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El salmo de la vida

¡Ah!  ¡No!  No me digáis con voz doliente
que la vida es un sueño,
que el alma muere donde el cuerpo acaba,
que es nuestro fin incierto.

Nueva Acrópolis - VidaPolvo que vuelve al polvo es la sentencia
funesta para el cuerpo;
pero el alma, que es luz, en luminosa
región busca su cetro.

Placeres y amarguras no son sólo
de la existencia objeto;
la vida es acción viva, afán perenne;
la vida es lucha, es duelo.

La obra del tiempo es lenta, y el tiempo huye
rápido como el viento;
y el corazón, la marcha del combate
sigue siempre batiendo.

¡Alerta! En la batalla de la vida
reposar un momento
es torpe cobardía… la victoria
es hija del esfuerzo.

Da un adiós al pasado, y del mañana
no te ofusque el destello:
pon la esperanza en Dios, en Dios tan sólo,
y lucha con denuedo.

La historia nos lo dice: la constancia,
el valor y el talento
engrandece al hombre. ¡Fe y audacia!
También grande seremos.

Y más tarde quien sabe si otro hermano
al cual agobie el peso
del infortunio, ¡revivir se sienta
siguiendo nuestro ejemplo!

Trabajar es luchar. ¡A la obra, a la obra,
sin desmayar, obreros!
Grabemos esta máxima en el alma:
Trabajar y… esperemos.

Henry W. Longfellow
(Traducción de Ricardo Palma)

De obligaciones y deberes

El amor nos salva

Pablo Neruda

A mis obligaciones…Pablo Neruda                                                                                                     

Cumpliendo con mi oficio

piedra con piedra, pluma a pluma,

pasa el invierno y deja

sitios abandonados,

habitaciones muertas:

yo trabajo y trabajo,

debo substituir

tantos olvidos,

llenar de pan las tinieblas,

fundar otra vez la esperanza.

 

No es para mí sino el polvo,

la lluvia cruel de la estación,

no me reservo nada

sino todo el espacio

y allí trabajar, trabajar,

manifestar la primavera.

 

A todos tengo que dar algo

cada semana y cada día,

un regalo de color azul,

un pétalo frío del bosque,

y ya de mañana estoy vivo

mientras los otros se sumergen

en la pereza, en el amor,

yo estoy limpiando mi campana,

mi corazón, mis herramientas.

 

Tengo rocío para todos.

 

Los deberes de la vida…Víctor Corcoba Herrero     

Vivir el día a día,

y en el día vivir:

cortés en las formas,

gentil en el fondo;

para donarse a la existencia

y darse vida en la vida.

 

Haré una buena acción

y no lo diré a nadie

y no lo echaré en cara

y no diré sí,

sí tengo que decir no.

 

Nada de prisas ni de pausas,

y sí muchas risas y rosas,

para que el amor

tenga su poso de paz,

al igual que el cauce del río,

rimas que donen aire.

 

Que la risa es para el mundo

lo que el beso del sol

para la flor,

lo que el beso de la luna

para el verso de la noche.

 

Me niego a estar disponible

para el odio,

me niego a estar ocupado

por la violencia,

me niego a no ser yo.

 

El yo en la poesía es el otro,

una manera de vivir,

una moneda sin cambio,

una entrega sin condiciones,

y una condición sin límites,

el amor de amar amor.

Del tiempo y recuerdos

 

En mi barrio….Juan de Dios Peza

 

Sobre la rota ventana antigua

Con tosco alféizar, con puerta exigua,

Que hacia la oscura callejada,

Pasmando al vulgo como estantigua

Tallada en piedra, la santa está.

 

Borró la lluvia los mil colores

Que hubo en su manto y en su dosel;

Y recordando tiempos mejores,

Guarda amarillas y secas flores

De las verbenas del tiempo aquel.

 

El polvo cubre sus aureolas,

Las telarañas visten su faz,

Nadie a sus plantas riega amapolas,

Y ve la santa las calles solas,

La casa triste, la gente en paz.

 

Por muchos años allí prendido,

Único adorno del tosco altar,

Flota un guiñapo descolorido,

Piadosa ofrenda que no ha caído

De las desgracias al hondo mar.

 

A arrebatarlo nadie se atreve,

Símbolo antiguo de gran piedad,

Mira del tiempo la marcha breve;

Y cuando el aire lo empuja y mueve

Dice a los años: pasad, pasad.

 

¡Pobre guiñapo que el aire enreda!

¡Qué amarga y muda lección me da!

La vida pasa y el mundo rueda,

Y siempre hay algo que se nos queda

De tanto y tanto que se nos va.

 

Tras esa virgen oscura piedra

Que a nadie inspira santo fervor,

Todo el pasado surge y me arredra;

Escombros míos, yo soy la yedra;

¡nidos desiertos, yo fui el amor!

 

Altas paredes desportilladas

Cuyos sillares sin musgo vi,

¡cuántas memorias tenéis guardadas!

Níveas corinas, jaulas doradas,

Tiestos azules… ¡no estáis aquí!

 

En mi azarosa vida revuelta

Fue de esta casa dueño y señor,

¿do está la ninfa, de crencha suelta,

de grandes ojos, blanca y esbelta,

que fue mi encanto, mi fe, mi amor?

 

¡Oh mundo ingrato, cuántos reveses

en ti he sufrido! La tempestad

todos mis campos dijo sin mieses…

La niña duerme bajo cipreses,

Su sueño arrulla la eternidad.

 

¡Todo ha pasado! ¡Todo ha caído!

Sólo en mi pecho queda la fe,

Como el guiñapo descolorido

Que a la escultura flota prendido…

¡Todo se ha muerto! ¡Todo se fue!

 

Pero ¡qué amarga, profunda huella

Llevo en mi pecho!… ¡Cuán triste estoy!…

La fe radiante como una estrella,

La casa alegre, la niña bella,

El perro amigo… ¿Dónde están hoy?

 

¡Oh calle sola, vetusta casa!

¡angostas puertas de aquel balcón!

Si todo muere, si todo pasa

¿por qué esta fiebre que el pecho abrasa

no ha consumido mi corazón?

 

Ya no hay macetas llenas de flores

Que convirtieran en un pensil

Azotehuelas y corredores…

Ya no se escuchan frases de amores,

Ni hay golondrinas del mes de abril.

 

Frente a la casa la cruz cristiana

Del mismo templo donde rezó,

Las mismas misas de la mañana,

La misa torre con la campana

Que entre mis brazos la despertó.

 

Vetusta casa, mansión desierta,

Mírame solo volviendo a ti…

Arrodillado beso tu puerta

Creyendo loco que aquella muerta

Adentro espera pensando en mí.

 

Hay un día feliz…Nicanor Parra

 

A recorrer me dediqué esta tarde

Las solitarias calles de mi aldea

Acompañado por el buen crepúsculo

Que es el único amigo que me queda.

Todo está como entonces, el otoño

Y su difusa lámpara de niebla,

Sólo que el tiempo lo ha invadido todo

Con su pálido manto de tristeza.

Nunca pensé, creédmelo, un instante

Volver a ver esta querida tierra,

Pero ahora que he vuelto no comprendo

Cómo pude alejarme de su puerta.

Nada ha cambiado, ni sus casas blancas

Ni sus viejos portones de madera.

Todo está en su lugar; las golondrinas

En la torre más alta de la iglesia;

El caracol en el jardín, y el musgo

En las húmedas manos de las piedras.

No se puede dudar, éste es el reino

Del cielo azul y de las hojas secas

En donde todo y cada cosa tiene

Su singular y plácida leyenda:

Hasta en la propia sombra reconozco

La mirada celeste de mi abuela.

Estos fueron los hechos memorables

Que presenció mi juventud primera,

El correo en la esquina de la plaza

Y la humedad en las murallas viejas.

¡Buena cosa, Dios mío! nunca sabe

Uno apreciar la dicha verdadera,

Cuando la imaginamos más lejana

Es justamente cuando está más cerca.

Ay de mí, ¡ay de mí!, algo me dice

Que la vida no es más que una quimera;

Una ilusión, un sueño sin orillas,

Una pequeña nube pasajera.

Vamos por partes, no sé bien qué digo,

La emoción se me sube a la cabeza.

Como ya era la hora del silencio

Cuando emprendí mí singular empresa,

Una tras otra, en oleaje mudo,

Al establo volvían las ovejas.

Las saludé personalmente a todas

Y cuando estuve frente a la arboleda

Que alimenta el oído del viajero

Con su inefable música secreta

Recordé el mar y enumeré las hojas

En homenaje a mis hermanas muertas.

Perfectamente bien. Seguí mi viaje

Como quien de la vida nada espera.

Pasé frente a la rueda del molino,

Me detuve delante de una tienda:

El olor del café siempre es el mismo,

Siempre la misma luna en mi cabeza;

Entre el río de entonces y el de ahora

No distingo ninguna diferencia.

Lo reconozco bien, éste es el árbol

Que mi padre plantó frente a la puerta

(Ilustre padre que en sus buenos tiempos

Fuera mejor que una ventana abierta).

Yo me atrevo a afirmar que su conducta

Era un trasunto fiel de la Edad Media

Cuando el perro dormía dulcemente

Bajo el ángulo recto de una estrella.

A estas alturas siento que me envuelve

El delicado olor de las violetas

Que mi amorosa madre cultivaba

Para curar la tos y la tristeza.

Cuánto tiempo ha pasado desde entonces

No podría decirlo con certeza;

Todo está igual, seguramente,

El vino y el ruiseñor encima de la mesa,

Mis hermanos menores a esta hora

Deben venir de vuelta de la escuela:

¡Sólo que el tiempo lo ha borrado todo

Como una blanca tempestad de arena!

 

 

Una de Enrique González Martínez

Busca en todas las cosas

Busca en todas las cosas un alma y un sentido
oculto; no te ciñas a la apariencia vana;
husmea, sigue el rastro de la verdad arcana,
escudriñante el ojo y aguzado el oído.

No seas como el necio, que al mirar la virgínea
imperfección del mármol que la arcilla aprisiona,
queda sordo a la entraña de la piedra, que entona
en recóndito ritmo la canción de la línea.

Ama todo lo grácil de la vida, la calma
de la flor que se mece, el color, el paisaje.
Ya sabrás poco a poco descifrar su lenguaje. . .
¡Oh divino coloquio de las cosas y el alma!

Hay en todos los seres una blanda sonrisa,
un dolor inefable o un misterio sombrío.
¿Sabes tú si son lágrimas las gotas de rocío?
¿Sabes tú qué secreto va contando la brisa?

Atan hebras sutiles a las cosas distantes;
al acento lejano corresponde otro acento.
¿Sabes tú donde lleva los suspiros el viento?
¿Sabes tú si son almas las estrellas errantes?

No desdeñes al pájaro de argentina garganta
que se queja en la tarde, que salmodia a la aurora.
Es un alma que canta y es un alma que llora. . .
¡Y sabrá por qué llora, y sabrá por qué canta!

Busca en todas las cosas el oculto sentido;
lo hallarás cuando logres comprender su lenguaje;
cuando sientas el alma colosal del paisaje
y los ayes lanzados por el árbol herido. . .
Enrique Gonzáles Martínez