el amor es capaz de hacer por sí mismo lo mismo que cualquier hierba medicinal. Todo lo que crece en la naturaleza terrestre puede aportarlo igualmente el poder de la creencia…El poder de la creencia puede, también, producir cualquier enfermedad…

Normas para una buena salud natural

1 – Respirar aire puro,

2 – Comer sólo productos naturales,

3 – Ser sobrios constantemente,

4 – Beber sólo agua natural,

5 – Tener suma limpieza en todo,

6 – Dominar las pasiones,

7 – No estar jamás ociosos,

8 – Descansar y dormir sólo lo necesario,

9 – Vestir con holgura,

10- Cultivar todas las virtudes procurando estar siempre alegres.

Bases de la medicina filosófica

La Medicina Natural o Ciencia de la Salud, que nació con el hombre y fue practicada por los sacerdotes egipcios y caldeos así como por los filósofos de la antigüedad, se fundamenta en las inmutables Leyes de la Naturaleza, reconociendo que la primera de las leyes naturales es la de evolución o progreso, tanto en el orden físico como en el intelectual y el espiritual, pues nadie, por muy materialista que sea, puede negar que en el hombre, además del organismo físico, hay algo metafísico.

Dejando obrar o ayudando a la ley de la evolución, habremos cumplido con todas las Leyes Naturales, porque a la primera están subordinadas todas las demás.

Mencionamos algunas de las principales:

Ley o principio del Mentalismo.

Este principio indica la verdadera naturaleza de la energía, de la fuerza y de la materia, y el cómo y el por qué todas éstas están subordinadas al dominio de la mente. El cerebro humano es un potencial de energía, y la energía vital, entre muchas virtudes, también tiene las terapéuticas o curativas. Por lo tanto, en algunas enfermedades, disfunciones y afecciones podemos curarnos. Esta fuerza curativa la podemos despertar y activar mediante el pensamiento, transmitiéndolo con fuerte convicción a las micro-mentalidades celulares dañadas, a fín de que recobren su normalidad y se restablezca la salud.

La Ley del Amor.

Principal aliada de la ley de la evolución, pues une a las cosas y las mantiene, permitiendo que la vida se produzca y ayudando a todo lo viviente a adquirir cotas más elevadas de perfección. Ya Paracelso hablaba de ella cuando decía que era imposible curar a un enfermo sin antes sentir algún aprecio por él.

Ley del Movimiento o Vibración.

Todo en la Naturaleza vibra; la vida es movimiento, la inercia es muerte. Así todo aquello que favorezca una superior vibración de la energía vital es positivo para la salud, pues cumple con la ley universal de movimiento o vibración.

Ley de Analogía o Correspondencia.

En todos los aspectos de la vida rigen las mismas leyes naturales. Así, los sistemas planetarios son de análoga constitución a los átomos químicos. La misma ley de ramificación rige el curso de los ríos, la corriente sanguínea y nerviosa, la de las ramas de los árboles.

Análogamente existen siete sonidos, siete colores, etc. En materia de salud el consabido axioma mente sana en cuerpo sano, cumple esta Ley favoreciendo la salud física aquellos pensamientos positivos albergados en la mente e influyendo en el pensamiento el grado de energía vital del organismo.

Ley de Causa y Efecto.

La casualidad no existe y el destino ciego tampoco.

En el campo de la mecánica se formula así: la reacción es igual y contraria a la reacción. Asimismo, en biología vemos que la aplicación de agua fría en el organismo produce una reacción contraria -de calor- destinada a restablecer el equilibrio, que es siempre la finalidad de esta ley. En el plano intelectual y en el moral se cumple con la misma maravillosa exactitud. Esta equitativa ley es la justicia de la Naturaleza.

Existen otras leyes naturales, como por ejemplo la ley de la polaridad: todo lo manifestado tiene dos polos opuestos manifestados -día y noche, vida y muerte- como factores contrarios que no pueden existir separados; o la ley de ciclicidad por la cual las enfermedades tienen su ciclo que termina en salud o muerte. Pero todas ellas, como apuntábamos al principio, se resuelven en la ley de evolución: todo lo que existe lleva inmanente la tendencia y fuerza para convertirse en algo superior. Según este axioma todo lo que favorezca a la evolución moral y médicamente bueno será positivo para alcanzar la salud.

La enfermedad como camino

Todo dolor es un aviso de la Naturaleza para que efectuemos una toma de conciencia del desequilibrio en el cual nos hallamos. Por consiguiente, la enfermedad es un esfuerzo útil. Si abortamos este esfuerzo útil haremos un mal, por cuanto interrumpimos la evolución o la dificultamos.

Con este concepto útil y defensivo de la enfermedad, que data de Hipócrates, se comprenderá que no existe más terapéutica útil que la natural. Es decir, aquella que encauza el esfuerzo morboso para alcanzar la salud. Cuando estalla una crisis aguda, debe respetarse la fiebre, la sed, la inapetencia, la diarrea, etc. Manteniéndolas dentro de límites no peligrosos, para que cumplan su finalidad utilitaria. Lo mismo cabe decir de las crisis emocionales transformadoras de la personalidad. No son las drogas (agentes paralizadores de síntomas útiles) las que han de intervenir en el tratamiento de un enfermo, sino aquellos excitantes naturales que mueven normalmente su delicada maquinaria. Por ejemplo, si se hace sudar a un enfermo, contaremos con el excitante natural del sudor: el calor, bien sea directo o provocado por aplicaciones frías, en lugar de con sustancias químicas más o menos tóxicas. Si de calmar a un neurótico se tratara, lejos de administrarle sedantes hipnóticos generadores de dependencias, le enseñaremos a relajarse, ayudando con infusiones naturales carentes de efectos secundarios.

El naturismo es capaz de renovar, porque deja evolucionar.

Claves de la terapéutica naturista

La armonía, la mesura y la proporción serán las tres virtudes que nos alejen de los extremismos peligrosos y nos ayuden a cumplir fielmente la ley de adaptación sobre la que también se levanta el pilar naturista. Las toxinas o sustancias morbosas no se eliminan más deprisa por darse más baños. El baño no saca sustancias extrañas, solamente estimula la energía individual, para que ésta, por su cuenta y según sus características, las elimine.

Otro extremo peligroso puede ser el paso brusco a un régimen vegetariano estricto sin respeto al consiguiente período de adaptación.

Por otra parte, la medicina natural, basándose en la máxima de que no hay enfermedades sino enfermos, sabe que un mismo mal es distinto en cada sujeto en quien se manifiesta y sus consecuencias son también distintas, buscando entonces las circunstancias individuales generales de tipo, temperamento, constitución, naturaleza, clase de vida, etc., como eficaces indicadores de la intensidad con que debemos utilizar los tratamientos naturales (la dietética, la hidroterapia, la heliaeroterapia, el ejercicio físico, la geoterapia, el masaje y la psicoterapia) con que contamos para corregir su estado de enfermedad.

Que tu alimento sea tu medicina

Y que tu medicina sea tu alimento si queremos completar la máxima hipocrática indicadora de la importancia que cobra la dieta en la conservación y restablecimiento de la salud, dentro del ámbito filosófico-natural en el que nos estamos moviendo. Y decimos filosófico, además de natural, porque es gracias a esa búsqueda de las causas pretendida por la filosofía como hallamos el eje sobre el cual gira nuestra normalidad, tal como ya Cervantes sabía al afirmar que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago.

Es importante que en nuestra minuta predominen los alimentos libres de toxinas y cargados de principios nutritivos, además de benefactoras energías solares (frutas y verduras), sobre los que por su naturaleza cadavérica albergan abundantes dosis de ácido úrico y demás venenos para el organismo (carnes y pescados), además de ser la principal causa del estreñimiento crónico (por su falta de celulosa) que padece nuestra civilización; no queremos dejar de referirnos a otros factores “alimenticios” más sutiles que junto con el ya expuesto contribuyen a impurificar la sangre, siendo esta sangre impura la que con su malnutrición deteriora los órganos más débiles del organismo provocando su dolencia. Estos factores a los que nos referimos son el aire impuro y la todavía más sutil influencia de la vibración de un mal pensamiento o de una tensa emoción generados en cualquier momento y especialmente a la hora de comer.

Natura Medicatrix

Es la naturaleza la que cura, y la propia energía vital del paciente la que en última instancia vence a la enfermedad. Es por tanto labor principal del médico no estorbar el proceso natural evolutivo y excitar mediante remedios naturales las fuerzas defensivas del enfermo, sin combatir de forma represiva los síntomas purificadores.

Como axioma preventivo, afirmamos que la salud no se obtiene en la consulta del médico ni en el mostrador del farmacéutico, sino con nuestros propios actos de cada día sometidos a la ley natural. De aquí que la propia voluntad del enfermo es el primer agente de salud.

Y es misión del médico saber tratar al enfermo desde cualquiera de los planos donde se origine su enfermedad, bien desde el plano físico, con la química natural biológica, desde el mental, mediante la voluntad e imaginación del enfermo, o desde el espiritual, mediante la virtud y la verdadera fe.

Orientándose la medicina natural o filosófica fundamentalmente hacia la prevención, no sólo es misión médica curar sino mantener la salud mediante una bien entendida higiene de acatamiento a la ley natural que nos libre de todas las enfermedades, así como iniciar en la naturología a los enfermos, pues se impone la necesidad de devolver a la misión del médico todo el carácter pedagógico-filosófico que debe tener.

 

Este artículo ha sido escrito por Isabel Pérez

Actividades octubre 2017

De vuelta al cole!!! Después del verano volvemos a abrir nuestras puertas. 

 

En Octubre celebraremos el mes filosófico, ¡no te lo pierdas!

 

 

Viernes 6 a las 19:30, charla-coloquio; entrada libre

 

Viernes 13 y 27, a las 19:00, taller de remedios naturales

Precio 6€/taller; gratuito para socios

 

Miércoles 18 a las 19:00, clase gratuita; entrada libre

 

Miércoles 18 a las 20:00, presentación curso de filosofía; entrada libre

 

Jueves 19 a las 19:00, clase gratuita; entrada libre

 

Jueves 19 a las 20:00, presentación curso de filosofía; entrada libre

 

Viernes 20 a las 19:00, clase gratuita; entrada libre

 

Viernes 20 a las 20:00, presentación curso de filosofía; entrada libre

 

Sábado 21 a las 10:30, presentación y primera clase de escritura creativa

Presentación, entrada libre; precio taller 20€/mes

 

Miércoles 25 a las 19:00, clase gratuita; entrada libre

 

Miércoles 25 a las 20:00, presentación curso de filosofía; entrada libre

 

Jueves 26 a las 19:00, clase gratuita; entrada libre

 

Jueves 26 a las 20:00, presentación curso de filosofía; entrada libre

 

Viernes 27 a las 19:00, CONVERSA GANDIA; entrada libre

Actividad realizada por Jóvenes Filósofos de La Safor; se llevará a cabo en el Centre Associatiu Joan Climent situado en la plaça Simancas

 

Sábado 28 a las 20:30, filo-cine; entrada libre

Se proyectarán escenas de películas que contengan enseñanzas que giren sobre el tema del cambio. Con cena de sobaquillo

 

Cartas…para todos

P.D. Voltaire, Tratado sobre la tolerancia, capítulo XXIII:

Ya no es por lo tanto a los hombres a los que me dirijo, es a ti, Dios de todos los seres, de todos los mundos y de todos los tiempos: si está permitido a unas débiles criaturas perdidas en la inmensidad e imperceptibles al resto del universo osar pedirte algo, a ti que lo has dado todo, a ti cuyos decretos son tan inmutables como eternos, dígnate mirar con piedad los errores inherentes a nuestra naturaleza; que esos errores no sean causantes de nuestras calamidades.

Tú no nos has dado un corazón para que nos odiemos y manos para que nos degollemos.

Haz que nos ayudemos mutuamente a soportar el fardo de una vida penosa y pasajera; que las pequeñas diferencias entre los vestidos que cubren nuestros débiles cuerpos, entre todos nuestros idiomas insuficientes, entre todas nuestras costumbres ridículas, entre todas nuestras leyes imperfectas, entre todas nuestras opiniones insensatas, entre todas nuestras condiciones tan desproporcionadas a nuestros ojos y tan semejantes ante ti; que todos esos pequeños matices que distinguen a los átomos llamados hombres no sean señales de odio y persecución; que los que encienden cirios en pleno día para celebrarte soporten a los que se contentan con la luz de tu sol; que aquellos que cubren su traje con una tela blanca para decir que hay que amarte no detesten a los que dicen la misma cosa bajo una capa de lana negra;

que dé lo mismo adorarte en una jerga formada de una antigua lengua o en una jerga más moderna; que aquellos cuyas vestiduras están teñidas de rojo o violeta, que mandan en una pequeña parcela de un pequeño montón de barro de este mundo y que poseen algunos fragmentos redondeados de cierto metal, gocen sin orgullo de lo que llaman grandeza y riqueza y que los demás los miren sin envidia: porque Tú sabes que no hay en estas vanidades ni nada que envidiar ni nada de que enorgullecerse.

¡Ojalá todos los hombres se acuerden de que son hermanos!

¡Que odien la tiranía ejercida sobre sus almas como odian el latrocinio que arrebata a la fuerza el fruto del trabajo y de la industria pacífica!

Si los azotes de la guerra son inevitables, no nos odiemos, no nos destrocemos unos a otros en el seno de la paz y empleemos el instante de nuestra existencia en bendecir por igual, en mil lenguas diversas, desde Siam a California, tu bondad que nos ha concedido ese instante.


Bertrand Russell, Autobiografía, 1967.

PARA QUÉ HE VIVIDO

“Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por el sufrimiento de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación.

He buscado el amor, primero, porque conduce al éxtasis, un éxtasis tan grande, que a menudo hubiera sacrificado el resto de mi existencia por unas horas de este gozo. Lo he buscado, en segundo lugar, porque alivia la soledad, esa terrible soledad en que una conciencia trémula se asoma al borde del mundo para otear el frío e insondable abismo sin vida. Lo he buscado, finalmente, porque en la unión del amor he visto, en una miniatura mística, la visión anticipada del cielo que han imaginado santos y poetas. Esto era lo que buscaba, y, aunque pudiera parecer demasiado bueno para esta vida humana, esto es lo que -al fin- he hallado.

Con igual pasión he buscado el conocimiento. He deseado entender el corazón de los hombres. He deseado saber por qué brillan las estrellas. Y he tratado de aprehender el poder pitagórico en virtud del cual el número domina al flujo. Algo de esto he logrado, aunque no mucho.

El amor y el conocimiento, en la medida en que ambos eran posibles, me transportaban hacia el cielo. Pero siempre la piedad me hacía volver a la tierra. Resuena en mi corazón el eco de gritos de dolor. Niños hambrientos, víctimas torturadas por opresores, ancianos desvalidos, carga odiosa para sus hijos, y todo un mundo de soledad, pobreza y dolor convierten en una burla lo que debería ser la existencia humana. Deseo ardientemente aliviar el mal, pero no puedo, y yo también sufro.

Esta ha sido mi vida. La he hallado digna de vivirse, y con gusto volvería a vivirla si se me ofreciese la oportunidad .”

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Los relojes biológicos

En su eterna búsqueda, volcada ahora hacia la vertiente científica, el Hombre ha redescubierto los llamados relojes biológicos. Se sospechó su existencia desde hace más de un siglo, cuando la ontogenia se relacionó con la filogenia.

Y decimos que se han redescubierto porque en la medicina de los antiguos egipcios ya se sabía que cada parte del cuerpo, de la psiquis y del alma, estaba regida por un “genio” diferente o tipos de genios diferentes que, como es lógico, actuaban de diferente manera y tenían ritmos vitales disímiles. Esto es fácil constatarlo. En la práctica vemos que una persona que muere por insuficiencia hepática, lo hace con el corazón en excelente estado, o en tantos otros ejemplos que han servido de base para la formación de bancos de órganos aptos para el transplante a otros cuerpos; pues siguen con capacidad de funcionar, aunque sus compañeros hayan provocado la muerte de ese biorrobot que llamamos “cuerpo”. Y no hablamos de los casos de fallecimiento por accidente, sino de los de muerte “natural”.

Referirnos al tema desde un ángulo de visión estrictamente materialista entraría en contradicción con la realidad, pues en la formación fetal, las primeras diferenciaciones celulares –o sea, los primeros relojes que empiezan a funcionar independientemente– son las relativas al sistema nervioso alto y central. Si todos los relojes biológicos estuviesen ajustados de la misma manera, es evidente que todos moriríamos por vejez y falla de esos elementos, y no por otros más “nuevos”, como el estómago, las estructuras óseas o las vías respiratorias.

Cabe pensar, también, que las diferentes formas de vida desajustan ciertos relojes y eso puede ser cierto, puede ser verdad… pero no toda la verdad. Hermanos que han nacido de la misma pareja, en circunstancias casi idénticas, y se desarrollaron en el mismo ambiente, suelen ser física, psicológica y espiritualmente muy diferentes y presentar características de madurez biológica parcial o total propias de cada uno.

Lo único que podríamos mencionar como igual en todos los seres humanos es, precisamente, su desigualdad.

Dicen que Hipócrates, hace dos milenios y medio, tenía como principio fundamental el lema: “No existen enfermedades, sino enfermos”.

En verdad, existen las enfermedades y también ellas están regidas por un tipo de elemental o genio; pero sus manifestaciones, al ser aplicadas a personas diferentes, con karmas diferentes, no pueden ser iguales.

Así, salvo en los casos de grandes epidemias, en los cuales la fuerza de la enfermedad aplasta toda resistencia y abate a gran número de afectados, dando la sensación de igualar el “castigo”, no podemos afirmar que todos los humanos, y aun todas sus partes constitutivas, sean regidas por “tiempos” iguales o, mejor dicho, por “edades” iguales.

Habrá jóvenes de veinte años con el corazón ya viejo, o ancianos de setenta y cinco con este órgano en condiciones tales como si de una persona de treinta o cuarenta años se tratase.

Estas diferencias que señalan distintas edades de los órganos físicos, también se dan en planos más sutiles, como el vital, emocional y mental.

Aparte del grado de desarrollo del ego superior, que evidentemente cuenta, es visible la acción de estos relojes sobre nuestras emociones y pensamientos. La “madurez” que a veces apreciamos en un adolescente no es siempre efecto directo de su calidad egoica, sino de un manejo de las circunstancias externas e internas que no está acorde con sus pocos años, sino como si el doble o el triple tuviera.

Los relojes, o genios o elementales, que rigen el más o menos acelerado tiempo de cada uno de los componentes de nuestra personalidad, se reflejan de manera más evidente –en lo físico– en los sistemas simpático y parasimpático, así como el hormonal. Es maravilloso el mecanismo que rige el crecimiento, ya que si una persona, por ejemplo, creciese con el mismo ritmo con que lo hace en su primer año de vida, llegaría a un tamaño elefantiásico y a un peso de varias toneladas antes de los veinte años. Eso la aplastaría, le quebraría los huesos y le causaría la muerte, salvo que se mantuviese flotando en un medio líquido, como las ballenas.

Asimismo, el genio que rige el aparato hormonal va a dar capacidad de reproducción a una mujer o a un hombre a partir de cierta edad y se detendrá luego, cuando el esfuerzo de engendrar, sobre todo en el plano de lo energético, ponga en peligro la salud y la vida del cuerpo.

No descartaremos, entonces, que otros genios lo hagan también con nuestros órganos de expresión en los distintos planos.

La pregunta se hace evidente: ¿qué o quién rige a esos relojes, a esos genios? La respuesta sería demasiado larga para este artículo, pero en líneas generales podemos afirmar que es la madeja kármica la que lo hace. Y cuando nos referimos a la “madeja” es porque no sólo existe, como sabéis, un tipo de karma(1), sino muchos: desde el personal inmediato hasta el colectivo cósmico con sus influencias estelares y planetarias. Y de centros energéticos, los unos telúricos y los otros espaciales, pues así como los astros visibles influencian a nuestros cuerpos visibles de manera directa y a los demás indirectamente, los “dobles” de estos astros y otros que no tienen cuerpo físico, actúan sobre nuestros cuerpos sutiles e invisibles, y no puede descartarse su peso en los acontecimientos concretos.

Otra pregunta que surge impetuosamente es: frente a todo esto con su enorme fuerza y complejidad, ¿podemos hacer algo para ayudarnos a nosotros mismos y también a los demás? ¿Somos simples espectadores de un mecanismo que, por sutil que sea, no deja de tener características mecánicas, como si fuese una gran computadora programada hace millones de años y en la que los nuevos datos integrados afectan de manera insignificante al comportamiento general?

Es evidente que nos encontramos ante una forma de computadora ya programada desde hace millones de años que se va cargando de nuevos elementos y despojándose de otros constantemente.

Pero no debemos caer en el error, sugerido por los materialistas, de creer que todo lo que no es estrictamente humano es simplemente mecánico. Lo “mecánico” es tan solo un camino construido con mayor justicia y bondad por la Mente Universal, basándose en nuestras acciones y decisiones pasadas, buscando que superemos nuestras imperfecciones y dándonos la oportunidad, a través de la filosofía(2), de apreciar toda esta maravilla, lo cual es la mejor prueba de que Dios existe.

Sí, podemos hacer no algo, sino mucho, por ayudar a otros y a nosotros mismos en nuestra marcha vital hacia la realización. Para eso tenemos la voluntad, la chispa espiritual indestructible que es el hilo brillante que une nuestras efímeras encarnaciones.

Con nuestra mente ejercitada en la filosofía así entendida podemos, apenas nos decidamos seriamente a ello, dar más cuerda a los relojes que se están parando o ajustar el mecanismo de otros que se nos disparan, por ejemplo en ataques de pasión o ira.

Evidentemente nuestra posibilidad de modificación está limitada a nuestra propia jaula kármica y por nuestra propia debilidad para vencernos a nosotros mismos. Dejando de lado nuestros “contenedores” cósmicos, a los que no podemos acceder en nuestro actual momento evolutivo, y sobre los cuales es pérdida de tiempo dialogar, entra dentro de nuestras posibilidades inmediatas el llevar una vida física, psíquica y mental lo más natural posible y lo más descontaminada. Para abundar en claridad: no me refiero a hacer gimnasia o dejar de hacerla, usar azúcar o sacarina, convertir nuestro plano psíquico en un santuario o nuestra mente en un diamante impoluto; no. Me refiero a cosas más a nuestro alcance y que no respondan a modas ni a alienaciones pseudomísticas; simplemente: evitar intoxicarse física, psíquica y mentalmente. Como dirían los estoicos: “Nada en exceso”. Sólo eso. Y saber aceptar las bonanzas y las tormentas como hechos naturales.

NOTAS:

  • Karma: vocablo sánscrito que designa la ley de compensación, o de causa y efecto.
  • Filosofía: Amor a la Sabiduría, búsqueda de la Verdad.

Artículo redactado por Jorge A. Livraga

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Actividades mayo 2017

SEMANA MITOLÓGICA en  GANDIA LA FINESTRA CULTURAL

del 10 al 12 de mayo

 

 

El rapto de Perséfone

Miércoles 10 de mayo de 19:00 a 20:00

“La naturaleza dormida”

Entrada gratuita

 

 

 

Teseo y el minotauro

Miércoles 10 de mayo de 20:00 a 21:00

“El laberinto de la vida”

Entrada gratuita

 

 

Er, el armenio                                                                                                    

Jueves 11 de mayo de 19:00 a 20:00

“La inmortalidad del alma”

Entrada gratuita

 

Prometeo encadenado

Jueves 11 de mayo de 20:00 a 21:00

“El fuego interior”

Entrada gratuita

 

Narciso

Viernes 12 de mayo de 19:00 a 20:00

“La ilusión engañosa”

Entrada gratuita

 

 

 

 

Los doce trabajos de Hércules    

Viernes 12 de mayo de 20:00 a 21:00

“Las pruebas de la vida”

Entrada gratuita

 

TALLERES PERMANENTES

 

   **Chi Kung

Precio 10€/mes; gratuito para socios

 

**Tai Chi

Precio 10€/mes; gratuito para socios

 

**Meditación

Precio 10/mes; gratuito para socios

 

**Pilates

Precio 10€/mes; 20% descuento

 

**Taller de iniciación a la pintura

Precio 10€/mes; 20% descuento

 

**Mousiké

Música, poesía y movimiento

Precio 10€/mes; gratuito para socios

 

 

**Taller de remedios naturales

Impartido por Asunción Soria, naturópata

Precio 5€/taller; gratuito para socios

 

NUEVO TALLER

 

La música importa en la filosofía

“La música y el ritmo encuentran su camino en los lugares secretos del alma”. Platón

Cuando en una oportunidad le preguntaron al genio de Bonn, Ludwig Van Beethoven, qué era la música, él respondió: “La música es una revelación más alta que la ciencia o la Filosofía”. Siglos antes, Platón, el gran filósofo griego, decía que: “La música es un arte educativo por excelencia, se inserta en el alma y la forma en la virtud”. Es decir, son muchos y diferentes los conceptos que se tienen sobre la música, pero sabido es que este maravilloso arte fue sometido a una constante reflexión filosófica por grandes pensadores; lo que nos permite afirmar que la expresión musical se halla vinculada a la Filosofía desde sus inicios, ya que se trata de un arte que el hombre asoció con el origen del Universo.

Pitágoras, en el S. VI A.C.,  elaboró una concepción musical que le llevó a entender la escala musical como un elemento estructural del Cosmos; dándole a este arte una categoría a la vez científica y metafísica.

Muchos siglos después Robert Fludd, un importante físico, músico, alquimista y astrónomo inglés, basándose en las teorías pitagóricas sobre el origen de la música, dijo que ésta no fue una invención de los hombres, sino del Creador del mundo, quien hizo que los orbes celestes giraran en armonía, estableciendo la llamada “Armonía de las Esferas”; teoría que Pitágoras había defendido para demostrar que cada planeta producía una nota en el espacio y que todo en la música obedecía a un fundamento numérico. Pitágoras tenía la convicción de que el Cosmos y el alma estaban  ligados a las mismas proporciones numéricas de la armonía.

Pero no se piense que la Filosofía y la Música comenzaron a relacionarse en la Grecia clásica; pues el mismo Pitágoras formuló algunos de sus principios basándose en las anteriores doctrinas de los sacerdotes – músicos egipcios y de las escuelas mesopotámicas; quienes unieron música y pensamiento para crear un lenguaje capaz de comunicarse con los dioses; igual caso se da en el arte oriental, el filósofo chino Lu Chi (S. III – IV), indicó que el hombre sólo podía adentrarse en la Filosofía con la ayuda de la música y definió al ser “Como un sonido que surge del profundo silencio”.

Durante el Renacimiento, etapa en la que Galileo formuló numerosas teorías filosóficas– musicales, los pensadores hacían figurar la música como tema muy importante en sus investigaciones. Por otra parte el pensamiento platónico se mantenía vigente; Erasmo, admirador del filósofo griego, estaba convencido, como todo humanista, del valor ético de la música.

En el mundo moderno el filósofo latino Boecio decía que  “cualquiera que llega al fondo de sí mismo, sabe lo que es la música”; esta es una consideración filosófica, donde todo el conocimiento tiene un solo fin: la percepción clara del interior humano. Sin embargo en el transcurso del S.XVII y XVIII, la Filosofía y la Teoría Musical fueron separándose y sistematizándose.

En 1790 cuando Kant presentó la parte tercera de su “Crítica”, se convirtió en el primer filósofo moderno que concibió su teoría estética como parte integrante de un sistema filosófico. Su juicio le llevó a catalogar la música como forma y a entenderla como una expresión sublime de la razón; teoría en la cual se inspiró Schiller (autor de la “Oda a la Alegría”, que Beethoven incluyó en la parte coral de su Novena Sinfonía), mientras que Hegel en las primeras décadas del S. XIX tuvo la convicción de que lo material se espiritualiza en el arte y que por consiguiente el sonido se hace exaltación en la música.

El sentido indefinido de las formas musicales, su relación con los movimientos más recónditos del alma, llevaron a la música a una posición privilegiada no sólo entre las demás artes, sino también en los otros medios de conocimiento.

Después de estas reflexiones es posible que pueda entenderse mejor el mensaje de La Quinta, La Novena Sinfonía y la extraordinaria Misa Solemne de Beethoven, la Sinfonía Dante de Liszt, Así habló Zaratustra de R. Strauss, el Requiem de Mozart, La Creación de Haydn, La Pasión Según San Mateo de Bach,  El Mesías de Haendel, las óperas de Wagner y muchos otros monumentos musicales, fruto del pensamiento y el sentimiento que han dejado los grandes maestros.

Para concluir, podemos citar a Santo Tomás (S.XIII), quien dijo que la música es “la más noble de las ciencias humanas; cada uno debe procurar aprenderla con preferencia a las demás, ocupa el primer lugar entre las artes liberales”.

Extraído del blog Aztlan.

Filosofía y buen humor

 

Existe un prejuicio contra el humor entre los eruditos, que prefieren tratar de cuestiones ?serias?. Este rechazo se remonta quizá a las figuras del payaso y del bufón, de baja condición social. Entre los filósofos clásicos sólo Aristóteles trató acerca de la comedia, pero este texto se perdió.

La consideración moderna acerca del humor ha cambiado enormemente. El humor y la risa son considerados como actitudes propias del hombre, y que nos diferencian de los animales. El humor es una demostración de grandeza que pareciera decir que en última instancia todo es absurdo y que lo mejor es reír, como aquel condenado a muerte que llevan a la horca un lunes y exclama: “¡Bonita forma de comenzar la semana!”. El humor es una afirmación de dignidad, una declaración de superioridad del ser humano sobre lo que acontece.

Carecer de humor es carecer de humildad, es estar demasiado inflamado de uno mismo. El humor es una herramienta crítica de gran eficacia. El humor permite ver lo que los demás no perciben, ser consciente de la relatividad de todas las cosas y revelar con una lógica sutil lo serio de lo tonto y lo tonto de lo serio. A veces el mejor consejo es el que proviene de un chiste y no de una formulación teórica.

El chiste, el acertijo y la broma son excelentes y necesarios ingredientes de la sabiduría, ya que su esencia es precisamente la ruptura del orden lógico y del conocimiento formal con alguna salida que, como una chispa, ilumina bruscamente el entendimiento con una novedad, se desgrana en risa y deja un sabor de ingenio en la mente. Arthur Koestler ha mostrado repetidamente el cercano parentesco de la risa con el hallazgo y el descubrimiento en ciencia y en arte. ¡Ajá!, decimos en el momento en que se establece la claridad en la conciencia. ¡Ja, ja!, nos reímos cuando un chiste nos parece bueno por la inesperada ruptura con el orden esperado.

La filosofía y el humor están estrechamente relacionados. El sentido en el sin sentido que caracteriza al chiste, es también la forma de las paradojas, aporías, y acertijos de que se nutre la Filosofía. Jugar con la polisemia, y las múltiples acepciones, el disparate, los enlaces arbitrarios de dos representaciones contrastantes, diversas, ajenas, todo lo que a la Filosofía le ocupa como alguna que otra clase de sofisma, equívoco o paralogismo, son descripciones de las técnicas del chiste.

Por otra parte, la actitud filosófica requiere de una mirada bromista. El planteamiento de un problema filosófico necesita una mirada que pueda superar dogmas, ir más allá de una evidencia, un tabú, un prejuicio, o de otras inhibiciones propias del hombre. Filosofía, inteligencia sin humor, es esterilidad, artificialidad, robótica pura. Humor sin inteligencia es mal gusto, zafiedad. De la unión entre filosofía y humor, nace la creatividad, la fantasía lúdica, el juego de la lógica.

El sentido del humor es el término medio entre la frivolidad, para la que casi nada tiene sentido, y la seriedad, para la que todo tiene sentido. El frívolo se ríe de todo, es insípido y molesto, y con frecuencia no se preocupa por evitar herir a otros con su humor. El serio cree que nada ni nadie deben ser objetos de burla, nunca tiene algo gracioso para decir y se incomoda si se burlan de él. El humor revela así la frivolidad de lo serio y la seriedad de lo frívolo. Se trata de una virtud social: podemos estar tristes en soledad, pero para reírnos necesitamos la presencia de otras personas.

Pero en el humor no todo vale, como escribe Comte-Sponville: “Se puede bromear acerca de todo: el fracaso, la muerte, la guerra, el amor, la enfermedad, la tortura. Lo importante es que la risa agregue algo de alegría, algo de dulzura o de ligereza a la miseria del mundo, y no más odio, sufrimiento o desprecio. Se puede bromear con todo, pero no de cualquier manera. Un chiste judío nunca será humorístico en boca de un antisemita. La ironía hiere, el humor cura. La ironía puede matar, el humor ayuda a vivir. La ironía quiere dominar, el humor libera. La ironía es despiadada, el humor es misericordioso. La ironía es humillante, el humor es humilde“.

Comentarios acerca de la filosofía, el humor y la risa.

*Burlarse de la filosofía es ser un filósofo.
Blas Pascal

*Hay dos sistemas de conseguir la felicidad: Uno, hacerse el idiota, el otro, serlo.
Enrique Jardiel Poncela

*Sólo hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana. Y no estoy seguro de la primera.
Albert Einstein

*El animal más sufriente de la tierra se vio obligado a inventar la risa.
Friedrich Nietzsche

*Podría escribirse una obra filosófica buena y seria, compuesta enteramente de chistes.
Ludwig Wittgenstein

*La incongruencia que está en el centro de la mayor parte de los chistes es análoga a la adivinanza que está en el centro de la mayoría de los problemas filosóficos.
John A. Paulos

*He decidido reír y ser feliz porque además es bueno para la salud.
Francois Marie Arouet (Voltaire)

*La risa es la distancia más corta entre dos personas.
Víctor Borge

Anécdotas humorístico-filosóficas
*Cuando en una ocasión le preguntaron a San Agustín qué hacía Dios antes de crear el mundo, contestó: “Estaba creando un infierno para las personas que hacen preguntas como esa”.

*El Gallo (Rafael Gómez Ortega), fue un torero español muy famoso, hermano del más famoso aún Joselito, que se relacionaba con lo mejor de la sociedad de su tiempo. Cierto día alguien quiso presentarle a Don José Ortega y Gasset y al preguntar quién era este señor le contestaron que era el más eminente filósofo español del momento. Entonces, el matador pidió que le explicaran en qué consistía su profesión. “Los filósofos se dedican a pensar” le contestaron. Asombrado, el Gallo contestó “Hay gente pa’ tó”.

Anécdotas de Diógenes de Sinope

Cuando fue puesto a la venta como esclavo, le preguntaron qué era lo que sabía hacer, contestó: “mandar… comprueba si alguien quiere comprar un amo”.

Se decía que Diógenes iba por la calle en pleno día, con la lámpara encendida, diciendo “Busco un hombre”. Y así se refaría a que en realidad ninguno nos comportamos enteramente como seres humanos.

En otra ocasión le preguntaron por qué la gente daba limosna a los pobres y no a los filósofos, a lo que respondió: porque piensan que pueden llegar a ser pobres, pero nunca a ser filósofos.

Cuento taoísta
Había una vez dos monjes que paseaban por el jardín de un monasterio taoísta. De pronto uno de los dos vio en el suelo un caracol que se cruzaba en su camino. Su compañero estaba a punto de aplastarlo sin darse cuenta cuando le contuvo a tiempo. Agachándose, recogió al animal. “Mira, hemos estado a punto de matar este caracol, y este animal representa una vida y, a través de ella, un destino que debe proseguir. Este caracol debe sobrevivir y continuar sus ciclos de reencarnación.” Y delicadamente volvió a dejar el caracol entre la hierba. “¡Inconsciente!”, exclamó furioso el otro monje. Salvando a este estúpido caracol pones en peligro todas las lechugas que nuestro jardinero cultiva con tanto cuidado. Por salvar no sé qué vida destruyes el trabajo de uno de nuestros hermanos.
Los dos discutieron entonces bajo la mirada curiosa de otro monje que por allí pasaba. Como no llegaban a ponerse de acuerdo, el primer monje propuso: “Vamos a contarle este caso al gran sacerdote, él será lo bastante sabio para decidir quien de nosotros dos tiene la razón.”
Se dirigieron entonces al gran sacerdote, seguidos siempre por el tercer monje, a quien había intrigado el caso. El primer monje contó que había salvado un caracol y por tanto había preservado una vida sagrada, que contenía miles de otras existencias futuras o pasadas. El gran sacerdote lo escuchó, movió la cabeza, y luego dijo: “Has hecho lo que convenía hacer. Has hecho bien”. El segundo monje dio un brinco. “¿Cómo? ¿Salvar a un caracol devorador de ensaladas y devastador de verduras es bueno? Al contrario, había que aplastar al caracol y proteger así ese huerto gracias al cual tenemos todos los días buenas cosas para comer. El gran sacerdote escuchó, movió la cabeza y dijo “Es verdad. Es lo que convendría haber hecho. Tienes razón.”
El tercer monje, que había permanecido en silencio hasta entonces, se adelantó. “¡Pero si sus puntos de vista son diametralmente opuestos! ¿Cómo pueden tener razón los dos?” El gran sacerdote miró largamente al tercer interlocutor. Reflexionó, movió la cabeza y dijo: “Es verdad. También tú tienes razón.”
Extraído de Bernard Werber. “El día de las hormigas”. Ed. Plaza & Janés. 19

Greguerías de Ramón Gómez de la Serna
La greguería es el atrevimiento a definir lo que no puede definirse, a capturar lo pasajero, a acertar o a no acertar lo que puede no estar en nadie o puede estar en todos. Es para mí la flor de todo lo que queda, lo que vive, lo que resiste más al descreimiento.

· Aburrirse es besar a la muerte.
· Los monos no encanecen porque no piensan.
· El filósofo antiguo sacaba la filosofía ordeñándose la barba.
· Era tan moral que perseguía las conjunciones copulativas.
· Si te conoces demasiado a ti mismo, dejarás de saludarte.
· La cabeza es la pecera de las ideas.
· Hay un momento en que el astrónomo, debajo del gran telescopio, se convierte en microbio del microscopio de la luna que se asoma a observarle.
· El Pensador de Rodin es un ajedrecista a quien le han quitado la mesa.

Humor filosófico
Primera Ley de la Filosofía: por cada filósofo, existe un filósofo igual y opuesto
Segunda Ley de la Filosofía: ambos están equivocados

La Filosofía en un juego con objetivos pero sin reglas
Las Matemáticas son un juego con reglas pero sin objetivos
La Teología es un juego cuyo objeto es poner reglas a lo subjetivo

Artículo redactado por Juan Carlos del Río

El saber “científico” y el saber “filosófico”

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“El hombre, pequeña parte de tu creación, quiere alabarte. Tú mismo le incitas a ello, haciendo que encuentre sus delicias en tu alabanza, porque nos has hecho para Ti y nuestro corazón está inquieto mientras no descansa en Ti” (San Agustín, Confesiones).

Decía Federico García Lorca: “Sólo el misterio nos hace vivir. Sólo el misterio”. Y tanto Jorge L. Borges como Lewis Carroll, que comparten el honor de ser los autores no científicos ni filosóficos más citados en obras de filosofía y de ciencia, nos ofrecen en sus obras, como el mayor atractivo para su lectura, ese elemento inquietante que nos lleva al asombro, a la perplejidad; esa llamada que nos hace imaginar otros mundos y nos obliga también a pensar y a buscar una razón que nos dé respuestas para vivir en este, sobrecogidos ante tanto misterio.

¿Qué es el tiempo, la vida, quiénes somos cada uno y qué hacemos aquí? ¿Cómo nació toda esta inmensidad que podemos contemplar cuando miramos al cielo o nos adentramos en las profundidades de los mares? ¿Por qué nos empeñamos en hacerle daño a la Tierra que nos lo da todo, hasta nuestro propio cuerpo, y en contaminar el aire hasta hacerlo a veces tan irrespirable? ¿Qué sentido le estamos dando a nuestro deambular por el mundo y para qué, en definitiva, hemos venido? ¿Cuáles son las leyes que hacen funcionar tan armónicamente, aun a pesar nuestro, tanta diversidad y tan infinita belleza? Etc. etc. etc.

A esta búsqueda de respuestas, al origen y las causas que existen detrás de todo, a esta especie de atracción amorosa e irresistible hacia el conocimiento que, a la vez, nos produce una cierta inquietud al no contar con respuestas claras que nos satisfagan, es a lo que llamamos filosofía. Pero también la ciencia es una afanosa búsqueda que, por distintos caminos de investigación, se funde a veces con la filosofía, ya que son las mismas inquietudes las que llevan al filósofo y al científico hacia nuevos descubrimientos que van abriendo paso e iluminando el camino del hombre en su transitar por el mundo.

¡El hombre! ¿Existe mayor incógnita que él mismo, un ser que es pura paradoja, tan cambiante, tan transitorio y a la vez tan eterno?

Se ha dicho y repetido que el hombre es filósofo por naturaleza. Pero entonces viene la ciencia y se pregunta: ¿dónde reside ese deseo o esa necesidad de encontrar respuestas, en qué lugar de nuestro cuerpo se aloja, en nuestro corazón, en nuestra mente? Los científicos han estado investigando y han descubierto que el cerebro humano ha sido genéticamente diseñado para sustentar creencias espirituales, o sea, que hay un espacio físico en nuestro cerebro donde se asienta nuestra conciencia. También hemos sabido últimamente, gracias al estudio de la antropología, que “lo sagrado es un elemento de la estructura de la conciencia, no un estado de la historia de esa conciencia”, según ya afirmaba Mircea Eliade en su monumental obra sobre la historia de las creencias y las ideas religiosas, en contra del positivismo reinante.

La vida cotidiana puede ser realmente una aventura apasionante. Pero además, podemos hacerla muy entretenida y mucho más interesante si la enriquecemos dando un contenido filosófico a lo que hacemos en cada momento, desde lo más cotidiano a lo que irrumpe intempestivamente de forma inesperada. Para esos golpes bruscos que aparecen de golpe y que nos pueden zarandear hasta hundirnos si no estamos suficientemente preparados y bien agarrados a nuestro eje central, una verdadera preparación filosófica nos puede salvar del bache, incluso hacernos más fuertes y mejores tras superar la prueba. La experiencia de haber vivido momentos difíciles y haber sabido afrontarlos con entereza nos va a dar una gran seguridad y nos va a afianzar en el camino que hemos elegido.

Simplemente observando las cosas y los procesos de cambio y evolución que cada una conlleva, vamos cada día modificando nuestras actitudes y sentimientos hacia ellas y, al mismo tiempo, nos vamos conociendo un poco más a nosotros mismos y podemos ir creciendo al extraer siempre una experiencia positiva de lo vivido. Así avanzamos y podemos ir descubriendo poco a poco que la filosofía, la simple y natural búsqueda de la verdad y de lo que puede haber detrás de cada acontecimiento, da efectivamente respuestas cada vez más satisfactorias a nuestras inquietudes trascendentes, y es el mejor soporte para entender lo que la razón o la religión no son capaces de explicarnos ¿O sí?

Dos científicos de la Universidad de Pensilvania, Eugene d’Aquili y Andrew Newberg, profesor de psiquiatría y antropólogo dedicado al estudio de las religiones el primero, y médico especialista en neurofisiología y medicina nuclear el segundo, han hecho públicas sus investigaciones sobre los efectos de la meditación y la plegaria en el cerebro humano y han creado una nueva rama del saber: la neuroteología. La palabra ya fue utilizada por Aldous Huxley para denominar la disciplina dedicada a entender las complejas relaciones entre la espiritualidad y la actividad física del cerebro. Durante dos años, Newberg estudió las funciones y los riegos sanguíneos del cerebro de ocho budistas tibetanos durante su meditación y de un grupo de monjas franciscanas mientras rezaban ensimismadas sus oraciones. Según estos dos científicos, la oración y la meditación activan algunas funciones cerebrales que son las que crean la sensación de plenitud absoluta y de comunión trascendental. Los investigadores de Pensilvania subrayan que el cerebro está programado para ayudar a los hombres a sobrevivir en un mundo cruel y agresivo, dando un sentido a su existencia.

Se ha demostrado también que la estructura del cerebro no es tan estática como se pensaba hace unos años. Estudios recientes han demostrado que el cerebro cambia constantemente, y su estructura y función se modifican según sea el comportamiento del individuo, amoldándose a cada circunstancia. La meditación de un monje budista o la plegaria de una monja católica tienen unas repercusiones físicas en el cerebro, concretamente en los lóbulos prefrontales, que provocan el sentido de unidad con el cosmos que experimenta el monje, o de proximidad a Dios que siente la religiosa. Estas experiencias y sensaciones nacen de un hecho neurológico: la actividad de los lóbulos prefrontales del cerebro, que son los que corresponden a la capacidad de concentración, de perseverancia, de disfrutar, de pensar en abstracto, de la fuerza de voluntad, del sentido del humor y, en último término, de la integración armónica de nuestro propio yo con todo lo que nos rodea.

D’Aquili y Newberg han intentado responder a cuestiones como el origen de la elaboración de los mitos, la conexión entre el éxtasis religioso y el orgasmo sexual o los datos que aportan las experiencias próximas a la muerte, sobre la naturaleza de los fenómenos espirituales. Ellos han investigado de dónde proviene esa necesidad humana de crear mitos para explicarse el mundo, buscando en la mitología y en las religiones esa tendencia innata del ser humano a sentirse unido a la Naturaleza formando parte del cosmos y a creer en un Dios infinito y poderoso como Creador Supremo de toda la existencia. No existe religión ni tradición popular que no crea en la existencia de Dios y en la inmortalidad del alma. Esto es un hecho ya demostrado por los antropólogos, y ahora resulta que, además, esto se puede observar, grabar y fotografiar estudiando científicamente los mecanismos del cerebro. O sea, que Dios está, en palabras de estos investigadores, cableado en el cerebro humano.

Otro investigador, el Dr. Richard Davinson de la Universidad de Wisconsin, muestra que podemos actuar sobre los lóbulos prefrontales, ya sea con medicamentos (como el famoso Prozac) o con la meditación. Lo que ocurre es que al suprimir los fármacos los efectos concluyen, mientras que las repercusiones de la meditación permanecen. Defiende sin miedo este investigador que el ejercicio continuado de la meditación influye positiva y decisivamente sobre esta parte del cerebro y, por lo tanto, sobre el comportamiento humano. Es muy posible que, en un futuro no muy lejano, la prescripción médica de momentos de meditación sirva para mejorar nuestro carácter o cualquier deficiencia de comportamiento.  th

 

Muchos pensadores materialistas (no me atrevería a llamarles filósofos, ya que la filosofía busca más allá de lo material que a ellos les limita), creen que la religión es una invención psicológica que nace de la necesidad de aliviar los miedos existenciales y encontrar así la comodidad de esos anclajes en medio de un mundo confuso y lleno de peligros. Pero ya hemos visto que el impulso hacia lo espiritual arraiga en la biología del ser humano. El hombre comienza sintiendo el impulso religioso y encuentra la verdad en la filosofía que une todas las religiones, las ciencias y las artes, iniciando un camino de búsqueda ya imparable para el que ha sido herido por la flecha divina que despierta su amor por la sabiduría. Este conocimiento es lo que le equilibra y le va a dar fuerzas para sobrevivir en medio de los vaivenes de la vida, pues a medida que va descubriendo lo que hay detrás de lo que sus sentidos perciben o experimentan sus sentimientos, se da a sí mismo respuestas que le hacen feliz para continuar aun en medio del mayor dolor.

He hablado antes de religión como el inicio del despertar de la conciencia en el hombre, pero quiero aclarar que cuando digo religión no me refiero a ninguna en particular, sino al sentimiento religioso de unión con lo divino innato en el ser humano que es, precisamente, lo que nos diferencia de los animales, incapaces estos de tener conciencia de sí mismos y de concebir la divinidad. Entender el paso del tiempo y la realidad de la muerte nos hace humanos. Según ha investigado la moderna antropología, los antiguos enterraban a sus muertos orientados hacia el oeste para solidarizar la suerte del alma con el curso del Sol, lo que implica la creencia en que la vida continuaba ahora más allá de lo visible a nuestros ojos, de la misma manera que el Sol se ocultaba, para volver a renacer en una nueva encarnación, es decir, que, después de un tiempo de descanso volverá, como el Sol, para amanecer a un nuevo día y continuar su camino de evolución en la materia de un cuerpo nuevo.

Para comprender la diversidad de las religiones sería necesario un análisis muy serio y un estudio comparativo de las grandes religiones de la Antigüedad, decía H. P. Blavatsky. La ciencia tendría que indagar sistemáticamente las operaciones de la Naturaleza a través de sus leyes inmutables y sacar conclusiones, comparando a la vez las explicaciones transmitidas en sus mitos por los pueblos antiguos. Ahora sabemos que la tradición oral recogida en las mitologías no es más que nuestra propia historia contada por nuestros antepasados que, a través de afirmaciones fabulosas querían darnos a entender verdades importantes y conocimientos profundos que tendríamos que saber desvelar.

Recuperar esta sabiduría que nos legaron los antiguos con sus tradiciones y han ido corroborando de diferentes formas todas las escuelas de filosofía, tanto de Oriente como de Occidente, va a ser, cuando sepamos entenderlo, nuestro mejor soporte para vivir la cotidianidad en un estado interiormente feliz y en armonía con las personas y las circunstancias que nos rodean.

Artículo redactado por Maria Angustias Carrillo de Albornoz

 

Actividades enero 2017

 

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12 de enero, jueves, de 19:00 a 21:00h

Taller: Mousiké, música, poesía y movimiento

Un pequeño gran taller que busca la armonía y el equilibrio personal

Clases quincenales. Precio: 10€/mes; gratuito para socios

 

13 de enero, viernes, 19:30h

Charla: Filosofía de las flores del Dr Bach

Las flores del Dr Bach son más que una medicina natural.

Conferencia impartida por Asunción Soria, naturópata.

Entrada libre

 

14 de enero, viernes, de 11:00 a 13:30h

Taller: Escritura creativa

Para desarrollar tu creatividad y dejarla reflejada en palabras. Taller realizado por el escritor Ramón Sanchis

 

Incorpórate en esta clase. Precio 20€/mes

 

27 de enero, viernes, 19:00h

Precio: 5€/taller; socios 1€/taller en concepto de material

Taller de Remedios Naturales

Taller teórico-práctico sobre remedios naturales con la intención de realizar nosotros mismos nuestro propio botiquín y mejorar nuestra educación alimentaria.

 

Semana filosófica, del 16 al 20 de enero, de 18:00 a 19:00h y de 19:00 a 20:00h

Talleres de Filosofía

La semana del 16 al 20 llevaremos a cabo distintas clases sobre temas filosóficos de todos los tiempos, si estás interesado en asistir a algunas de estas clases, échale un vistazo a los distintos temas que ofrecemos en nuestra entrada anterior, y háznoslo saber con un mensaje a lafinestrafilosofica@gmail.com

Entrada gratuita

 

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 TALLERES PERMANENTES

Todos los lunes a las 18:30 h                                                                cartell_chi kung

Taller: Chi kung…más que una gimnasia

Precio: 10€/mes; socios 20% desc

 

Todos los martes de 18:00 a 19:00h

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Taller de meditación, grupo de tarde

Precio: 10€/mes; socios 20% desc

 

 

 

Todos los martes y jueves                                                                             taller-pilates

Taller de pilates, los martes de 16:45 a 17:45h

Taller de pilates, los jueves de 10:00 a 11:00h

Precio: 10€/mes; socios 20% desc

Se puede asistir a los dos grupos por 20€/mes; socios 20% desc

 

Todos los jueves a las 18:00h

Taller: Iniciación a la pintura             cartell_pintura

Para todas las edades

Precio: 10€/mes; socios 20% desc

 

 

 

Semana Filosófica

Estamos preparando una jornada filosófica para acercar la filosofía a toda la gente durante el mes de enero.

Las clases están descritas abajo enumeradas según la fecha y hora en la que comienzan.

Son gratuitas…Si estás interesado en asistir a alguna de ellas, ¡no te cortes!, mándanos un email a lafinestrafilosofica@gmail.com con tu nombre y apellidos y la clase o clases a la que te gustaría asistir.

Te guardamos un sitio ; )

 

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