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Aniversario Dante

Este mes se celebra el séptimo centenario de Dante Alighieri. Por esta razón, os traemos el artículo

Las ilustraciones de William Blake de la Divinia Comedia…

…escrito por José Carlos Fernández y extraído de la Revista Esfinge.

William Blake Dante
Retrato de Dante, ilustrado por William Blake.

Todos reconocemos en Dante (1265-1321) al verdadero precursor del Renacimiento, con otros autores del llamado Trecento (siglo XIV) que lo aceptarían como maestro, Petrarca y Boccaccio, por ejemplo, y con Florencia como centro de irradiación (a pesar de las críticas que hace Dante, uno de sus hijos predilectos, a esta ciudad, debido a las convulsiones políticas y morales).

Su idea de «monarquía universal» sería determinante para el llamado Estado moderno y el poder cada vez mayor de los reyes como imagen del Rey del Mundo.

El cómo entrelaza en la Divina comedia personajes e ideas propiamente medievales y cristianas con héroes clásicos griegos y romanos y con sus mitologías marca el retorno de una nueva cosmovisión, alentada por el renacido fuego de Vesta y sus águilas, buscando nuevos corazones en que arder y una nueva conciencia en que aletear poderosamente: una nueva tierra y materia que elevar a su empíreo. Claro que estas son solo las primeras gotas, tímidas, precursoras de la lluvia, o las primeras hebras de fuego y luz divina en un mundo oscuro y pétreo agitado por la violencia, el sueño de las almas, la brutalidad y la inercia.

De hecho, la primera matriz del Renacimiento se dio eficaz pero silenciosamente (sin demasiados anuncios doctrinales ni propagandas) en la obra y el ideal templario. Y es su antorcha en su trágico final la que parece que Dante hubiera recogido piadosamente. No olvidemos tampoco, y después, al amigo de Petrarca, Cola de Rienzo (el Rienzi del drama wagneriano, que vivió entre 1313 y 1354), quien fue en lo político lo que Dante en lo literario, y de quien es fácil pensar que se trata el gran iniciado detrás (o delante) de las fuerzas espirituales y civilizatorias de ese siglo. Sería realmente interesante saber qué hubiera dicho de él en su Comedia.

La conmoción que generó Dante en su tiempo y siglos sucesivos es visible en el número de ediciones de esta obra, la Divina comedia, de la que aun antes de estar concluida, sus versos eran recitados por toda Italia. Pero también asistimos a este impacto emocional, religioso, en las representaciones artísticas que se hicieron de las diferentes escenas del Infierno, el Purgatorio y el Paraíso. Los manuscritos iluminados en todo el siglo XIV y el XV, el fresco en la iglesia de Santa María Novella (pintado en 1357 por Nardo di Cione) o las asombrosas, y poco conocidas aún, más de cien ilustraciones que hizo del libro el mismísimo Botticelli, o las de Federico Zuccari en la corte de Felipe II de España, dan fe del furor creativo que despertaron las ideas y el magno poema escrito por Dante.

Y aunque el Barroco no dio demasiada importancia a ilustrar esta obra, los dibujos de contorno de John Flaxman en 1793 y, en el siglo XIX, los grabados de Tommaso Piroli y de Gustave Doré van a divulgar las escenas con las que imaginamos, generalmente, los diferentes pasajes de la Divina comedia. La obra escultórica formidable en bronce de Augusto Rodin, Las puertas del Infierno, de casi siete metros de altura y cuatro de ancho, es también, y evidentemente, dantesca. Casi nos parece oír el cartel de advertencia en la misma según el poeta florentino:

william blake y dante
File: Illustrations to Dante’s Divine Comedy object 4 Butlin 812-4 The Inscription over Hell-Gate.jpg. Wikimedia Commons

«Per me si va ne la città dolente,

per me si va ne l’etterno dolore,

per me si va tra la perduta gente.

Giustizia mosse il mio alto fattore;

fecemi la divina podestate,

la somma sapïenza e ‘l primo amore.

Dinanzi a me non fuor cose create

se non etterne, e io etterno duro.

Lasciate ogne speranza, voi ch’intrate».

«Por mí se va a la ciudad del llanto; por mí se va al eterno dolor; por mí se va hacia la raza condenada. La justicia animó a mi sublime arquitecto; me hizo la Divina Potestad, la Suprema Sabiduría y el primer Amor. Antes de mí no hubo nada creado, a excepción de lo inmortal, y yo duro eternamente. ¡Oh, vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza!».

Blake se interesa por Dante

En Inglaterra, la obra de Dante es conocida por vez primera en 1782, año en que Charles Rogers hace la primera traducción de El Infierno. La primera versión completa en inglés es la de Henry Boyd, publicada en 1802.

Es lógico que el pintor y poeta William Blake, que también era visionario y profeta, se interesara por esta obra de Dante, con imágenes tan plásticas y vigorosas, tan apelativas para un alma sensible. Recordemos que este pintor, Blake, que muchos consideraron loco, vivía en una realidad paralela y real, en que hablaba con santos, ángeles y todo tipo de espíritus de la naturaleza, y desde niño. De ese mundo interior y sutil nacerían tan bellísimos poemas e ilustraciones, desde las joyas líricas de Songs of Innocence hasta los monumentales libros proféticos, realmente misteriosos, como el Libro de Urizen o el Matrimonio del Cielo y el Infierno, con sus famosos proverbios dionisíacos (por ejemplo, «Las prisiones son construidas con las piedras de la ley, los burdeles con los ladrillos de la religión»).

Así, cuando recibió el encargo de uno de sus discípulos y amigos para ilustrarla, aunque el poeta tenía ya setenta años, comenzó a trabajar febrilmente, lo que implicaba no solo leer y meditar sobre los versos de Dante, sino entrar en el alma misma de su creador, debatirse furiosamente con y contra sus imágenes, dialogar con ellas. Se decidió, incluso, a aprender, ya con su edad, la lengua italiana para poder entrar en el encantamiento de sus ritmos y música, de sus diseños y formas mentales netas, directamente, sin tener que pasar a través de los diseños y formas mentales propios de una lengua, y además tan diferente, como era la inglesa.

Muchas veces sus amigos lo encontraban en la cama, con un gran cuaderno de hojas de 53 x 37 cm, pintando escena a escena, las que a él le llamaban más poderosamente la atención, sin un programa aparentemente definido. De hecho, realizó 72 láminas del Infierno (varios, por tanto, a veces de un único Canto), 20 del Purgatorio y 10 del Paraíso.

Blake murió sin terminar esta obra. Además, curiosamente, Lionell, el amigo que lo incitó a trabajar en ella —para tener una excusa para ayudarle económicamente—, es posible que tampoco quisiera editarla, lo que no sería nada fácil por cierto. Muy pocos de los cuadros fueron terminados y pasados a buril a planchas. Recordemos que esta era la verdadera profesión de William Blake, pues desde adolescente fue grabador, lo que le permitió ilustrar él mismo no solo los diseños de sus diferentes libros, sino también las planchas de impresión de los mismos.

Tan solo once láminas están firmadas, o sea, terminadas. Muchas son simplemente esbozos, y otras fueron rehechas una vez y otra; en otras, solo hay color en ciertas partes. Blake trabajaba con furor, yendo de una a otra según sus lecturas y meditaciones, sus estados de ánimo, o simplemente la electricidad anárquica de su inspiración dionisíaca.

Blake dante inferno
William Blake: English: illustration to Dante The Divine Comedy, Inferno, Canto I, 1-90. Wikimedia Commons

Según explica Maria Antonietta Terzoli en su artículo «El más allá de Dante: entre mitología clásica y teología cristiana», incluido en la excelente obra William Blake, la Divina comedia de Dante, editada por Taschen y que estoy usando como guía:

«El grado de ejecución va del mero boceto a las láminas completamente terminadas, lo que permite formarse una idea precisa de la forma de trabajar del artista. Básicamente podemos distinguir tres fases en el proceso de realización. En primer lugar se esbozan con el lápiz, a veces también con tiza, la estructura de la composición y los aspectos fundamentales de la narración, con correcciones enérgicas y exploración de alternativas. En el siguiente paso se procede a la coloración, que se aplica con virtuosismo y de manera muy diferenciada. Las figuras se modelan de manera lírica o expresiva, polícroma o monocroma, con líneas fluidas o destacándolas con fuerza, trabajando los aspectos principales de la composición y la narrativa, y fijando asimismo la incidencia de la luz y las cualidades atmosféricas. Una y otra vez se aplican nuevas capas sobre la pintura habitualmente seca, de manera que al final se consigue un efecto de profundidad muy transparente. Por último, el artista interviene de nuevo con la pluma, remarcando los contornos de los protagonistas y acentuando la estructura de un fondo paisajístico. La idea de Blake sobre la relación entre diseño y color se expresa en la siguiente frase: “[…] todo depende de la forma o el contorno. […] Si esto falla, la coloración nunca puede ser correcta […]”. Gracias a su dominio absoluto de los medios técnicos, Blake consigue explotar toda la panoplia de experiencias existenciales, desde los lóbregos suplicios infernales hasta la luminosa felicidad del Paraíso».

Blake y su propio criterio

Blake, aunque reconoce el genio poético de Dante, lucha con él y su Divina comedia, no acepta su visión del Infierno como el lugar de los castigos, ni el maniqueísmo que impregna su obra, ni mucho menos cree en la humillación y el sufrimiento como pago de los errores cometidos. Para él, esta dialéctica de castigo y error era simple superchería. Y desde luego su Dios es el del perdón, no el del castigo. Según la antigua visión gnóstica y aun teosófica, el Dios que cela este mundo, el Jehová bíblico (asociado a Saturno-Luna), no es la Luz Divina omnipotente, sino el Amo de la Caverna, un Dios iracundo y celoso, que se hace adorar y temer y que quiere al alma esclava de sus leyes, que son las de la sumisión y la vergüenza y no la de las almas libres, señoras de sí mismas, interviniendo con su poder, inteligencia y amor con el mismo plan evolutivo que es la existencia. Blake considera materialista la visión del mundo de Dante. Y para él, imbuido en medio de sus alucinantes visiones —semejantes a las de Swedenborg, a quien admiraría y criticaría al mismo tiempo—, según dice: «Todo en la Comedia de Dante muestra que, por razones tiránicas, ha hecho de este mundo el fundamento de todo y señora a la diosa Naturaleza, la Naturaleza es su inspiradora y no el Espíritu Santo. Como dijo el pobre Shakespeare: Naturaleza, tú eres mi diosa».

Blake dante
Dante y Beatriz en el Cielo, en la constelación de Géminis, ilustración de William Blake.

No entendemos muy bien por qué esta oposición innecesaria. Los estoicos armonizaron con su filosofía y ejemplos Logos y naturaleza; cada uno de ellos es la expresión del otro. Logos es naturaleza ideal, en la mente divina. Naturaleza es el Logos mismo impregnando, ordenando y dignificando con sus poderes creadores a la misma.

Aun a pesar de su rebeldía ante la filosofía de Dante, Blake es estrictamente fiel al texto y a las imágenes poéticas del poeta florentino. Solo que a veces hace anotaciones exponiendo, para sí mismo, lo que piensa. Anotaciones que serían invisibles en la pintura final, pero que ahí están dejando constancia de sí, pues quien calla otorga.

Como dice la autora del artículo antes mencionado, lo que retrata William Blake son tipos, categorías humanas, no individualidades, y menos, personajes de carne y hueso. Dante y Virgilio, su maestro y guía en el Infierno y el Purgatorio, son así casi gemelos en las ilustraciones de Blake, gemelos y asexuados, como almas. Uno va de azul, la serenidad, y otro de rojo, la pasión, pues está vivo y su cuerpo proyecta sombras y pesa. No como en las ilustraciones de Botticelli, en que Virgilio asume mayor tamaño, especialmente cuando le lleva y protege, como a un niño en su regazo. Y en este último, Beatriz es figurada, directamente, como una diosa.

Siendo como siempre la pintura de Blake casi onírica y sus imágenes, texturas y colores irreales, es asombroso como juega con la «música de los colores», o sea, con los diferentes estados de ánimo que provocan en el espectador, como si estuvieran vivos. Como dice la autora de este artículo, «la luz y el color como portadores de significados autónomos», con «dramáticos claroscuros, los nubarrones de mal augurio y el fuego vivo del averno, la plácida luz de la luna, los amenazadores esperanzadores, los paisajes paradisíacos y la luminosidad esplendorosa del Empíreo». Agregamos nosotros el amarillo verdoso pálido, casi enfermizo de una Fortuna que tienta y ofrece, pero que no va a perdonar el fruto comido; o el gris sucio, difuminado, de esa lluvia barrosa donde retozan como cerdos los hundidos en el círculo de los glotones (y que tan pavorosa y gráfica es en el texto de Dante); el rojo llameante y tiznado de la lujuria que agita e impele a los amantes a satisfacer sus pasiones; o las flamas triangulares, con sombras rojas y azules en que arden los gigantes que presiden la entrada en el Infierno; el verde esmeralda, esperanzado, de las cornisas del Purgatorio; el azul noche de inspiración en que arden frías las estrellas blancas, al ser Dante raptado por Lucía —la gracia y luz del alma, en cuanto guía— y llevado en sueños hasta la entrada del Purgatorio; o el rosa inflamado del amor de las escenas del Paraíso, el color de la caridad cuando se difunde en el blanco de la pureza, aunque su color verdadero sea el rojo inmaculado, puro. En este Paraíso, la paleta de colores difumina y entrelaza los siete colores del iris, diluidos en luz en tonalidades que decididamente no son de esta tierra.

blake dante inferno
Santa Lucía lleva a Dante, en su sueño, a la entrada del Purgatorio.

Algunos diseños, solo esbozos, son prodigiosos, como el de la Rosa Mística que conforman todas las almas en el Paraíso con la Virgen María, la Madre del Mundo, coronándola con un espejo vuelto hacia Dios. Si en el texto de Dante es sublime lo que sugiere, no lo es menos cómo lo ve y pinta William Blake. Solo nos apena profundamente que no hubiera terminado y coloreado esta lámina.

Y de las terminadas, es gloriosa, en sentido literal, la de Beatriz apareciendo en el carro empujado por un grifo celeste, que muchos autores quieren que sea Cristo mismo, que tira de la Iglesia. Inmóvil, es puro movimiento y torbellino de lirismo: el dosel azul cielo con los ojos como los del pavo real; el giro de la rueda queriendo simbolizar la afirmación bíblica de «el espíritu estaba en las ruedas»; el velo dorado[1] y florido de Beatriz —el alma Inmortal— coronada; las tres damas danzando, que figuran en el color blanco nieve, verde esmeralda y rojo fuego, la fe, la esperanza y la caridad, etc.

william blake dante
Beatriz dirigiéndose a Dante, ilustración de William Blake.
https://es.m.wikipedia.org/wiki/Archivo:Beatrice_Addressing_Dante_(by_William_Blake).jpg

Los gestos son desmedidos y teatrales, congelados en su vivo dinamismo, y agitan las ondas astrales con un gran dramatismo emocional. Así, todo es vida, luz y movimiento, en el Infierno, en el Purgatorio o en el Paraíso, pues como dijo William Blake en sus Proverbios del Infierno, aunque «el necio no ve el mismo árbol que ve el sabio», el árbol es el mismo y «la eternidad está enamorada de los frutos del tiempo». Y es ese amor el que se convierte en actividad incesante.

[1] Aunque en el texto de Dante las vestimentas incorporan los tres colores de las virtudes teologales (blanco de la fe, verde de la esperanza y rojo de la caridad), el resultado es un velo dorado.

Poesía en búlgaro

Autor: Hristo Botev

MI PLEGARIA

Bendito sea 

Dios nuestro…

¡Oh, mi Dios, Dios justo!

No tú, que estás en el cielo,

sino tú, en mí, en uno,

en mi corazón y alma…

¡No tú, a quien le rezan

los santones y los popes

y a quien queman velas

los ortodoxos capirotes;

no tú, quien has creado

al varón y la mujer del barro

y al hombre has dejado

ser esclavo en la tierra;

no tú, quien has ungido

a papas, reyes, patriarcas,

y marcado con desdicha

a mis hermanos hambrientos;

no tú, quien al esclavo dictas

rezar, someterse,

y le nutres hasta la tumba

con falsas esperanzas;

Sino tú, Dios del intelecto,

defensor de los caídos,

cuyo día los pueblos

festejarán ya muy pronto.

Inspira a cada uno

amor por la libertad vivo,

para que a muerte luche

contra los adversarios de la vida.

Afianza y mi mano…

Y cuando el esclavo se levante rebelado

que yo y mi tumba halle

en el campo de batalla.

No dejes que se enfríe

el corazón fiero en tierras ajenas

y mi voz se desvanezca

amortiguada en el baldío…

COMPARTIENDO EL BOTÍN

Somos hermanos de espíritu, tú y yo,

abrigando los mismos ideales,

y creo que no existe nada en este mundo

de lo que nos debamos arrepentir, tú y yo.

La posteridad nos juzgará,

hicimos el bien o el mal,

pero por ahora, mano a mano,

¡caminemos hacia adelante, con pasos más seguros!

El sufrimiento y la pobreza en una tierra extranjera

fueron nuestros compañeros de vida,

pero los compartimos como hermanos

y los compartiremos de nuevo, los dos…

Compartiremos coros de reprimenda, tú y yo,

y sufriremos la burla de los tontos,

sufriremos, pero no lloraremos

bajo tormento humano de ningún tipo.

Y no inclinaremos nuestras cabezas

ante pasiones e ídolos profanos:

nuestras dos tristes liras

nos han contado lo que hay en nuestros corazones.

Así que adelante ahora, con espíritu e ideales,

a compartir por última vez el botín:

a cumplir con nuestro juramento sagrado,

¡hacia la muerte, hermano, vayamos hacia la muerte!

El profeta de Khalil Gibran

Hacia el año 1923, el escritor libanés Khalil Gibran publica «El Profeta», esta obra será no sólo la de mayor éxito sino la más madura de cuantas escribe.

Filósofo y poeta, Gibran pasó muchos años pensando en el libro y esperando siempre momentos especiales. «Este libro es sólo una pequeña parte de lo que he visto y de lo que veo cada día, una pequeña parte de las muchas cosas que anhelan expresarse en los silenciosos corazones de los hombres y en sus almas. El Profeta es sólo la primera letra de una sola palabra.»

Cuando algunos le preguntaron como había sido escrito contestó: «El libro me ha escrito a mí». Estaba refiriéndose a que él era transmisor de una enseñanza universal que es patrimonio de la humanidad; si dejas que tu alma, libre de los egoísmos y estrecheces comunes, pueda viajar a mundos más puros entonces encuentra la fuente de conocimiento.

Él decía que «el Profeta» fue su segundo nacimiento y tomando como primero el biológico, el segundo es el nacimiento de la conciencia. En clave psicológica sería el alter ego de Kalil como diría Freud o, el «sí mismo» como diría Jung.

Presentándose con el nombre de Almustafá, el profeta, antes de partir del pueblo de Orfalase, a instancias de Almitra, la sacerdotisa, se dirige a los habitantes para decirles: «¿De qué otra cosa os puedo hablar sino de lo que veo vibrar en vuestras almas?».

Es entonces cuando nos acerca a los aspectos más importantes con los que toda persona se encuentra en su vida. Nos hará reflexionar sobre ellos, revisar nuestras ideas, nuestros sentimientos y nuestra actitud. Él nos abre la puerta para conocer y encontrarnos con el verdadero ser humano, aquel que se esconde tras las apariencias, el que puede emerger si sabemos esculpirlo.

En el amor: «el amor solo da de sí y nada recibe sino de sí mismo». En la amistad, «cuando vuestro amigo se calla, vuestro corazón continúa escuchando su corazón». Descubriendo qué es la alegría y la tristeza, «juntas llegan, y cuando la una viene a sentarse a vuestra mesa, recordad que la otra, dormida, os espera en vuestro lecho». En el trabajo de cada uno, «y trabajar con amor es estar unido con vosotros mismos, y con los otros y con dios». Profundizando sobre la verdadera libertad, «y si es un temor el que queréis disipar, el centro de este temor está en vuestro corazón y no en la mano que teméis». Y la generosidad, «poco dais si sólo dais de vuestros bienes, dais de verdad sólo cuando dais de vosotros mismos».

Y tras todo ese recorrido, apartando en cada giro un velo más nos descubrirá levemente los misterios de la vida y de la muerte con su lenguaje íntimamente poético y cargado de significado.

«¿Y qué es cesar de respirar sino liberar al aliento de sus mares agitados, a fin de que se levante y se expanda y busque a Dios libremente?» Almustafá partirá del pueblo de Orfalese pero su marcha no es sinónimo de vacío, se ha convertido en guía para que cada uno reconozca su propio ser interior y puedan vivir su propia vida de acuerdo con su naturaleza inmortal que ha arraigado en lo más profundo de sus corazones.

«Vosotros no estáis encerrados en vuestros cuerpos, lo que sois habita más arriba de las montañas y vaga en el viento…»

Kalil Gibran deja constancia de la importancia que tiene el Profeta, ya sea en el libro o en la vida real. Es la figura del maestro, del hombre de conocimiento, es el que guarda las semillas de la sabiduría para aquel que la ame y quiera buscarla. Para cubrir la necesidad de aprender que tiene el ser humano se necesita de aquel que enseñe, alguien con esa capacidad tan poco común de ver más allá de la superficie y profundizar a través de las máscaras de la vida; y ese alguien nos puede descubrir algo que naturalmente todo ser humano necesita porque devuelve la magia de saberse humano y la posibilidad de vivir de acuerdo con nuestras nobles aspiraciones.

Artículo escrito por Yolanda García

Dijo Almitra: Háblanos del Amor.

Y él levantó la cabeza, miró a la gente y una quietud descendió sobre todos. Entonces, dijo con gran voz:
Cuando el amor os llame, seguidlo.
Y cuando su camino sea duro y difícil.
Y cuando sus alas os envuelvan, entregaos. Aunque la espada entre ellas escondida os hiriera.
Y cuando os hable, creed en él. Aunque su voz destroce nuestros sueños, tal cómo el viento norte devasta los jardines.

Porque, así como el amor os corona, así os crucifica.
Así como os acrece, así os poda.
Así como asciende a lo más alto y acaricia vuestras más tiernas ramas, que se estremecen bajo el sol, así descenderá hasta vuestras raíces y las sacudirá en un abrazo con la tierra.

Como trigo en gavillas él os une a vosotros mismos.
Os desgarra para desnudaros.
Os cierne, para libraros de vuestras coberturas.
Os pulveriza hasta volveros blancos.
Os amasa, hasta que estéis flexibles y dóciles.
Y os asigna luego a su fuego sagrado, para que podáis convertiros en sagrado pan para la fiesta sagrada de Dios.

Todo esto hará el amor en vosotros para que podáis conocer los secretos de vuestro corazón y convertiros, por ese conocimiento, en un fragmento del corazón de la Vida.

Pero si, en vuestro miedo, buscáreis solamente la paz y el placer del amor, entonces, es mejor que cubráis vuestra desnudez y os alejéis de sus umbrales.
Hacia un mundo sin primaveras donde reiréis, pero no con toda vuestra risa, y lloraréis, pero no con todas vuestras lágrimas.
El amor no da nada más a sí mismo y no toma nada más que de sí mismo.
El amor no posee ni es poseído.
Porque el amor es suficiente para el amor.

Cuando améis no debéis decir: «Dios está en mi corazón», sino más bien: «Yo estoy en el corazón de Dios.»
Y pensad que no podéis dirigir el curso del amor porque él si os encuentra dignos, dirigirá vuestro curso.

El amor no tiene otro deseo que el de realizarse.
Pero, si amáis y debe la necesidad tener deseos, que vuestros deseos sean éstos:
Fundirse y ser como un arroyo que canta su melodía a la noche.
Saber del dolor de la demasiada ternura.
Ser herido por nuestro propio conocimiento del amor. Y sangrar voluntaria y alegremente.
Despertarse al amanecer con un alado corazón y dar gracias por otro día de amor.
Descansar al mediodía y meditar el éxtasis de amar. Volver al hogar con gratitud en el atardecer.
Y dormir con una plegaria por el amado en el corazón y una canción de alabanza en los labios.

Poemas de Kabir (I)

 

I

¿Dónde me buscas, oh, servidor mío? ¡Mírame! Estoy junto a ti.

No estoy en el templo ni en la mezquita, ni en el santuario de La Meca, ni en la morada de las divinidades hindúes.

No estoy en los ritos y las ceremonias;  ni en el ascetismo y sus renunciaciones.
Si me buscas de veras me verás enseguida; y llegará el momento en que me encuentres.

Kabir dice:
Dios, ¡oh, Santo!, es el aliento de todo lo que respira.

IX

¿Cómo podría yo jamás pronunciar esas palabras misteriosas? ¿Cómo podría yo decir: El no es como esto y es como aquello?
Si digo que El está en mí, el universo se escandaliza de mis palabras. Si digo que está fuera de mí, miento.
De los mundos internos y externos, El hace una unidad indivisible. Lo consciente y lo inconsciente son los taburetes de sus pies.
Ni se manifiesta ni se oculta; no es revelado ni irrevelado.
No hay palabras para decir lo que El es.

XVI

Entre los polos de lo consciente y de lo inconsciente, el espíritu oscila.

Columpio donde están suspendidos todos los seres y todos los mundos y cuya oscilación nunca cesa.

A él se aferran millones de seres; en él se columpian la luna y el sol en su carrera. Transcurren millones de edades y el columpio sigue en su movimiento.

Todo oscila: el cielo y la tierra, y el aire y el agua, y el Señor mismo, ahí personificado. Y la visión de todo ello ha hecho de Kabir el servidor de su Dios.

XXIII

Las sombras de la noche. caen espesas y profundas; ensombrecen el corazón y envuelven el cuerpo y el espíritu.

Abre tu ventana al poniente y piérdete en el cielo del amor. Bebe la miel azucarada que destilan los
pétalos del loto del corazón.
Déjate penetrar en las olas del mar. ¡Húndete en su esplendor! Escucha y oye el rumor de las caracolas y de las campanas.

Kabir dice:
Contempla, ¡oh, hermano!, al Señor en ese vaso, que es mi cuerpo

XXVI

Todas las cosas están creadas por Dios. El Amor es Su cuerpo.
No tiene forma, ni cualidad, ni decadencia.
Trata de unirte a El.
Ese Dios indeterminado toma millares de formas a los ojos de las criaturas: Es puro e indestructible.

Su forma es infinita e insondable.
Danza extasiado y Su danza describe mil formas vaporosas.
El cuerpo y el espíritu desbordan felicidad cuando los toca Su gozo infinito. Está inmerso en toda conciencia, en todo júbilo, en todo dolor.
No tiene principio ni fin.
Contiénese entero en su Beatitud.

XXXVI

Cuando el sol brilla, ¿dónde está la noche? Y es de noche cuando el sol ha retirado su luz.

Donde hay conocimiento, ¿puede persistir la ignorancia? Y si hay ignorancia, el cono- cimiento debe perecer.

Si hay lujuria, ¿cómo puede haber amor? Donde está el amor, no existe la lujuria. Empuña la espada y corre a la batalla. Combate, ¡oh, hermano!, mientras dure tu vida. Corta la cabeza de tu enemigo para darle

así una muerte rápida. Vuélvete luego, para inclinar la frente ante el triunfo de tu Rey. El hombre valiente no abandona jamás el combate; el que huye no es un verdadero combatiente.

En el coto cerrado de nuestro cuerpo se libra una gran guerra contra las pasiones, la cólera, el orgullo y la envidia.

Donde más arrecia la batalla es en el Reino de la Verdad, del contentamiento y de la pureza, y la espada más activa es la tizona que lleva su nombre.

Kabir dice:
Cuando un valeroso caballero entra en liza, la multitud de los cobardes se pone en fuga. Denodado y áspero combate el que libra aquel que busca la Verdad.
Su voto es más difícil de cumplir que el del guerrero o el de la viuda que quiere reunirse con su esposo.
Pues el guerrero combate durante unas horas y la lucha de la vida con la muerte concluye muy pronto.
Pero la batalla de aquel que busca la Verdad prosigue día y noche, y sin que cese mientras dura su vida.

XLII

Me río cuando oigo decir que el pez tiene sed en el agua.

No alcanzas a ver que lo real está en tu hogar y andas errante de bosque en bosque. ¡En ti está la Verdad! Donde quiera que vayas, a Benarés o a Mathura, si no encuentras tu alma, el mundo no tendrá realidad para ti.

XLVIII

Lo que tú ves no existe, y para lo que existe no tienes palabras.
A menos de ver, no crees; lo que te dicen no puedes admitirlo.
Quien tiene discernimiento aprende por las palabras, y el ignorante se queda con la boca abierta.
Algunos contemplan lo Informe y otros meditan sobre la forma; pero el sabio sabe que

Brahma está por encima de ambos.
La hermosura de Brahma no puede verse con los ojos. La vibración de su palabra no puede llegar hasta el oído.

Kabir dice:
Aquel que ha encontrado a la vez el amor y el sacrificio, no se abisma jamás en la muerte.

 

 

Pseudo Dionisio y el trascender

 

Porque hace poco estuve hablando sobre Plotino con unas amigas decidí buscar información sobre cómo trascender o relacionados con este tema. Anteriormente en este blog, ya colgué un artículo con extractos de Plotino.

Ahora os dejo extractos de la Teologia Mística de Pseudo Dionisio Areopagita que recuerdan alguna de las enseñanzas del filósofo egipcio.

Pseudo Dionisio fue un teólogo bizantino del que existen pocos datos históricos que apareció entre los siglos V y VI dC. De fuerte inspiración neoplatónica, sus obras influyeron grandemente en la escolástica medieval.

Su legado nos ha llegado en forma de cuatro tratados. Los párrafos inferiores corresponden su tratado De mystica Theologia.

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«Esto pido, …/…, entregado por completo a la contemplación mística. Renuncia a los sentidos, a las operaciones intelectuales, a todo lo sensible y a lo inteligible. Despójate de todas las cosas que son y aún de las que no son. Deja de lado tu entender y esfuérzate por subir lo más que puedas hasta unirte con aquel que está más allá de todo ser y de todo saber. Porque por el libre, absoluto y puro apartamiento de ti mismo y de todas las cosas, arrojándolo todo y del todo, serás elevado espiritualmente hasta el divino Rayo de tinieblas de la divina Supraesencia.”

Teología Mística, I.1

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“Entonces, es cuando libre el espíritu, y despojado de todo cuanto ve y es visto, penetra (…) en las misteriosas Tinieblas del no-saber. Allí, renunciando a todo lo que pueda la mente concebir, abismado totalmente en lo que no percibe ni comprende, se abandona por completo en aquel que está más allá de todo ser. Allí, sin pertenecerse a sí mismo ni a nadie, renunciando a todo conocimiento, queda unido por lo más noble de su ser con Aquel que escapa a todo conocimiento. Por lo mismo que nada conoce, entiende sobre toda inteligencia.”

Teología Mística, I.3

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“¡Ojalá podamos también nosotros penetrar en esta más que luminosa oscuridad! ¡Renunciemos a toda visión y conocimiento para ver y conocer lo invisible e incognoscible: a Aquel que está más allá de toda visión y conocimiento!

Porque ésta es la visión y conocimiento verdaderos: y por el hecho mismo de abandonar todo cuanto existe se celebra lo sobreesencial en modo sobreesencial. Así como los escultores esculpen las estatuas, quitando todo aquello que a modo de envoltura impide ver claramente la forma encubierta. Basta este simple despojo para que se manifieste la oculta y genuina belleza.

Conviene, pues, a mi entender, alabar la negación de modo muy diferente a la afirmación. Afirmar es ir poniendo cosas a partir de los principios, bajando por los medios y llegar hasta los últimos extremos. Por la negación, en cambio, es ir quitándolas desde los últimos extremos y subir a los principios. Quitamos todo aquello que impide conocer desnudamente al Incognoscible, conocido solamente a través de las cosas que lo envuelven.

Miremos, por tanto, aquella tiniebla supraesencial que no dejan ver las luces de las cosas.”

Teología Mística, II

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El hecho es que cuanto más alto volamos menos palabras necesitamos, porque lo inteligible se presenta cada vez más simplificado. Por tanto, ahora, a medida que nos adentramos en aquella Tiniebla que hay más allá de la inteligencia, llegamos a quedarnos no sólo cortos en palabras, sino más aún, en perfecto silencio y sin pensar en nada.

Teología Mística, III

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«Decimos, pues, que la Causa universal está por encima de todo lo creado. No carece de esencia, ni de vida, ni de razón, ni de inteligencia. No tiene cuerpo, ni figura, ni cualidad, ni cantidad, ni peso. No está en ningún lugar. Ni la vista ni el tacto la perciben. Ni siente ni la alcanzan los sentidos. No sufre desorden ni perturbación procedente de pasiones terrenas. Que los acontecimientos sensibles no la esclavizan ni la reducen a la impotencia. No necesita luz. No experimenta mutación, ni corrupción, ni decaimiento. No se le añade ser, ni haber, ni cosa alguna que caiga bajo el dominio de los sentidos.”

Teología Mística, IV

 

Fuente: sophiaveda

Cartas…para todos

P.D. Voltaire, Tratado sobre la tolerancia, capítulo XXIII:

Ya no es por lo tanto a los hombres a los que me dirijo, es a ti, Dios de todos los seres, de todos los mundos y de todos los tiempos: si está permitido a unas débiles criaturas perdidas en la inmensidad e imperceptibles al resto del universo osar pedirte algo, a ti que lo has dado todo, a ti cuyos decretos son tan inmutables como eternos, dígnate mirar con piedad los errores inherentes a nuestra naturaleza; que esos errores no sean causantes de nuestras calamidades.

Tú no nos has dado un corazón para que nos odiemos y manos para que nos degollemos.

Haz que nos ayudemos mutuamente a soportar el fardo de una vida penosa y pasajera; que las pequeñas diferencias entre los vestidos que cubren nuestros débiles cuerpos, entre todos nuestros idiomas insuficientes, entre todas nuestras costumbres ridículas, entre todas nuestras leyes imperfectas, entre todas nuestras opiniones insensatas, entre todas nuestras condiciones tan desproporcionadas a nuestros ojos y tan semejantes ante ti; que todos esos pequeños matices que distinguen a los átomos llamados hombres no sean señales de odio y persecución; que los que encienden cirios en pleno día para celebrarte soporten a los que se contentan con la luz de tu sol; que aquellos que cubren su traje con una tela blanca para decir que hay que amarte no detesten a los que dicen la misma cosa bajo una capa de lana negra;

que dé lo mismo adorarte en una jerga formada de una antigua lengua o en una jerga más moderna; que aquellos cuyas vestiduras están teñidas de rojo o violeta, que mandan en una pequeña parcela de un pequeño montón de barro de este mundo y que poseen algunos fragmentos redondeados de cierto metal, gocen sin orgullo de lo que llaman grandeza y riqueza y que los demás los miren sin envidia: porque Tú sabes que no hay en estas vanidades ni nada que envidiar ni nada de que enorgullecerse.

¡Ojalá todos los hombres se acuerden de que son hermanos!

¡Que odien la tiranía ejercida sobre sus almas como odian el latrocinio que arrebata a la fuerza el fruto del trabajo y de la industria pacífica!

Si los azotes de la guerra son inevitables, no nos odiemos, no nos destrocemos unos a otros en el seno de la paz y empleemos el instante de nuestra existencia en bendecir por igual, en mil lenguas diversas, desde Siam a California, tu bondad que nos ha concedido ese instante.


Bertrand Russell, Autobiografía, 1967.

PARA QUÉ HE VIVIDO

«Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por el sufrimiento de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación.

He buscado el amor, primero, porque conduce al éxtasis, un éxtasis tan grande, que a menudo hubiera sacrificado el resto de mi existencia por unas horas de este gozo. Lo he buscado, en segundo lugar, porque alivia la soledad, esa terrible soledad en que una conciencia trémula se asoma al borde del mundo para otear el frío e insondable abismo sin vida. Lo he buscado, finalmente, porque en la unión del amor he visto, en una miniatura mística, la visión anticipada del cielo que han imaginado santos y poetas. Esto era lo que buscaba, y, aunque pudiera parecer demasiado bueno para esta vida humana, esto es lo que -al fin- he hallado.

Con igual pasión he buscado el conocimiento. He deseado entender el corazón de los hombres. He deseado saber por qué brillan las estrellas. Y he tratado de aprehender el poder pitagórico en virtud del cual el número domina al flujo. Algo de esto he logrado, aunque no mucho.

El amor y el conocimiento, en la medida en que ambos eran posibles, me transportaban hacia el cielo. Pero siempre la piedad me hacía volver a la tierra. Resuena en mi corazón el eco de gritos de dolor. Niños hambrientos, víctimas torturadas por opresores, ancianos desvalidos, carga odiosa para sus hijos, y todo un mundo de soledad, pobreza y dolor convierten en una burla lo que debería ser la existencia humana. Deseo ardientemente aliviar el mal, pero no puedo, y yo también sufro.

Esta ha sido mi vida. La he hallado digna de vivirse, y con gusto volvería a vivirla si se me ofreciese la oportunidad .»

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El salmo de la vida

¡Ah!  ¡No!  No me digáis con voz doliente
que la vida es un sueño,
que el alma muere donde el cuerpo acaba,
que es nuestro fin incierto.

Nueva Acrópolis - VidaPolvo que vuelve al polvo es la sentencia
funesta para el cuerpo;
pero el alma, que es luz, en luminosa
región busca su cetro.

Placeres y amarguras no son sólo
de la existencia objeto;
la vida es acción viva, afán perenne;
la vida es lucha, es duelo.

La obra del tiempo es lenta, y el tiempo huye
rápido como el viento;
y el corazón, la marcha del combate
sigue siempre batiendo.

¡Alerta! En la batalla de la vida
reposar un momento
es torpe cobardía… la victoria
es hija del esfuerzo.

Da un adiós al pasado, y del mañana
no te ofusque el destello:
pon la esperanza en Dios, en Dios tan sólo,
y lucha con denuedo.

La historia nos lo dice: la constancia,
el valor y el talento
engrandece al hombre. ¡Fe y audacia!
También grande seremos.

Y más tarde quien sabe si otro hermano
al cual agobie el peso
del infortunio, ¡revivir se sienta
siguiendo nuestro ejemplo!

Trabajar es luchar. ¡A la obra, a la obra,
sin desmayar, obreros!
Grabemos esta máxima en el alma:
Trabajar y… esperemos.

Henry W. Longfellow
(Traducción de Ricardo Palma)

Ciencia versus fe? – (II)

th Yo creo en Dios “gracias a” la Ciencia. No “a pesar de” la Ciencia.

William D. Phillips – Premio Nobel de Física (1997)

 

“Yo creo en la trascendencia, en no conformarse con el día a día… Hay que tener otros ideales, buscar algo más, hasta la divinidad, todo lo lejos que puedas».

Luis Arsuaga – 
Paleontólogo español – 
Catedrático de Paleontología en la Facultad de Ciencias Geológicas de la Universidad Complutense de Madrid

 

«Hay preguntas que la ciencia no puede responder y que ningún avance concebible de esta la capacitará para responder».

Peter Medawar – Premio Nobel de Medicina (1960)

 

«No soy positivista. El positivismo afirma que lo que no puede ser observado no existe. Esta concepción es científicamente indefendible, ya que es imposible hacer afirmaciones válidas sobre lo que la gente ‘puede’ o ‘no puede’ observar. Equivale a decir que ‘sólo existe lo que observamos’, lo cual, evidentemente, es falso».

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“Es posible que todo pueda ser descrito científicamente, pero no tendría sentido, como si alguien describiera una sinfonía de Beethoven como una variación en las presiones de onda.”

Albert Einstein – Físico alemán – Premio Nobel de Física, 1921

 

«No hay conflicto entre el Dios creador y lo que se ha descubierto del Universo.»

«Es perfectamente posible tener creencias religiosas y ser a la vez científico.»

Peter Higgs – Físico inglés – Descubridor del “bosón de Higgs” – Premio Nobel de Física (2013)

 

«Para una parte de la opinión pública y del mundo intelectual la Ciencia se opone necesariamente a la fe en Dios y los científicos son todos necesariamente ateos. Pero hay quien lo ve de otra manera, asegurando que la Ciencia puede acercar al hombre a Dios pues le permite comprender mejor su obra, del mismo modo que quienes tienen educación musical aprecian mejor un cuarteto de Beethoven»

Antonio Fernández-Rañada – Físico español – Catedrático de la facultad de Física de la Universidad Complutense de Madrid

 

«Para el científico que ha vivido por su fe en el poder de la razón, el final del relato es como una pesadilla. Él ha escalado las montañas de la ignorancia; está a punto de vencer el pico más encumbrado; al momento de arrastrarse con esfuerzo sobre la última roca, lo saluda un grupo de teólogos que llevan siglos allí sentados.»

Robert Jastrow – Astrónomo – Director del Instituto Goddard para la Investigación Espacial de la NASA.

 

«Yo pertenezco a ese grupo de científicos que, sin estar adheridos a ninguna religión, niegan que el universo sea un accidente sin propósito. En mi labor científica he llegado a la conclusión cada vez más firme de que el universo físico está trazado con un ingenio tan asombroso que no puedo limitarme a aceptarlo como un hecho bruto.»

Paul Davies – Físico inglés – Director del Instituto BEYOND (Center for Fundamental Concepts in Science)

 

“Tenemos la posibilidad de dejar de lado los dogmas malsanos de la religión y de cientifismo. Podemos abrir la mente y ejercer la razón y la intuición, aproximadamente por igual, para descubrir lo que somos de verdad. Y así cambiaremos el mundo”.

Doctor Bernard Haisch – Astrofísico, colaborador de la NASA

 

«La postura de algunos creyentes de rechazar la evolución equivale a rechazar la información que Dios nos ha dado, la capacidad de entender. Yo creo que, al darnos la inteligencia, Dios quiso darnos la oportunidad de investigar y de apreciar las maravillas de su creación. Dios no se ve amenazado por nuestras aventuras científicas».

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«El poder estudiar, por primera vez en la historia de la humanidad, los 3 mil millones de letras del ADN humano –que considero el lenguaje de Dios– nos permite vislumbrar el inmenso poder creador de Su mente. Cada descubrimiento que hacemos es para mí una oportunidad de adorar a Dios en un sentido amplio, de apreciar un poco la impresionante grandeza de su creación».

Francis S. Collins – Genetista estadounidense – Ex director del Proyecto Genoma Humano 

Ciencia versus fe? – (I)

 

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«Mi religiosidad consiste en una humilde admiración hacia el espíritu infinitamente superior que se revela en los leves detalles que somos capaces de percibir con nuestras frágiles y débiles mentes. Esa convicción profundamente conmovida de la presencia de un poder razonador superior, que se revela en el universo, constituye mi idea de Dios»

«La ciencia sin religión está ciega, la religión sin ciencia está coja»

 

Albert Einstein – Físico alemán

Promulgó la Teoría de la Relatividad

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«En el curso de mi vida me he visto repetidamente obligado a meditar sobre la relación entre estas dos regiones del pensamiento (ciencia y fe), pues nunca he sido capaz de dudar de la realidad de aquello hacia lo que ambas (conjuntamente) apuntaban»

 

Werner Heisenberg – Físico, formuló el Principio de Incertidumbre

Premio Nobel de Física, 1932

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«No puede haber nunca una oposición real entre ciencia y religión, pues la una es el complemento de la otra… La religión y la ciencia natural trabajan juntas en una incesante, indesmayable batalla contra el escepticismo y el dogmatismo, contra la increencia y la superstición… Por tanto, ¡adelante, hacia Dios!»

 

Max Planck – Físico alemán, padre de la Teoría Cuántica

Premio Nobel de Física, 1918

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«En el siglo XXI, en una sociedad cada vez más tecnificada, se libra una batalla entre el corazón y la mente de la humanidad. Muchos materialistas, advirtiendo triunfantes los avances de la ciencia para llenar las brechas de nuestro entendimiento de la naturaleza, anuncian que creer en Dios es una superstición obsoleta, y que estaríamos mejor si lo admitiéramos y continuáramos avanzando. Muchos creyentes en Dios, convencidos de que la verdad que deriva de la introspección espiritual es un valor más perdurable que las verdades de otras fuentes, ven los avances de la ciencia y la tecnología como peligrosos en indignos de confianza. Las posturas se endurecen, las voces se agudizan.

¿Daremos la espalda a la ciencia porque se la percibe como una amenaza a Dios, abandonando toda promesa de avanzar en nuestra comprensión de la naturaleza para aplicarla en aliviar el sufrimiento y mejorar la humanidad? O, por el contrario, ¿daremos la espalda a la fe, concluyendo que la ciencia ya ha hecho que la vida espiritual deje de ser necesaria, y que los símbolos religiosos tradicionales pueden ser ahora reemplazados por grabados de la doble hélice en nuestros altares?

 

Ambas opciones son profundamente peligrosas. Ambas niegan la Verdad. Ambas disminuirán la nobleza de la humanidad. Ambas serán devastadoras para nuestro futuro. Y ambas son innecesarias. El Dios de la Biblia es también el Dios del genoma. Se le puede adorar en la catedral o en el laboratorio. Su creación es majestuosa, sobrecogedora, intrincada y bella, y no puede estar en guerra consigo misma.

Sólo nosotros, humanos imperfectos, podemos iniciar tales batallas. Y sólo nosotros podemos terminarlas»

 

Francis Collins – Genetista, ex director del Proyecto Genoma Humano

Director del National Institutes of Health

Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica en 2001 por su trabajo en el descubrimiento de la secuencia del genoma humano

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«Como hombre que ha dedicado su vida entera a la más clara ciencia superior, el estudio de la materia, yo puedo decirles, como resultado de mi investigación acerca del átomo, lo siguiente: no existe la materia como tal. Toda la materia surge y persiste debido solamente a una fuerza que causa que las partículas atómicas vibren, manteniéndolas juntas en el más diminuto de los sistemas solares: el átomo.  Debemos asumir que detrás de esta fuerza existe una mente consciente e inteligente. Esta mente es la matriz de toda la materia»

«Creo que la consciencia es fundamental. Creo que todo asunto deriva de la consciencia. Todo lo que hablamos, todo lo que consideramos como existente, es dictado por la consciencia».

«Entre Dios y la ciencia no encontramos jamás una contradicción. No se excluyen, como algunos piensan hoy, se complementan y se condicionan mutuamente»***

«Podemos concluir que a partir de lo que la ciencia nos enseña, en la naturaleza hay un orden independiente de la existencia del hombre, un fin al que la naturaleza y el hombre están subordinados. Tanto la religión y la ciencia requieren la fe en Dios. Para los creyentes, Dios está en el principio y para los científicos al final de todas las consideraciones».

«La ciencia es incapaz de resolver los últimos misterios de la naturaleza, porque en el último análisis nosotros mismos somos parte de la naturaleza, es decir, somos parte del misterio que tratamos de resolver».

 

Max Planck – Físico alemán

Fundador de la Teoría Cuántica Premio Nobel de Física, 1918

 

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«Algunos hombres se dedican a la ciencia, pero no todos lo hacen por amor a la ciencia misma. Hay algunos que entran en su templo porque se les ofrece la oportunidad de desplegar sus talentos particulares. Para esta clase de hombres la ciencia es una especie de deporte en cuya práctica hallan un regocijo, lo mismo que el atleta se regocija con la ejecución de sus proezas musculares. Y hay otro tipo de hombres que penetran en el templo para ofrendar su masa cerebral con la esperanza de asegurarse un buen pago. Estos hombres son científicos tan sólo por una circunstancia fortuita que se presentó cuando elegían su carrera. Si las circunstancias hubieran sido diferentes podrían haber sido políticos o magníficos hombres de negocio. Si descendiera un ángel del Señor y expulsara del Templo de la Ciencia a todos aquellos que pertenecen a las categorías mencionadas, temo que el templo apareciera casi vacío. Pocos fieles quedarían, algunos de los viejos tiempos, algunos de nuestros días. Entre estos últimos se hallaría nuestro (Max) Planck. He aquí por qué siento tanta estima por él».

 

Albert Einstein – Físico alemán

Párrafo extraído del prefacio al libro de Max Planck publicado en 1941,  «¿A dónde va la ciencia?»

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«Algunos formularían la cuestión de la manera siguiente: ‘¿Es una realidad el mundo invisible que nos muestra la perspectiva mística?‘. Realidad es una de esas palabras indeterminadas que pueden conducirnos a debates filosóficos interminables e irrelevantes. Corremos menor peligro de confusión si formulamos la cuestión del modo siguiente:  ‘Al aceptar la perspectiva mística, ¿estamos afrontando los hechos tangibles de la experiencia?‘. No cabe duda de que sí. Yo creo que aquellos que no quieren reconocer nada que no sean las mediciones del mundo científico realizadas por nuestros órganos sensoriales están rehuyendo uno de los hechos más inmediatos de la experiencia, a saber: el de que la consciencia no es exclusivamente, ni siquiera principalmente, un instrumento para recibir impresiones sensoriales»

 

Arthur Eddington -Astrónomo, físico y matemático inglés

Célebre por sus trabajos sobre la Teoría de la Relatividad y la constitución de las estrellas

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«Para una parte de la opinión pública y del mundo intelectual la Ciencia se opone necesariamente a la fe en Dios y los científicos son todos necesariamente ateos. Pero hay quien lo ve de otra manera, asegurando que la Ciencia puede acercar al hombre a Dios pues le permite comprender mejor su obra, del mismo modo que quienes tienen educación musical aprecian mejor un cuarteto de Beethoven»

 

Antonio Fernández-Rañada

Físico español, catedrático de la facultad de Física de la Universidad Complutense de Madrid

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«El panorama de conocimiento que nos presenta la ciencia moderna es tan sobrecogedor que cabe afirmar, en contra del difundido estereotipo, que un científico tiene más razones para creer en Dios que alguien sin formación científica»

 

Fernando Sols – Catedrático de Física de la Materia Condensada

Universidad Complutense de Madrid

 

Extraído del blog Dios y la ciencia.

 

Fides de Amado Nervo

No te resignes antes de perder
definitiva, irrevocablemente,
la batalla que libras. Lucha erguido
y sin contar las enemigas huestes.
¡Mientras veas resquicios de esperanza,
no te rindas!  La suerte
gusta de acumular los imposibles
para vencerlos en conjunto, siempre,
con el fatal y misterioso golpe
de su maza de Hércules.

¿Sabes tú si el instante
en que, ya fatigado, desesperes,
es justo aquél que a la definitiva
realización de tu ideal precede?

Quien alienta una fe tenaz, el hado
más torvo compromete
en su favor.  El SINO a la fe solo
es vulnerable y resistir no puede.

La fe otorga el divino privilegio
de la CASUALIDAD, a quien la tiene
en grado heroico.

Cuando las tinieblas
y los espectros y los trasgos lleguen
a inspirarte pavor, ¡cierra los ojos,
embraza tu fe toda, y arremete!
¡Verás cómo los monstruos más horribles,
al embestirlos tú, se desvanecen!

Cuanto se opone a los designios puros
del hombre, es irreal; tan sólo tiene
la imaginaria vida
que le dan nuestro miedo y nuestra fiebre.

Dios quiso en su bondad que los obstáculos
para aguzar las armas nos sirviesen;
quiso que el imposible
estuviera nomás para vencerle,
como está la barrera en los hipódromos
a fin de que la salten los corceles.

Búrlate, pues, de cuanto en el camino
tu altivo impulso detener pretende.
¡No cedas ni a los hombres ni a los ángeles!

¡Ama mucho: el que ama embota
hasta los aguijones de la muerte!

¡Que tu fe trace un círculo de fuego
entre tu alma y los monstruos que la cerquen;
y si es mucho el horror de los fantasmas
que ves, cierra los ojos, y arremete!

Amado Nervo, 3 de Marzo de 1915