Archivo de etiquetas| cielos

Mística Poesía

T.S. EliotT.S. ELIOT

 

“El tiempo pasado y el tiempo futuro sólo permiten mínima conciencia. Ser consciente es no ser en el tiempo”

 

Cuatro cuartetos, East Coker,III

 

“Le dije a mi alma, quédate quieta,y deja que la oscuridad venga a ti

Que será la oscuridad de Dios.”

…./….

“Le dije a mi alma, quédate quieta y espera sin esperanza,

Pues la esperanza sería esperanza en lo erróneo; espera sin amor

Pues el amor sería amor por lo erróneo; aún está la fe

Pero la fe y el amor y la esperanza consisten en esperar.

Espera sin pensamiento, pues no estás aún preparada para el pensamiento:

La oscuridad será, así, la luz y la quietud la danza.”

…./….

“Dices que repito

Algo que ya he dicho antes. Lo diré otra vez.

¿Lo diré otra vez? Para llegar ahí,

Para llegar adonde estás, para salir desde donde no estás,

Deberás ir por un camino en el que no hay éxtasis.

Para llegar a lo que no sabes

Debes ir por un camino que es el camino de la ignorancia.

Para poseer lo que no posees,

Debes ir por el camino de la desposesión.

Para llegar a lo que no eres

Debes pasar por el camino en el que no eres.

Y lo que no sabes, es lo único que sabes

Y lo que es tuyo es lo que no es tuyo

Y dónde estás es donde no estás.”

 

SAN JUAN DE LA CRUZ, 1579

 

“Ya por aquí no hay camino porque para el justo no hay ley, él para sí se es ley”

 

Monte de perfección o Subida del Monte Carmelo

Monte de perfección, transcripción del dibujo; el texto preserva la ortografía del original

monte1

Para venir agustarlo todo

no quieras tener gusto ennada.

Para venir asaberlo todo

no quieras saber algo ennada.

Para venir aposeerlo todo

no quieras poseer algo ennada.

Para venir aserlo todo

no quieras ser algo ennada.

________________________________

Para venir alo que no gustas

has de ir por adonde no gustas.

Para venir alo que no sabes

as de ir por donde no sabes.

Para venir a poseer lo que no posees

as de ir por donde no posees.

Para venir alo que no eres

as de ir por donde no eres.   monte 2

________________________________

Quando reparas en algo

dexas de arrojarte altodo.

Para venir del todo altodo

as de dejarte del todo entodo,

y quando lo vengas del todo atener

as de tenerlo sin nada querer.

________________________________

Enesta desnudez halla el

espíritu su descanso, porque no

codiciando nada, nada le fatiga acia

arriba, y nada le oprime

acia abaxo, porqueesta en

el Centro desu humildad.

 

(El texto preserva la ortografía del original)

 

La música de las esferas

KEPLER Y LA ARMONÍA DE LOS CIELOS

kepler-spheres

Esta imagen ilustra uno de los temas centrales de la obra de Kepler     ‘Harmonices Mundi’ (Las armonías del mundo, 1619). Si el cosmos es obra de una Inteligencia Suprema, entonces nada en él puede ser resultado del azar. Todo debe tener un sentido, obedecer a una razón y ser comprensible para la inteligencia. Es necesario buscar ese orden inteligible que subyace tras la apariencia desordenada del mundo material. Este orden del cosmos es matemático: “Ubi materia, ibi geometria = Donde hay materia, hay geometría”.

Platón ya había sostenido en el Timeo que cada una de las cinco formas o impulsos fundamentales de energía-materia (espacio, aire, fuego, agua, tierra) tenía una estructura geométrica que se correspondía con los cinco poliedros regulares (dodecaedro, octaedro, tetraedro, icosaedro, cubo). La materia es en esencia geometría. Kepler, platónico hasta la médula, adapta este tema al movimiento de los astros.

Las órbitas de los planetas no pueden ser fruto del azar. Debe haber una proporción matemática entre ellas. No puede ser una casualidad que haya 6 planetas y, por tanto, 5 intervalos entre ellos. La semiesfera externa de la imagen representa la órbita de Saturno.  Dentro de ella se inscribe un cubo, y dentro de éste la órbita de Júpiter. Dentro de ésta órbita, se inscribe un tetraedro. Y dentro de éste, se inscribe la órbita de Marte. Dentro de ésta, se inscribe un dodecaedro. Dentro de éste, la órbita de la Tierra. Esta a su vez lleva inscrito el icosaedro. Este a su vez lleva inscrita la órbita de Venus. Esta lleva inscrito el octaedro, que a su vez contiene inscrita la órbita de Mercurio.]

Sólo había un pequeño problema, muy a su pesar la teoría nunca funcionó y tras haberle dedicado largas páginas, la abandona finalmente mostrando que es incompatible con las observaciones y las leyes del movimiento planetario.

Kepler retoma además una antigua idea de los pitagóricos y de Platón (República, 617b), ‘la música de las esferas celestes’ e intenta darle una compleja y esotérica forma matemática. Cada planeta al moverse alrededor del sol produce un tono musical y la frecuencia de dicho tono varía en función de la velocidad angular de los planetas con respecto al Sol. Algunos planetas producen notas musicales más constantes, por ejemplo, la Tierra solo varía un semitono en una proporción equivalente a la diferencia entre una nota mi y un fa entre su afelio (lejos del sol) y su perihelio (cerca del sol). Venus varía en un intervalo aún más reducido. La astronomía se combina con la música y con la astrología:

“La Tierra canta Mi, Fa, Mi: Puede deducirse de estas sílabas que la miseria y el hambre (fa-mine) reinan aún en nuestro mundo”.

Kepler_c

El resultado de todos estos movimientos ‘musicales’ de los planetas en los cielos es una polifonía cósmica inteligible, aunque no audible, con algunos tonos disonantes. Pero a medida que avanza la inmensidad del tiempo, los planetas tocan juntos en una concordancia cada vez más perfecta. La grandiosa sinfonía celeste evoluciona hacia la perfección, lo que quizás ya ocurrió en el momento de la creación. Incluso nuestro arte de cantar polifónicamente concordando muchas voces, afirma, es una imitación de esta música celestial cuyo autor es Dios.

La razón última del cosmos es, pues, la belleza. Dios no es sólo el gran matemático, es sobre todo el artista cósmico. Que un hombre al que le tocó vivir una época plagada de una violencia extrema y cuya biografía está tan llena de tragedias personales, encontrara dentro de sí mismo la serenidad y la sabiduría para elevarse por encima de todo y producir algunas de las ideas más hermosas de la historia de la astronomía, es sin duda un testimonio elocuente de la grandeza del espíritu humano.

Cita: “Mi admiración hacia Kepler se explica porque yo, como él, siento respeto y asombro ante la armonía enigmática de la Naturaleza en que nacimos”. (A. Einstein)