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Flores de Bach, resumido


La teoría del Dr. Bach

El Dr. Bach era un médico de Gales, Gran Bretaña, que además de graduarse como médico en distintas especialidades, también trabajó como investigador y científico comprometido con una manera de curar a los pacientes respetuosa y benigna; algo de lo que se sentía cada vez más alejado con la medicina alopática y por lo que terminó acercándose a la homeopatía como terapia médica.

Fue precisamente durante su labor en un hospital homeopático de Londres que empezó a observar que algunos pacientes con determinadas patologías tenían ciertos rasgos personales y emocionales en común, de modo que decidió tratar, no solo la enfermedad del paciente, sino su personalidad. Fue entonces cuando empezó a experimentar con las esencias florales de plantas recogidas en Gales como tratamiento para resolver conflictos emocionales según la personalidad del paciente. En realidad, estaba convencido de que la mente ejerce un papel determinante en las enfermedades y de que, al solucionar las afecciones emocionales, los problemas de salud se resolvían de una manera más definitiva y eficaz.

De este modo consiguió, según sus investigaciones, reunir 38 remedios que son los que se utilizan en la actualidad y que conocemos como Flores de Bach.

 

Beneficios de las Flores de Bach

Las flores de Bachtienen múltiples aplicaciones:

  • Para resolver enfermedades que tienen un origen emocional, mental o psicosomático.
  • En los niños suelen ejercer un efecto más potente que en las personas adultas.
  • Las flores de Bach también se utilizan en animales y plantas (cuando se ven expuestas a cambios o condiciones adversas).

Las flores de Bach están indicadas en personas de cualquier edad o condición, sanas o enfermas y no se conocen contraindicaciones al tomar medicamentos u otras sustancias terapéuticas.

 

Qué flores tomar

A la hora de elegir las flores que vamos a tomar, podemos recurrir a un terapeuta especializado, o implicarnos investigando sobre los efectos de cada flor y elaborar nuestra propia mezcla. Para ello, es necesario revisar la lista de los 38 remedios y sus efectos.El Dr. Bach aconsejaba que no se tomasen más de siete flores en la mezcla de tratamiento, por lo que, si nos vemos reflejados en numerosos síntomas o aplicaciones de las distintas flores, lo mejor es priorizar y determinar qué problemas son los más importantes o con qué rasgos nos sentimos más identificados hasta completar las siete flores que conformarán nuestra mezcla. A continuación te mostramos una secuencia muy resumida de los efectos y aplicaciones de cada flor:

  • Agrimony: Ocultar preocupación tras una máscara de alegría.
  • Aspen: Miedo a lo sobrenatural y a la muerte.
  • Beech: Intolerancia, arrogancia, crítica desmedida.
  • Centaury: No saber decir “no”.
  • Cerato: Buscar la aprobación y consejo o aceptación de los demás.
  • Cherry Plum: Miedo a perder el control, ataques de terror, miedo a la locura.
  • Chestnut Bud: Incapacidad para corregir y aprender de los errores.
  • Chicory: Sobreprotección y dominación egoísta.
  • Clematis: Soñar en exceso sin vivir en la realidad.
  • Crab Apple: Terror a estar sucio, a contaminarse a ser impuro.
  • Elm: Exceso de responsabilidades, colapso.
  • Gentian: Pesimismo, depresión, flaqueza, desesperanza.
  • Gorse: Cuando se ha perdido la esperanza del todo.
  • Heather: Egocentrismo desmedido, cuando todo gira entorno a uno mismo.
  • Holly: Celos, envidia, rabia, odio, rencor.
  • Honeysuckle: Anclarse en el pasado sin vivir el presente.
  • Hornbeam: Agotamiento psicológico y físico.
  • Impatience: Impaciencia, soledad, ansiedad.
  • Larch: Baja autoestima, sentimiento de fracaso.
  • Mimulus: Miedo a las situaciones cotidianas y conocidas.
  • Mustard: Depresión sin razón aparente.
  • Oak: Personas obsesivas que trabajan incansablemente y luchan contra corriente. Agotamiento profundo.
  • Olive: Agotamiento por diversas causas físicas o mentales. Derrota.
  • Pine: Eceso de sentimiento de culpa.
  • Red Chestnut: Preocupación excesiva por los seres queridos.
  • Rock Rose: Ataques de ansiedad, pánico incontrolable, estados de angustia.
  • Rock Water: Personas perfeccionistas en exceso, rigidez, exceso de control.
  • Scleranthus: Incapacidad para elegir entre varias alternativas.
  • Star of Bethlehem: Conmoción física o emocional.
  • Sweet Chestnut: Cuando se llega al límite de la desesperación y la desesperanza. Cuando ya no se vislumbra la luz.
  • Vervain: Exceso de entusiasmo y euforia, fanatismo.
  • Vine: Personas dominadoras, inflexibles y tiranas.
  • Walnut: Terror a los cambios.
  • Water Violet: Orgullo, sentimiento de superioridad.
  • White Chestnut: Exceso de pensamientos y diálogo interno.
  • Wild Oat: Dudas ante el cometido en la vida, falta de metas y ambiciones.
  • Wild Rose: Apatía, falta de motivación, tristeza.
  • Willow: Victimismo, resentimiento.


Rescue Remedy

El Dr. Bach elaboró una mezcla estándar de cinco flores para utilizar en caso de duda o en caso de crisis de angustia, desesperanza, estados de shock o crisis nerviosas. Este remedio consta de cinco flores:

  • Rock Rose
  • Impatiens
  • Cherry Plum
  • Star of Bethlehem
  • Clematis

¿Cómo tomar las flores de bach?

Si vamos a realizar un tratamiento a base de flores de Bachy decidimos visitar a un terapeuta especializado, tomaremos la mezcla que nos indique, las cantidades que nos indique y siguiendo las pautas que nos indique.

Pero si vamos a implicarnos y tomar nuestro propio remedio, lo más importante en primer lugar es informarse abundantemente. Es decir, hacer una selección de buena literatura al respecto y comprobar todas las flores, sus efectos y sus aplicaciones.

A continuación, te explicamos, de manera general, algunas pautas para elaborar y tomar tu propia mezcla. Recuerda que esta información es orientativa y que si decides seguir esta opción debes informarte en profundidad. Esto es solo una aproximación para que te hagas una idea general:

  • Para elaborar la mezcla necesitarás un recipiente vacío de vidrio de 30ml con cuentagotas. Llénalo hasta los ¾ de agua mineral o depurada. Añade 3 gotas de cada flor que quieras utilizar (máximo 7). Por último añade unas gotas de Brandy para que el alcohol actúe de conservante.
  • Pon cuatro gotas debajo de la lengua, cuatro veces al día. No lo tragues inmediatamente, procura mantenerlo en la boca unos segundos.
  • Si tienes una crisis o un ataque pánico, ansiedad o cualquier otro malestar emocional, puedes tomar cuatro gotas adicionales cuando se de el caso.
  • Procura tomarlas siempre entre comidas.
  • La forma más efectiva de obtener resultados es con constancia y regularidad.

Efectos de las Flores de Bach

Al iniciar un tratamiento con flores de Bach se pueden notar algunos efectosque, lejos de ser adversos, confirman el efecto del tratamiento. Estos son algunos síntomas:

  • El problema emocional que se quiere tratar puede manifestarse más severamente los primeros días de tratamiento.
  • La persona tratada puede manifestar cambios de humor, llanto, risa, euforia o algún tipo de desarreglo emocional los primeros días de tratamiento.
  • Tendencia a la introspección.

Estos efectos manifiestan el inicio de lo que los terapeutas florales llaman catarsis, o limpieza emocional del paciente. Los terapeutas recomiendan intentar sobrellevar los primeros días de tratamiento aunque estos síntomas aparezcan, aunque, si se hacen insoportables, se puede disminuir la dosis o cambiar la mezcla que se haya elaborado, ya que también cabe la posibilidad de que no sea la más acertada.

 

Fuente: http://www.vidanaturalia.com

 

El magnetismo curativo

 

Existe un Agente único universal, un misterioso fluido o energía que anima toda la materia. Esta sustancia extendida en el infinito ha recibido desde la más remota antigüedad diferentes nombres y símbolos.

Es el Caos de los antiguos; el Fuego Sagrado de los zoroastrianos, el “Alma del Mundo” de Platón y los pitagóricos.

Este fluido posee el poder de la elasticidad y se puede proyectar en el espacio tanto como se desee. Las relaciones de afectividad y actividad entre los astros, la Tierra y sus partes se operan a través de este elemento, apareciendo así inmensas cuerdas magnéticas en todo el Cosmos.

Magnetismo y formas mentales, la voluntad magnética

Esta fuerza puesta en acción a través de la mente engendra formas. Todo pensamiento positivo está cargado con más o menos fluido energético. El hombre de recia voluntad que, consciente o inconscientemente, emite un poderoso pensamiento positivo, transmite con él una cantidad de magnetismo, proporcionada a la energía de emisión del pensamiento. Tales pensamientos se dirigen al punto de aplicación como una bala al blanco, en lugar de ir lentamente como una emanación mental ordinaria. Los pensamientos puros están compuestos de vibraciones muy rápidas, siendo el pensamiento más fuerte cuanto más elevado sea éste.

Así, la voluntad y la imaginación serán los bastiones que utilizará el magnetista para dirigir consciente esa gran fuerza mágica que es la corriente de vitalidad, el fluido magnético.

La curación por el magnetismo

La energía universal existe bajo diferentes manifestaciones en todas las cosas animadas e inanimadas. H.P. Blavatsky comparó la energía, el activo poder productor de todos los fenómenos vitales, con el oxígeno, el mantenedor de la combustión, el gas dador de vida, el agente químico activo en toda vida orgánica.

Nuestro cuerpo, mediante el sistema nervioso, atrae y retiene esta fugitiva forma de luz, siendo el plexo solar el gran depósito de energía que provee el organismo entero. Así como el Sol difunde sus rayos por todo el sistema solar, la energía penetra en todo el organismo por medio del asombroso y complicado mecanismo llamado sistema nervioso.

El hombre está absorbiendo e irradiando energía, en un flujo y reflujo permanente. Hemos de hacer notar que la energía que circula por los nervios es distinta de lo que se llama magnetismo humano o fluido nervioso, el cual es generado dentro del propio cuerpo. Este fluido nervioso o magnetismo mantiene la materia etérica en circulación por los nervios, o más exactamente, crea una envoltura de éter que encierra a cada nervio, muy similar a como al sangre lleva el oxígeno al cuerpo, el fluido nervioso lleva energía.

La sobreexcitación del sistema nervioso, las perturbaciones psíquicas, la falta de provisión de energía o la congestión del mismo pueden ocasionar deformaciones fluídicas importantes, que si se repiten con frecuencia darán lugar a toda clase de dolencias nerviosas o casos graves de enfermedad.

La acción del terapeuta magnético se concentrará entonces en al renovación y vigorización de la salud perdida del enfermo, restableciendo de nuevo la armonía perdida de los fluidos.

Debido a la conexión que tiene el magnetismo con el sistema nervioso vemos la gran aplicación que tiene esta ciencia en la curación no sólo de dolencias físicas sino también psíquicas.

Magnetismo y electromagnetismo curativos

Habiendo sentado las bases de que el hombre tiene la facultad de ejercer sobre sus semejantes una influencia provechosa, operando su energía natural, veamos cuales son las condiciones preliminares y los métodos de hoy y de antaño utilizados para llevar a buen término esta ciencia.

En primer lugar, se requiere que el médico o magnetizador confíe en sus propias fuerzas; que tenga voluntad purificada de todo egoísmo y vanidad; la facilidad de sostener y concentrar la atención; imaginación, sangre fría, buena salud física y discreción.

El fluido magnético que emana de nosotros no sólo obre directamente sobre la persona que queremos magnetizar, sino también a través de un intermediario a quien hayamos cargado de este fluido, caso de los talismanes, amuletos y reliquias. Estas fuerzas animan los objetos. El “agua bendita” es una muestra clara de magnetización, siendo una materia que se carga muy fácilmente de magnetismo.

Los templos antiguos y otros centros de culto ceremonial, enclavados en lugares magnéticos especiales, son potentes generadores que, sumados a la carga devocional de los fieles, comportan una importante influencia sobre visitantes y peregrinos ciertamente positiva. De modo contrarios, las ciudades y edificios de hoy en día, construidos anárquicamente en cualquier lugar, sumado al modo de vida viciado y estresante de los ciudadanos que están envueltos en un mar de aparatos electrónicos, ruidos y polución ambiental, lumínica y electromagnética, son verdaderos “caldos de cultivo” de toda clase de gérmenes y energías patógenas.

Hoy en día, la Geobiología, disciplina que estudia las energías cósmicas y terrestres en relación con los seres vivos, está en auge. Cada vez más los constructores de edificios acuden a los geobiólogos para emplazar adecuadamente sus edificios.

La armonía de la lira de Pitágoras o su propia voz devolvía la salud a aquellos que permanecían junto a él, La terapia de las vibraciones sonoras se conoce hoy como musicoterapia. La fuerza sanadora del electromagnetismo bien canalizado es la base, asimismo, de la cromoterapia, la homeopatía, las flores del Dr. Bach. Reflejos todos ellos, aunque limitadamente válidos por el momento, de la antigua y mágica Medicina Transcendental.

 

Este artículo ha sido escrito por Juan José Tejada

La dignidad humana

A continuación dejamos un pequeño resumen sobre el tema La dignidad humana, que al igual que otras actividades del mes de mayo, están dedicadas a los valores.

Aquello en las personas que no se puede medir, quizás sea porque pertenezca a lo más profundo del ser humano, como la dignidad.

Sin embargo, si no entendemos en su completura este tipo de elementos, no los podemos identificar en nosotros mismos. Por eso, la filosofía se ha preocupado por estos temas tratando de encontrar una idea acabada que sirviera a todo el ser humano.

Sobre la dignidad hay diferentes posturas: negar que existe; relacionarlo solo con lo que nos es afín o con los derechos humanos, como por ejemplo una vivienda digna, un trabajo digno, etc, que evidentemente son necesarios.

Kant, Schiller, Platón y otros dicen que la dignidad no depende de lo externo, ni tanto de lo necesario para vivir, sino que es propia del ser humano. Algo que el ser humano conquista y nadie se la puede quitar, pero del mismo modo nadie se la puede dar, sino que es como un regalo que se hace a sí mismo y se refleja en el exterior.

La palabra dignidad procede del latín dignus, lo valioso, lo válido…o sea lo más valioso del ser humano. Antiguos filósofos y culturas hablan de que el ser humano está formado por una parte más material y otra más sutil y atemporal. Por tanto la dignidad, sería lo que nos acerca a lo atemporal viviendo de acuerdo a los dictámenes de esa parte más espiritual.

Lo más digno es aquello más valioso en el ser humano. Algunos dicen que es la razón. De hecho, la palabra humano contiene en ella el sustantivo man (hombre en inglés) cuya raíz significa el que piensa. El poder pensar, reflexionar sobre conceptos transcendentes, proyectarnos hacia el futuro, etc, esa capacidad es propia del ser humano.

Conocernos a nosotros mismos nos acerca a la dignidad. Hay que plantearse que podemos ser mejores de lo que somos actualmente. Quizás haya que plantearse que estamos en construcción y eso nos ayuda a buscar la dignidad porque va a hacer que encontremos en nosotros elementos que aun tenemos que explotar, por ejemplo, nuestros valores, las fortalezas, el amor, la inteligencia, la voluntad…que pertenecen a esa parte atemporal del ser humano.

La parte más material del ser humano también tiene valores:  el orden mental, la salud del cuerpo, el correcto uso de nuestra energía y que nuestros deseos no sean solo para nosotros, sino que también deseemos lo bueno para los demás.

Lo que también nos puede dar dignidad es que nuestra vida tenga un sentido aparte de lo que haga falta para subsistir. Pero perdemos dignidad con la ignorancia. La ignorancia es no tener visión de lo verdadero, de lo real. La opinión es coger parte de lo verdadero, de lo real y creer que se trata de la verdad completa.

También perdemos dignidad con el miedo; la falsa dignidad cuando se confunde con honores, medallas y cargos o aplausos externos; la vanidad; y la indiferencia que crea máscaras o barreras haciendo creer que no nos afectan las cosas, lo que lleva a la apatía.

Acompañan a la dignidad, la integridad, la unión, la coherencia y la honestidad que busca la veracidad en lo que hacemos y lo que nos rodea. La dignidad es ser responsable de nuestras propias decisiones.

Tres frases se encontraban escritas en el oráculo de Delfos: nada en demasía, conócete a ti mismo, sé digno.

Medicina natural, fuente de salud

 

La medicina natural se aproxima a la filosofía reconociendo la influencia de la mente y de las emociones en los procesos del organismo físico.

Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, la Medicina es la ciencia y el arte de precaver y curar las enfermedades.

El gran médico y alquimista del Renacimiento, Paracelso, opinaba que la Medicina es mucho más un arte que una ciencia. No consiste en componer píldoras, emplastos y drogas de toda clase, sino que se trata de los procesos de la vida, que deben ser entendidos antes de poder ser manejados. Una voluntad poderosa puede curar donde una voluntad vacilante va al fracaso. El carácter del médico puede obrar en el paciente de un modo más eficaz que todas las drogas empleadas.

Así como la física cuántica que, superando la visión mecanicista del mundo derivada del pensamiento de Descartes y de Newton, se aproxima actualmente a los físicos presocráticos y a las antiguas teorías filosóficas chinas, demostrando que las partículas no son granos de materia aislados, sino interconexiones en un tejido cósmico inseparable que no excluye a la conciencia humana, así la Medicina Natural se aproxima a la Filosofía, reconociendo la influencia de la mente y de las emociones en los procesos del organismo físico. Según Paracelso el amor es capaz de hacer por sí mismo lo mismo que cualquier hierba medicinal. Todo lo que crece en la naturaleza terrestre puede aportarlo igualmente el poder de la creencia…El poder de la creencia puede, también, producir cualquier enfermedad…

Normas para una buena salud natural

1 – Respirar aire puro,

2 – Comer sólo productos naturales,

3 – Ser sobrios constantemente,

4 – Beber sólo agua natural,

5 – Tener suma limpieza en todo,

6 – Dominar las pasiones,

7 – No estar jamás ociosos,

8 – Descansar y dormir sólo lo necesario,

9 – Vestir con holgura,

10- Cultivar todas las virtudes procurando estar siempre alegres.

Bases de la medicina filosófica

La Medicina Natural o Ciencia de la Salud, que nació con el hombre y fue practicada por los sacerdotes egipcios y caldeos así como por los filósofos de la antigüedad, se fundamenta en las inmutables Leyes de la Naturaleza, reconociendo que la primera de las leyes naturales es la de evolución o progreso, tanto en el orden físico como en el intelectual y el espiritual, pues nadie, por muy materialista que sea, puede negar que en el hombre, además del organismo físico, hay algo metafísico.

Dejando obrar o ayudando a la ley de la evolución, habremos cumplido con todas las Leyes Naturales, porque a la primera están subordinadas todas las demás.

Mencionamos algunas de las principales:

Ley o principio del Mentalismo.

Este principio indica la verdadera naturaleza de la energía, de la fuerza y de la materia, y el cómo y el por qué todas éstas están subordinadas al dominio de la mente. El cerebro humano es un potencial de energía, y la energía vital, entre muchas virtudes, también tiene las terapéuticas o curativas. Por lo tanto, en algunas enfermedades, disfunciones y afecciones podemos curarnos. Esta fuerza curativa la podemos despertar y activar mediante el pensamiento, transmitiéndolo con fuerte convicción a las micro-mentalidades celulares dañadas, a fín de que recobren su normalidad y se restablezca la salud.

La Ley del Amor.

Principal aliada de la ley de la evolución, pues une a las cosas y las mantiene, permitiendo que la vida se produzca y ayudando a todo lo viviente a adquirir cotas más elevadas de perfección. Ya Paracelso hablaba de ella cuando decía que era imposible curar a un enfermo sin antes sentir algún aprecio por él.

Ley del Movimiento o Vibración.

Todo en la Naturaleza vibra; la vida es movimiento, la inercia es muerte. Así todo aquello que favorezca una superior vibración de la energía vital es positivo para la salud, pues cumple con la ley universal de movimiento o vibración.

Ley de Analogía o Correspondencia.

En todos los aspectos de la vida rigen las mismas leyes naturales. Así, los sistemas planetarios son de análoga constitución a los átomos químicos. La misma ley de ramificación rige el curso de los ríos, la corriente sanguínea y nerviosa, la de las ramas de los árboles.

Análogamente existen siete sonidos, siete colores, etc. En materia de salud el consabido axioma mente sana en cuerpo sano, cumple esta Ley favoreciendo la salud física aquellos pensamientos positivos albergados en la mente e influyendo en el pensamiento el grado de energía vital del organismo.

Ley de Causa y Efecto.

La casualidad no existe y el destino ciego tampoco.

En el campo de la mecánica se formula así: la reacción es igual y contraria a la reacción. Asimismo, en biología vemos que la aplicación de agua fría en el organismo produce una reacción contraria -de calor- destinada a restablecer el equilibrio, que es siempre la finalidad de esta ley. En el plano intelectual y en el moral se cumple con la misma maravillosa exactitud. Esta equitativa ley es la justicia de la Naturaleza.

Existen otras leyes naturales, como por ejemplo la ley de la polaridad: todo lo manifestado tiene dos polos opuestos manifestados -día y noche, vida y muerte- como factores contrarios que no pueden existir separados; o la ley de ciclicidad por la cual las enfermedades tienen su ciclo que termina en salud o muerte. Pero todas ellas, como apuntábamos al principio, se resuelven en la ley de evolución: todo lo que existe lleva inmanente la tendencia y fuerza para convertirse en algo superior. Según este axioma todo lo que favorezca a la evolución moral y médicamente bueno será positivo para alcanzar la salud.

La enfermedad como camino

Todo dolor es un aviso de la Naturaleza para que efectuemos una toma de conciencia del desequilibrio en el cual nos hallamos. Por consiguiente, la enfermedad es un esfuerzo útil. Si abortamos este esfuerzo útil haremos un mal, por cuanto interrumpimos la evolución o la dificultamos.

Con este concepto útil y defensivo de la enfermedad, que data de Hipócrates, se comprenderá que no existe más terapéutica útil que la natural. Es decir, aquella que encauza el esfuerzo morboso para alcanzar la salud. Cuando estalla una crisis aguda, debe respetarse la fiebre, la sed, la inapetencia, la diarrea, etc. Manteniéndolas dentro de límites no peligrosos, para que cumplan su finalidad utilitaria. Lo mismo cabe decir de las crisis emocionales transformadoras de la personalidad. No son las drogas (agentes paralizadores de síntomas útiles) las que han de intervenir en el tratamiento de un enfermo, sino aquellos excitantes naturales que mueven normalmente su delicada maquinaria. Por ejemplo, si se hace sudar a un enfermo, contaremos con el excitante natural del sudor: el calor, bien sea directo o provocado por aplicaciones frías, en lugar de con sustancias químicas más o menos tóxicas. Si de calmar a un neurótico se tratara, lejos de administrarle sedantes hipnóticos generadores de dependencias, le enseñaremos a relajarse, ayudando con infusiones naturales carentes de efectos secundarios.

El naturismo es capaz de renovar, porque deja evolucionar.

Claves de la terapéutica naturista

La armonía, la mesura y la proporción serán las tres virtudes que nos alejen de los extremismos peligrosos y nos ayuden a cumplir fielmente la ley de adaptación sobre la que también se levanta el pilar naturista. Las toxinas o sustancias morbosas no se eliminan más deprisa por darse más baños. El baño no saca sustancias extrañas, solamente estimula la energía individual, para que ésta, por su cuenta y según sus características, las elimine.

Otro extremo peligroso puede ser el paso brusco a un régimen vegetariano estricto sin respeto al consiguiente período de adaptación.

Por otra parte, la medicina natural, basándose en la máxima de que no hay enfermedades sino enfermos, sabe que un mismo mal es distinto en cada sujeto en quien se manifiesta y sus consecuencias son también distintas, buscando entonces las circunstancias individuales generales de tipo, temperamento, constitución, naturaleza, clase de vida, etc., como eficaces indicadores de la intensidad con que debemos utilizar los tratamientos naturales (la dietética, la hidroterapia, la heliaeroterapia, el ejercicio físico, la geoterapia, el masaje y la psicoterapia) con que contamos para corregir su estado de enfermedad.

Que tu alimento sea tu medicina

Y que tu medicina sea tu alimento si queremos completar la máxima hipocrática indicadora de la importancia que cobra la dieta en la conservación y restablecimiento de la salud, dentro del ámbito filosófico-natural en el que nos estamos moviendo. Y decimos filosófico, además de natural, porque es gracias a esa búsqueda de las causas pretendida por la filosofía como hallamos el eje sobre el cual gira nuestra normalidad, tal como ya Cervantes sabía al afirmar que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago.

Es importante que en nuestra minuta predominen los alimentos libres de toxinas y cargados de principios nutritivos, además de benefactoras energías solares (frutas y verduras), sobre los que por su naturaleza cadavérica albergan abundantes dosis de ácido úrico y demás venenos para el organismo (carnes y pescados), además de ser la principal causa del estreñimiento crónico (por su falta de celulosa) que padece nuestra civilización; no queremos dejar de referirnos a otros factores “alimenticios” más sutiles que junto con el ya expuesto contribuyen a impurificar la sangre, siendo esta sangre impura la que con su malnutrición deteriora los órganos más débiles del organismo provocando su dolencia. Estos factores a los que nos referimos son el aire impuro y la todavía más sutil influencia de la vibración de un mal pensamiento o de una tensa emoción generados en cualquier momento y especialmente a la hora de comer.

Natura Medicatrix

Es la naturaleza la que cura, y la propia energía vital del paciente la que en última instancia vence a la enfermedad. Es por tanto labor principal del médico no estorbar el proceso natural evolutivo y excitar mediante remedios naturales las fuerzas defensivas del enfermo, sin combatir de forma represiva los síntomas purificadores.

Como axioma preventivo, afirmamos que la salud no se obtiene en la consulta del médico ni en el mostrador del farmacéutico, sino con nuestros propios actos de cada día sometidos a la ley natural. De aquí que la propia voluntad del enfermo es el primer agente de salud.

Y es misión del médico saber tratar al enfermo desde cualquiera de los planos donde se origine su enfermedad, bien desde el plano físico, con la química natural biológica, desde el mental, mediante la voluntad e imaginación del enfermo, o desde el espiritual, mediante la virtud y la verdadera fe.

Orientándose la medicina natural o filosófica fundamentalmente hacia la prevención, no sólo es misión médica curar sino mantener la salud mediante una bien entendida higiene de acatamiento a la ley natural que nos libre de todas las enfermedades, así como iniciar en la naturología a los enfermos, pues se impone la necesidad de devolver a la misión del médico todo el carácter pedagógico-filosófico que debe tener.

 

Este artículo ha sido escrito por Isabel Pérez

La música y la salud

Determinados sonidos pueden provocar cambios en el metabolismo y la biosíntesis de los diversos procesos enzimáticos. Recientes investigaciones sobre musicoterapia confirman antiguos conocimientos sobre la influencia de la música en general, y de determinados instrumentos musicales para conseguir ciertos efectos en el cuerpo y en el alma humana.

C. Fregtman dice: «El sonido ejerce un impacto en nuestro organismo, y ciertamente se producen cambios químicos-eléctricos muy delicados. Sabemos que los dispositivos sustancio-energéticos del sistema nervioso encefálico de un individuo se relacionan con las combinaciones de elementos químicos productores de reacciones circuitales que alimentan una porción de la actividad cerebral y –en sentido inverso– recogen señales de respuesta y control muscular. Sabemos también que el sonido puede acelerar o retardar el movimiento de estas complejas sustancias» (1). Es decir, la música facilita la digestión, la respiración y la circulación sanguínea, mejora el rendimiento del corazón, provoca relajación muscular, y las más recientes investigaciones han descubierto que determinados sonidos pueden provocar cambios en el metabolismo y la biosíntesis de los diversos procesos enzimáticos, incluidos el ADN y ARN.

Que la música influye en el organismo y el comportamiento humano nadie lo pone ya en duda.

Todos sabemos que la música en la sala de espera del médico o del dentista produce un efecto tranquilizante; que el hilo musical en fábricas u oficinas donde se realizan trabajos mecánicos aumenta el rendimiento y disminuye la fatiga de los empleados; que el heavy metal aumenta los instintos agresivos, o que la música disco aumenta los jugos gástricos por la excitación nerviosa producida, lo que induce a consumir bebidas; o las últimas técnicas en musicoterapia, donde es la música la que se encarga de curar ciertas enfermedades.

No solamente influye la música en el hombre, sino también en los animales. Marciano, Estrabón, Plutarco y Clemente de Alejandría se extienden en consideraciones acerca del poder hipnótico que la música ejerce en la mayoría de ellos y en los vegetales.

Se ha comprobado por la física la influencia de los sonidos (vibraciones) sobre la materia «inerte», como puede ser la rotura de una copa veneciana que se quiebra a distancia por una vibración intensa al unísono perfecto con su diapasón sonoro; o esas notas enérgicas salidas de las cuerdas de un violín y que, mantenidas constantemente, pueden derribar un muro, cual se derrumba un puente de hierro cuando sus soportes se destemplan bajo el paso rítmico y uniformado de un ejército (recordemos el relato bíblico de las murallas de Jericó, derribadas al son de trompetas y cantos entonados rítmicamente).

En la Antigüedad se sabía y se utilizaba este tipo de poder que tenía el sonido y la música especial. Ahora bien, no toda la música produce los mismos efectos, sino que cada vibración tiene unas consecuencias, y así por ejemplo: Pseudo-Plutarco (2) dice que «la música es un arte visiblemente útil, particularmente en los peligros de la guerra. En estos, unos emplearon flautas, como los lacedemonios, entre quienes se tocaba con la flauta el aire llamado canto de castor, cuando avanzaban dispuestos a atacar a los enemigos. Otros hacían la marcha contra los adversarios al son de la lira; así se cuenta que los cretenses emplearon mucho tiempo esta práctica. Otros aun, y hasta nuestros días, mantienen el uso de las trompetas. Los argivos tocaban la flauta en la lucha de atletas de las fiestas llamadas entre ellos juegos Estenios…».

A este poder que tiene la música sobre los oyentes, los griegos le llamaron ethos. Las escalas musicales difieren esencialmente unas de otras, y quienes las escuchan son afectados de distinta manera por ellas.

Según Aristóteles, la música actuaba de distintas maneras sobre el ser humano, pudiendo:

a) Provocar un aumento de la actividad y llevar al hombre a realizar acciones heroicas, impulsivas o voluntariosas. Este poder de la música se reconocía como ethos praktikon (ethos práctico).

b) Estimular e intensificar la fuerza espiritual del hombre, desarrollando su firmeza moral. Este poder se llamaba ethos ethikon (ethos ético). El dórico, modo helenístico por excelencia, era empleado en melodías de carácter viril, grave y majestuoso, en los peanes a Apolo y en el género citarístico.

c) Las melodías que poseían un ethos threnodes (de threnos, canto plañidero) podían debilitar e, incluso, corroer el equilibrio moral. El modo lidio se consideraba apropiado para la música trágica y dolorosa, y era empleado en los cantos fúnebres.

d) Finalmente, una última posibilidad de la música era la de provocar un éxtasis momentáneo, reservado al ethos enthousiastikon. Este era el ethos propio de los ritos a Dionisos y conveniente a la música religiosa que debía acercar al hombre a la divinidad (3).

Muchos teóricos y músicos griegos vieron en la música no solo un poder de acción sobre el alma, sino, como ya hemos dicho, sobre la materia. Es conocida la imagen de Orfeo encantando a la naturaleza en pleno con el poder de su música, de Anfión construyendo milagrosamente los muros de Tebas con la música de su lira, que le fue entregada por Hermes; de Medea cediendo al influjo de un canto mágico mientras perseguía a Jasón, según cuenta Píndaro; de Platón hablando de los cantos que hacen someter a leones, serpientes y otros animales…

Muchos autores del siglo pasado no lograron entender cómo era posible que los tetracordios pudiesen provocar reacciones emocionales tan variadas, por la simple razón de poseer el semitono en distinto lugar. Si no fuese por las autorizadas citas de Platón, Aristóteles y otros teóricos, se hubieran reído del concepto de ethos, como lo hicieron en su momento muchos críticos griegos (4).

Pero la musicología fue demostrando que había que tener en cuenta otros elementos, además del arreglo de tonos y semitonos característicos de los modos, como es el ritmo, la velocidad, el género y la altura absoluta.

Según Tolomeo, «una misma melodía posee un efecto activo y vivificante en el registro agudo, y otro depresivo en el grave», y aclara además que los registros medios cercanos al dórico provocan emociones estables, los agudos próximos al mixolidido, sensaciones agitadas, y los graves, cerca del hipodórico, debilitan y relajan el alma (5).

Pero no solamente en Grecia conocían el poder mágico que tenían los sonidos; los emperadores de China se vieron obligados a crear una Oficina Gubernamental de Pesas y Medidas, encargada de buscar la altura correcta de los (6) y reglamentar la música empleada en las ceremonias, ya que para los teóricos chinos de la Antigüedad, la música no era un símbolo abstracto. Determinadas alturas representaban situaciones mágicas. Por eso no veían en el sonido una melodía en potencia sino un poder en acción. Cada nota tenía un valor intrínseco, independiente de su relación con otros sonidos. Por esta razón cada del sistema musical chino estaba asociado a distintos elementos, estaciones o emociones.

También en la India hallamos múltiples leyendas sobre el poder de la música. Cuentan que el emperador Akbar había ordenado cantar el raga (7) Dipaka al cantante Nayuk-Gopal. Este raga tenía el poder de quemar vivo a quien lo ejecutara. Para eludir las consecuencias del mismo, Gopal se introdujo en un río, pero el efecto del raga fue tan poderoso que no pudo escapar a su destino.

Los ragas nagavardi y punagatodi eran considerados como los más adecuados para atraer a las serpientes. Krishna era capaz de encantar a toda la naturaleza con su flauta, como lo haría en Grecia Orfeo y Apolo con la lira.

Mario Roso de Luna (8) nos cuenta que esta influencia de la música puede afectar en algunos casos tanto a animales como a los hombres indistintamente: «El aria suiza Le ranz de vaches, toque montañés que se emplea para reunir los rebaños dispersos por la tempestad, ejercía tal influencia en los reclutas suizos, excitándoles de modo tan irresistible al llanto desesperado, a la deserción y al suicidio por la nostalgia del ausente país natal, que hubo necesidad de prohibirla severamente en el ejército francés, para evitar verdaderas epidemias de psicopatía colectiva”. Análoga cosa ocurre con la gaita gallega, la dulzaina pastoril valenciana, la guitarra andaluza, etc.

Es más o menos conocido por todos que David, según la Biblia, tocaba la cítara en presencia del rey Saúl para calmar sus crisis de melancolía; que Pitágoras curaba a sus discípulos enfermos cantando; Homero cuenta cómo Ulises calma sus heridas sangrantes a través de cantos; que Asclepíades, hace veinte siglos, para aliviarse de la ciática tocaba una trompeta, y su prolongado sonido hacía vibrar las fibras nerviosas, produciendo la cesación del dolor; o que Teofrasto, sucesor y continuador de Aristóteles en el escuela peripatética, escribió que «los músicos-médicos aplican la música contra el desmayo, la angustia, desarreglos en el sueño, dolor de caderas, ciática, molestias del estómago, dolor de cabeza, mordedura de víboras…».

¿Cómo explicar estas curaciones? No olvidemos que numerosas enfermedades son efecto de una perturbación del sistema nervioso, en particular del simpático, y que este «desarreglo» es debido, probablemente, a una alteración en la vibración de estos nervios. También en los antiguos templos de China, la India y el Tíbet, la práctica de la música con fines terapéuticos era una ciencia altamente desarrollada, basada en la convicción de que las vibraciones producidas por los tonos musicales son semejantes a aquellas que crean verdaderamente el mundo físico, y que emanan de fuerzas espirituales.

Por otro lado, estos médico-sacerdotes sabían que cada instrumento musical tenía un efecto determinado sobre el cuerpo humano, y aun sobre cada órgano en particular, de forma que las flautas (como también lo afirma Demóstenes) estaban especialmente prescritas para curar enfermedades del hígado, las campanas para el pulmón, los tambores para el riñón, etc. Así, grupos de monjes soplaban en sus instrumentos de viento y tocaban en tambores un sonido determinado, semanas enteras, sin interrupción alguna, para hacer vibrar este o aquel nervio, hasta que al final, a través de ese sonido constante, el sistema nervioso se tranquilizaba o volvía a su estado de armonía y el enfermo sanaba.

Asimismo, cultivaron los egipcios el arte musical y conocieron los secretos de la armonía y su influencia en el ánimo, por lo que en las casas de salud de los templos se empleaba la música para la curación de ciertas enfermedades.

Todo esto ha conducido a que investigadores actuales como el Dr. Dower digan que el la y el si bemol son eficaces contra la tuberculosis, y el do sostenido y el mi contra el cáncer.

Dejando atrás la Antigüedad nos trasladamos a las más actuales técnicas en musicoterapia y, dentro de ella, su innovadora modalidad «activa» (la pasiva es cuando el paciente escucha música), es decir, cuando el paciente toca él mismo determinados instrumentos, especialmente tambores, xilófonos o flautas, con lo que se facilita una descarga de sentimientos reprimidos sin necesidad de razonar el problema.

Notas:

1. El tao de la música, pág. 88

2. Obras morales y de costumbre, pág. 391

3. Música tribal, oriental y de las antiguas culturas del Mediterráneo, pág. 115

4. Aunque otros, como el P. Ulloa en su Música universal (1717), nos da un precioso tratado acerca de las modalidades del ethos en sus relaciones fisiológicas con el hígado, órgano de lo psíquico.

5. Tolomeo, Harmoniques 2:7:58, citado en Sachs (1943:249).

6. Esta palabra significa principio, origen, ley, medida, regla, etc. Por extensión, los chinos dieron el nombre de a los tubos que permiten escuchar los doce sonidos de la escala.

7. Son modos musicales en número de ocho y cada uno de ellos tiene varios modos menores que, a su vez, tienen varias armonías.

8. Wagner, mitólogo y ocultista, pág. 52

Este artículo ha sido escrito por E. F. MARTÍNEZ

Los relojes biológicos

En su eterna búsqueda, volcada ahora hacia la vertiente científica, el Hombre ha redescubierto los llamados relojes biológicos. Se sospechó su existencia desde hace más de un siglo, cuando la ontogenia se relacionó con la filogenia.

Y decimos que se han redescubierto porque en la medicina de los antiguos egipcios ya se sabía que cada parte del cuerpo, de la psiquis y del alma, estaba regida por un “genio” diferente o tipos de genios diferentes que, como es lógico, actuaban de diferente manera y tenían ritmos vitales disímiles. Esto es fácil constatarlo. En la práctica vemos que una persona que muere por insuficiencia hepática, lo hace con el corazón en excelente estado, o en tantos otros ejemplos que han servido de base para la formación de bancos de órganos aptos para el transplante a otros cuerpos; pues siguen con capacidad de funcionar, aunque sus compañeros hayan provocado la muerte de ese biorrobot que llamamos “cuerpo”. Y no hablamos de los casos de fallecimiento por accidente, sino de los de muerte “natural”.

Referirnos al tema desde un ángulo de visión estrictamente materialista entraría en contradicción con la realidad, pues en la formación fetal, las primeras diferenciaciones celulares –o sea, los primeros relojes que empiezan a funcionar independientemente– son las relativas al sistema nervioso alto y central. Si todos los relojes biológicos estuviesen ajustados de la misma manera, es evidente que todos moriríamos por vejez y falla de esos elementos, y no por otros más “nuevos”, como el estómago, las estructuras óseas o las vías respiratorias.

Cabe pensar, también, que las diferentes formas de vida desajustan ciertos relojes y eso puede ser cierto, puede ser verdad… pero no toda la verdad. Hermanos que han nacido de la misma pareja, en circunstancias casi idénticas, y se desarrollaron en el mismo ambiente, suelen ser física, psicológica y espiritualmente muy diferentes y presentar características de madurez biológica parcial o total propias de cada uno.

Lo único que podríamos mencionar como igual en todos los seres humanos es, precisamente, su desigualdad.

Dicen que Hipócrates, hace dos milenios y medio, tenía como principio fundamental el lema: “No existen enfermedades, sino enfermos”.

En verdad, existen las enfermedades y también ellas están regidas por un tipo de elemental o genio; pero sus manifestaciones, al ser aplicadas a personas diferentes, con karmas diferentes, no pueden ser iguales.

Así, salvo en los casos de grandes epidemias, en los cuales la fuerza de la enfermedad aplasta toda resistencia y abate a gran número de afectados, dando la sensación de igualar el “castigo”, no podemos afirmar que todos los humanos, y aun todas sus partes constitutivas, sean regidas por “tiempos” iguales o, mejor dicho, por “edades” iguales.

Habrá jóvenes de veinte años con el corazón ya viejo, o ancianos de setenta y cinco con este órgano en condiciones tales como si de una persona de treinta o cuarenta años se tratase.

Estas diferencias que señalan distintas edades de los órganos físicos, también se dan en planos más sutiles, como el vital, emocional y mental.

Aparte del grado de desarrollo del ego superior, que evidentemente cuenta, es visible la acción de estos relojes sobre nuestras emociones y pensamientos. La “madurez” que a veces apreciamos en un adolescente no es siempre efecto directo de su calidad egoica, sino de un manejo de las circunstancias externas e internas que no está acorde con sus pocos años, sino como si el doble o el triple tuviera.

Los relojes, o genios o elementales, que rigen el más o menos acelerado tiempo de cada uno de los componentes de nuestra personalidad, se reflejan de manera más evidente –en lo físico– en los sistemas simpático y parasimpático, así como el hormonal. Es maravilloso el mecanismo que rige el crecimiento, ya que si una persona, por ejemplo, creciese con el mismo ritmo con que lo hace en su primer año de vida, llegaría a un tamaño elefantiásico y a un peso de varias toneladas antes de los veinte años. Eso la aplastaría, le quebraría los huesos y le causaría la muerte, salvo que se mantuviese flotando en un medio líquido, como las ballenas.

Asimismo, el genio que rige el aparato hormonal va a dar capacidad de reproducción a una mujer o a un hombre a partir de cierta edad y se detendrá luego, cuando el esfuerzo de engendrar, sobre todo en el plano de lo energético, ponga en peligro la salud y la vida del cuerpo.

No descartaremos, entonces, que otros genios lo hagan también con nuestros órganos de expresión en los distintos planos.

La pregunta se hace evidente: ¿qué o quién rige a esos relojes, a esos genios? La respuesta sería demasiado larga para este artículo, pero en líneas generales podemos afirmar que es la madeja kármica la que lo hace. Y cuando nos referimos a la “madeja” es porque no sólo existe, como sabéis, un tipo de karma(1), sino muchos: desde el personal inmediato hasta el colectivo cósmico con sus influencias estelares y planetarias. Y de centros energéticos, los unos telúricos y los otros espaciales, pues así como los astros visibles influencian a nuestros cuerpos visibles de manera directa y a los demás indirectamente, los “dobles” de estos astros y otros que no tienen cuerpo físico, actúan sobre nuestros cuerpos sutiles e invisibles, y no puede descartarse su peso en los acontecimientos concretos.

Otra pregunta que surge impetuosamente es: frente a todo esto con su enorme fuerza y complejidad, ¿podemos hacer algo para ayudarnos a nosotros mismos y también a los demás? ¿Somos simples espectadores de un mecanismo que, por sutil que sea, no deja de tener características mecánicas, como si fuese una gran computadora programada hace millones de años y en la que los nuevos datos integrados afectan de manera insignificante al comportamiento general?

Es evidente que nos encontramos ante una forma de computadora ya programada desde hace millones de años que se va cargando de nuevos elementos y despojándose de otros constantemente.

Pero no debemos caer en el error, sugerido por los materialistas, de creer que todo lo que no es estrictamente humano es simplemente mecánico. Lo “mecánico” es tan solo un camino construido con mayor justicia y bondad por la Mente Universal, basándose en nuestras acciones y decisiones pasadas, buscando que superemos nuestras imperfecciones y dándonos la oportunidad, a través de la filosofía(2), de apreciar toda esta maravilla, lo cual es la mejor prueba de que Dios existe.

Sí, podemos hacer no algo, sino mucho, por ayudar a otros y a nosotros mismos en nuestra marcha vital hacia la realización. Para eso tenemos la voluntad, la chispa espiritual indestructible que es el hilo brillante que une nuestras efímeras encarnaciones.

Con nuestra mente ejercitada en la filosofía así entendida podemos, apenas nos decidamos seriamente a ello, dar más cuerda a los relojes que se están parando o ajustar el mecanismo de otros que se nos disparan, por ejemplo en ataques de pasión o ira.

Evidentemente nuestra posibilidad de modificación está limitada a nuestra propia jaula kármica y por nuestra propia debilidad para vencernos a nosotros mismos. Dejando de lado nuestros “contenedores” cósmicos, a los que no podemos acceder en nuestro actual momento evolutivo, y sobre los cuales es pérdida de tiempo dialogar, entra dentro de nuestras posibilidades inmediatas el llevar una vida física, psíquica y mental lo más natural posible y lo más descontaminada. Para abundar en claridad: no me refiero a hacer gimnasia o dejar de hacerla, usar azúcar o sacarina, convertir nuestro plano psíquico en un santuario o nuestra mente en un diamante impoluto; no. Me refiero a cosas más a nuestro alcance y que no respondan a modas ni a alienaciones pseudomísticas; simplemente: evitar intoxicarse física, psíquica y mentalmente. Como dirían los estoicos: “Nada en exceso”. Sólo eso. Y saber aceptar las bonanzas y las tormentas como hechos naturales.

NOTAS:

  • Karma: vocablo sánscrito que designa la ley de compensación, o de causa y efecto.
  • Filosofía: Amor a la Sabiduría, búsqueda de la Verdad.

Artículo redactado por Jorge A. Livraga

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La medicina y la ética

juramento

¿Te atreverías a confeccionar un Juramento Hipocrático para el médico o terapeuta de hoy en día, inspirado en la ética atemporal?

Juramento Hipocrático

 

Juro por Apolo, médico, por Asclepio, Higía y Panacea y pongo por testigos a todos los dioses y diosas, de que he de observar el siguiente juramento, que me obligo a cumplir en cuanto ofrezco, poniendo en tal empeño todas mis fuerzas y mi inteligencia.

Tributaré a mi maestro de Medicina el mismo respeto que a los autores de mis días, partiré con ellos mi fortuna y los socorreré si lo necesitaren; trataré a sus hijos como a mis hermanos y si quieren aprender la ciencia, se la enseñaré desinteresadamente y sin ningún género de recompensa.

Instruiré con preceptos, lecciones orales y demás modos de enseñanza a mis hijos, a los de mi maestro y a los discípulos que se me unan bajo el convenio y juramento que determine la ley médica, y a nadie más.

Estableceré el régimen de los enfermos de la manera que les sea más provechosa según mis facultades y a mi entender, evitando todo mal y toda injusticia. No accederé a pretensiones que busquen la administración de venenos, ni sugeriré a nadie cosa semejante; me abstendré de aplicar a las mujeres pesarios abortivos.

Pasaré mi vida y ejerceré mi profesión con inocencia y pureza. No ejecutaré la talla, dejando tal operación a los que se dedican a practicarla.

En cualquier casa donde entre, no llevaré otro objetivo que el bien de los enfermos; me libraré de cometer voluntariamente faltas injuriosas o acciones corruptoras y evitaré sobre todo la seducción de mujeres u hombres, libres o esclavos.

Guardaré secreto sobre lo que oiga y vea en la sociedad por razón de mi ejercicio y que no sea indispensable divulgar, sea o no del dominio de mi profesión, considerando como un deber el ser discreto en tales casos. Si observo con fidelidad este juramento, séame concedido gozar felizmente mi vida y mi profesión, honrado siempre entre los hombres; si lo quebranto y soy perjuro, caiga sobre mí la suerte contraria.

Menos conocidos que el juramento de Hipócritas son los “consejos de Esculapio” destinados a los estudiantes de medicina. Veamos algunos de ellos:

“¿Quieres ser médico, hijo mío? Aspiración es ésta de un alma generosa, de un espíritu ávido de ciencia.

Pero ¿has pensado en lo que va a ser tu vida?

Tendrás que renunciar a la vida privada: mientras la mayoría de los ciudadanos pueden, terminada su tarea, aislarse lejos de los inoportunos, tu puerta estará siempre abierta a todos. A toda hora del día y de la noche vendrán a turbar tu descanso, tus aficiones, tu meditación; ya no tendrás horas que dedicar a tu familia, a la amistad, al estudio. Ya no te pertenecerás.

…..

Si, sabiendo que te verás muchas veces solo entre fieras humanas, tienes el alma lo bastante estoica para satisfacerse con el deber cumplido, si te juzgas suficientemente pagado con la dicha de una madre que acaba de dar a luz, con una cara que sonríe porque el dolor se ha aliviado, con la paz de un moribundo a quien acompañas hasta el final; si ansías conocer al hombre y penetrar en la trágica grandeza de su destino, entonces, hazte médico, hijo mío.”

 

La medicina natural al igual que la filosofía natural no sólo aporta conocimientos para memorizar, sino para aplicarlos en nuestra vida.

Epicuro escribió: “Vacío es el argumento de aquel filósofo que no permite curar ningún sufrimiento humano. Pues de la misma manera que de nada sirve un arte médico que no erradique la enfermedad de los cuerpos, tampoco hay utilidad ninguna en la filosofía si no erradica el sufrimiento del alma”

 

La ética atemporal trae al ser humano todas a aquellas virtudes capaces de vivir en todas las épocas de la historia, y sin embargo, es siempre nueva, siempre viva, siempre una.

No hace falta saber, haber estudiado, haber leído mucho, para que cualquier hombre reconozca en el fondo de su corazón, aquella Ética que no es suya ni de ninguna otra persona, sino que es de todos…y esa ética atemporal es la que ha de seguir toda medicina y todo médico.

Conocer las manos y la vida

 

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Las manos son la herramienta por excelencia del ser humano, la “madre de las herramientas” podría decirse, pues en cierto modo se convierten en todo aquello que prenden entre sus dedos.

Forman parte activa de todos los actos de nuestra vida, como fieles servidoras, siendo también expresión de nuestros procesos psíquicos y mentales, “la parte visible del cerebro”. El lenguaje cotidiano muestra, en buena medida, la presencia permanente de las manos: “pedir la mano de la novia”, “dejado de la mano de Dios”, “echar una mano a alguien”, “tener las manos largas”, etc., y hasta tal punto son importantes que no habría sido posible el desarrollo de civilización alguna sin su ayuda. Justo es, por tanto, que les dediquemos un poco de atención.
Los expertos que se han ocupado de conocer mejor las manos utilizan, generalmente, varios términos. Se habla de quirología, que es el estudio de todo lo que concierne a la mano, para deducir el carácter, la salud, los rasgos psicológicos de una persona, sus tendencias…; quirognomía, que se ocupa de los signos externos de la mano; quiromancia, que es la adivinación a través de la mano; y quirosofía, que engloba todo el conocimiento acerca de la mano.

Algo de historia

th-5Las referencias más antiguas al arte de leer la mano proceden de la antigua India, apareciendo en Las leyes de Manu (Manava Darma Sastra) y algunos otros textos hindúes escritos en lenguaje tamil. Según la tradición hindú, el arte de adivinar por medio de la mano, llamado Anga Vidva, fue inventado por Samudra, el dios del mar, quien lo entregó a la Humanidad. Se dice que los gitanos poseen conocimientos para leer la buenaventura, precisamente, porque son un pueblo procedente de la India. De la antigua India procede también el conocimiento de determinadas posiciones de las manos, llamadas mudras, que, básicamente, son un elemento esencial en determinados rituales mágicos, acompañados generalmente por ciertos mantras, cuya finalidad era despertar fuerzas divinas y facilitar la corriente de energía psíquica.En China, la lectura de la mano se conoce con el nombre de Siang Cheou, existiendo textos escritos del siglo II a. C. Hebreos, egipcios, asirios y caldeos practicaban la quiromancia, atribuyéndosele, en general, un origen divino. Es muy conocido el pasaje del Libro de Job que dice: “Dios puso signos en las manos de todos, para que cada uno pudiese conocer sus obras”, y en el mismo libro se ponen en boca de Moisés las siguientes palabras: “La Ley del Señor será escrita en tu frente y en tu mano”.

Se dice que Aristóteles regaló a su discípulo Alejandro Magno un tratado de quiromancia escrito en árabe con letras de oro, que había hallado en un altar dedicado al dios Hermes. Y por su parte, el emperador Julio César no se equivocaba nunca con las personas a las que había observado las manos.
En el año 313 la Iglesia prohíbe la quiromancia y amenaza con la excomunión a todo el que la practique, de forma que el arte de leer la mano se hace clandestino en toda Europa, hasta el Renacimiento, en que se ocupan de ella, por ejemplo, Paracelso y Cornelio Agripa.
En 1901 Scotland Yard adopta la técnica de tomar las huellas dactilares para identificar a los delincuentes, pues se observa que las huellas digitales de los dedos son únicas e invariables para cada individuo (algo que los chinos ya sabían hacía miles de años).
En la actualidad se sabe, por ejemplo, que los diez dedos de la mano ocupan un 60% de la superficie cerebral o córtex, y mediante unos experimentos realizados en Dinamarca y Estados Unidos, se ha demostrado que bastan unos sencillos ejercicios digitales, emulando la mecanografía, para mejorar la irrigación local del cerebro entre un 5 y un 15%, lo cual alarga la vida. Por esto se cree que la peculiar actividad de los pianistas tiene relación directa con la longevidad tan frecuente en estos músicos, porque al tener más riego sanguíneo en el cerebro se alarga su vida. También los chinos sabían esto; de ahí su conocida costumbre de llevar una pequeña bola en la mano, moviéndola entre los dedos.

La forma de las manos y los dedosth-5

Lo ideal es tener una mano bien proporcionada en su forma y tamaño con respecto al brazo y al resto del cuerpo. Se dice que los individuos de manos grandes son minuciosos, detallistas y analíticos, escrutadores del porqué último de las cosas. Por ejemplo, un neurocirujano podría tener este tipo de manos. Su inconveniente es la dificultad para adaptarse a nuevas situaciones. Por el contrario, el individuo de mano pequeña es reflejo de espontaneidad, muy activo, aunque puede llegar a ser algo desordenado e impaciente, sobre todo si tiene los dedos cortos.
Los dedos son como antenas a través de las cuales recibimos y emitimos fluidos y energías. Pero acumulan muchas impurezas; por esto, es necesario lavarlos a menudo, para que puedan funcionar como antenas perfectas. De ahí el ritual de la ablución, o lavado de las manos, propio de muchas religiones, no solo del cristianismo.
Según la quiromancia china, los dedos de la mano son el Dragón, y la palma es el Tigre. El Dragón puede devorar al Tigre, pero este no puede devorar al Dragón. Por tanto, es favorable que los huesos del Dragón sean largos, y los del Tigre, cortos.
Si entre los dedos veis un gran espacio, eso indica una naturaleza ligera, incapaz de guardar un secreto y despilfarradora; de ahí la expresión: “se le escurre el dinero entre los dedos”.
Básicamente, hay tres tipos de dedos, según la forma en que terminan: cuadrados, puntiagudos y espatulados. El ser de dedos cuadrados está dotado de espíritu metódico, concibe lentamente pero con rectitud; domina el lado práctico de las cosas, y es un administrador y organizador de primer orden. Tiene más propensión a buscar lo justo, lo positivo, el derecho y el deber, que no la ternura, la sensibilidad ni los sueños azules.
El ser de dedos puntiagudos es siempre impresionable, impulsivo, carente en cierta medida de razonamiento y de lógica. La imaginación es su cualidad dominante, y se dice de él que “razona con el corazón”. No recuerda: sueña, imagina. Las manos con dedos puntiagudos se llaman a veces manos artísticas, entre otras cosas porque suelen ser hermosas manos: palma mediana, dedos sin nudos, uñas en forma de almendra y rosadas.
Quienes tienen dedos espatulados, es decir, dedos cuya falange ungulada se ensancha en forma de espátula, son activos, trabajadores incansables. Esta forma de manos excluye toda idea de poesía y de arte, excepto las artes mecánicas.

Simplificando un poco, y sin que sea algo definitivo, podría decirse:
– Para los dedos puntiagudos, la imaginación. Buena predisposición para el arte.
– Para los dedos cuadrados, la organización. Buena predisposición para los estudios.
– Para los dedos espatulados, la aplicación. Buena predisposición para los oficios.
El dedo índice es el dedo de Júpiter; amenaza, avisa, ordena; es por excelencia el dedo de la expresión social.
El dedo medio es el dedo de Saturno; es el más largo y está situado en el eje de la mano: por ello, es imagen de lo que en nosotros permanece inmutable, de nuestras estructuras profundas, de nuestra vida interior, y se asocia con el destino.
El dedo anular es el dedo del Sol, donde se llevan los anillos y las sortijas de oro, pues el oro simboliza el Sol. Según una antigua creencia, hay un nervio que conecta directamente este dedo con el corazón.
El dedo meñique muestra nuestra capacidad de adaptación, nuestra flexibilidad y nuestra capacidad de expresión; el hombre pequeño suele ser, generalmente, el más ágil, y la agilidad, sobre todo en los negocios y en el hablar, son las características asociadas al meñique, el dedo de Mercurio.
Pero el dedo más importante es el pulgar. Newton afirmó que, a falta de otras pruebas, el pulgar sería suficiente para convencerle de la existencia de Dios. El pulgar está a la entrada de la mano, como un centinela vigilante a la puerta de la fortaleza. Lleva el signo de la más grande cualidad del espíritu: la voluntad, y de la más útil facultad del alma: la razón. La primera falange, la de la uña, refleja la voluntad, y la segunda falange, la razón. A esta falange la llamaban los chinos La sala de estudio, asociándola con el sentido común. Una mano sin pulgar pierde casi por completo su capacidad; de ahí que exista una analogía entre una mano sin pulgar y un hombre sin voluntad. El hombre que va a morir esconde su pulgar porque la voluntad lo abandona, y el niño que llega al mundo tiene igualmente el pulgar encerrado en la mano.

Las líneasth-5

Un antiguo quiromántico afirmó que las líneas de la palma son “las huellas dejadas por las raíces que nos sujetan al Cielo”. Las líneas también pueden compararse con el trazado geográfico de los ríos sobre un mapa, en el que hay montes y valles, configurando todo un paisaje en miniatura, que sería la palma de la mano.
Cuando unas manos tienen multitud de líneas muy superficiales y una piel sumamente fina y delicada, los quirólogos dicen que son manos viejas, en el sentido de que han acumulado muchas vivencias, y vienen a esta encarnación a vivenciar pequeñas cuentas pendientes, aunque la lección que fundamentalmente deben aprender es la del desapego. En cambio, si hay pocas líneas pero muy marcadas, también se considera que ha habido multitud de vivencias, pero se ha venido a la vida a seguir un camino muy definido, con una misión concreta. También se dice que las mujeres tienen más líneas que los hombres, lo cual denota una mayor complejidad psíquica, o mayor psiquicidad.
Los antiguos habían descubierto que las tres líneas fundamentales de la mano correspondían a la construcción de nuestro ser. La línea que rodea el monte de Venus (la base del pulgar) es la línea de la vida, porque Venus representa el amor, y el amor crea la vida. Esta línea registra nuestro “potencial de vida”, que no hay que entenderlo solo como duración en años, pues como decía Séneca, vivir no es lo mismo que durar.
La línea que recorre horizontalmente el medio de la palma de la mano se denominó línea de la cabeza, por corresponderse con las facultades de la mente.
La línea relacionada con la psique es la que se encuentra justo por debajo de los dedos, y es llamada línea del corazón. Si falta alguna de estas tres líneas, puede ser un mal síntoma: enfermedad, accidente o falta de equilibrio.
Hay otras tres líneas importantes: línea del destino, línea hepática y línea del Sol. Las demás líneas son secundarias.
El conocimiento de las manos nos señala tendencias, inclinaciones personales, pero no hay ningún tipo de determinismo en ello, pues todo se puede modificar y el hombre es siempre dueño de su propio destino. Lo útil es disponer del mayor número de datos posible sobre nuestra propia naturaleza, para que nos sirvan de ayuda en el camino de la vida, para que cada uno pueda llegar a ser aquello que realmente quiere ser.
Las líneas de la mano se modifican, no por la casualidad, sino como consecuencia de cambios en el modo de vivir. Lo importante es que esos cambios estén regidos –en alguna medida, al menos– por nuestra voluntad, y no exclusivamente por la influencia de la sociedad o del entorno en el que nos desenvolvemos habitualmente. Lo importante es saber que el destino de nuestra vida está en nuestras manos, porque en ellas se va escribiendo poco a poco, pero sobre todo, porque también con ellas lo podemos construir.

Artículo escrito por Miguel Ángel Antolínez

A quien desee la salud

A quien desee la salud, hay que preguntarle primero si está dispuesto a suprimir las causas de su enfermedad. Sólo entonces será posible ayudarle. (Hipócrates)

A quien desee salud mayo

EL ENFERMO ÁVIDO DE MEDICINAS

 

 

Entre los enfermos, la propaganda de la sobriedad sería inútil, pues gran número de pacientes se sienten fascinados por la abundancia en el recetar […]. En nuestros tiempos, la manía de los enfermos de ser desaforadamente recetados adquiere proporciones graves por las noticias que la prensa, la radio o algunos medios pseudo-científicos les dan de los medicamentos y de sus indicaciones. Antes de que el médico desenvaine su pluma para recetar, un señor cualquiera, o sobre todo, una señora, se adelanta a sugerirle la conveniencia de la penicilina o de cualquier otra droga, o a aconsejársela sin el menor rebozo. Otras veces la pregunta se refiere vagamente a si no sería útil “alguna medicina de América”, porque el dogmatismo actual, que tiene una faceta de americanismo pueblerino, ha alcanzado a los mismos pacientes.

 

América es hoy, además de una realidad maravillosa, un mito en la mente mágica de los enfermos o pseudo-enfermos. Yo admiro de todo corazón los progresos del gran pueblo al que el devenir de la civilización ha colocado en la primera línea de la ciencia: yo leo con afán las publicaciones que de allí vienen, y muchas veces me entusiasmo ante el espectáculo de su formidable capacidad creadora. Pero en esto como en todo, me siento más orgullosamente europeo que nunca, y lamento la difusión que entre nosotros ha alcanzado este mito, aldeano, de América, que a los propios americanos hace sonreír.

 

Este mito es, a veces, difícil de soslayar. Una de las señoras que todo lo saben, me consultó hace unos mese sobre una de esas astenias de verano que con lo que mejor se curan es con cloruro sódico, con sal común; pero me parecía inadecuado a su suficiencia recetarle un remedio que ni siquiera había que ir a comprar a la farmacia, porque lo tenía en un bote su cocinera. Salvé la dificultad diciéndole que era un nuevo medicamento americano que se llamaba Cl Na (es la fórmula química de cloruro sódico o sal común).

 

No hay que decir que, con esta interpretación cabalística y trasatlántica, mi amiga tomó la sal llena de fe, y se curó de sus molestias.

 

La medicina y nuestro tiempo; Madrid, Austral, 1954, Gregorio Marañón

 

LA LUNA  

La luna se puede tomar a cucharadas
o como una cápsula cada dos horas.
Es buena como hipnótico y sedante
y también alivia
a los que se han intoxicado de filosofía.
Un pedazo de luna en el bolsillo
es mejor amuleto que la pata de conejo:
sirve para encontrar a quien se ama,
para ser rico sin que lo sepa nadie
y para alejar a los médicos y las clínicas.
Se puede dar de postre a los niños
cuando no se han dormido,
y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos
ayudan a bien morir.

Pon una hoja tierna de la luna
debajo de tu almohada
y mirarás lo que quieras ver.
Lleva siempre un frasquito del aire de la luna
para cuando te ahogues,
y dale la llave de la luna
a los presos y a los desencantados.
Para los condenados a muerte
y para los condenados a vida
no hay mejor estimulante que la luna
en dosis precisas y controladas.

Jaime Sabines Gutiérrez

 

Campaña humanitaria Nepal

Cada contribución es un paso hacía la vida

El Espai Cultural La Finestra se une a la campaña humanitaria promocionada por del grupo de voluntariado GEA para ayudar a los afectados por el terremoto de Nepal.
Para más información sobre como contribuir, podéis pasar por nuestro local.
Estamos todas las tardes de lunes a viernes de 18:30 a 21:00 horas.
colaboracion nepal copia