La dignidad humana

A continuación dejamos un pequeño resumen sobre el tema La dignidad humana, que al igual que otras actividades del mes de mayo, están dedicadas a los valores.

Aquello en las personas que no se puede medir, quizás sea porque pertenezca a lo más profundo del ser humano, como la dignidad.

Sin embargo, si no entendemos en su completura este tipo de elementos, no los podemos identificar en nosotros mismos. Por eso, la filosofía se ha preocupado por estos temas tratando de encontrar una idea acabada que sirviera a todo el ser humano.

Sobre la dignidad hay diferentes posturas: negar que existe; relacionarlo solo con lo que nos es afín o con los derechos humanos, como por ejemplo una vivienda digna, un trabajo digno, etc, que evidentemente son necesarios.

Kant, Schiller, Platón y otros dicen que la dignidad no depende de lo externo, ni tanto de lo necesario para vivir, sino que es propia del ser humano. Algo que el ser humano conquista y nadie se la puede quitar, pero del mismo modo nadie se la puede dar, sino que es como un regalo que se hace a sí mismo y se refleja en el exterior.

La palabra dignidad procede del latín dignus, lo valioso, lo válido…o sea lo más valioso del ser humano. Antiguos filósofos y culturas hablan de que el ser humano está formado por una parte más material y otra más sutil y atemporal. Por tanto la dignidad, sería lo que nos acerca a lo atemporal viviendo de acuerdo a los dictámenes de esa parte más espiritual.

Lo más digno es aquello más valioso en el ser humano. Algunos dicen que es la razón. De hecho, la palabra humano contiene en ella el sustantivo man (hombre en inglés) cuya raíz significa el que piensa. El poder pensar, reflexionar sobre conceptos transcendentes, proyectarnos hacia el futuro, etc, esa capacidad es propia del ser humano.

Conocernos a nosotros mismos nos acerca a la dignidad. Hay que plantearse que podemos ser mejores de lo que somos actualmente. Quizás haya que plantearse que estamos en construcción y eso nos ayuda a buscar la dignidad porque va a hacer que encontremos en nosotros elementos que aun tenemos que explotar, por ejemplo, nuestros valores, las fortalezas, el amor, la inteligencia, la voluntad…que pertenecen a esa parte atemporal del ser humano.

La parte más material del ser humano también tiene valores:  el orden mental, la salud del cuerpo, el correcto uso de nuestra energía y que nuestros deseos no sean solo para nosotros, sino que también deseemos lo bueno para los demás.

Lo que también nos puede dar dignidad es que nuestra vida tenga un sentido aparte de lo que haga falta para subsistir. Pero perdemos dignidad con la ignorancia. La ignorancia es no tener visión de lo verdadero, de lo real. La opinión es coger parte de lo verdadero, de lo real y creer que se trata de la verdad completa.

También perdemos dignidad con el miedo; la falsa dignidad cuando se confunde con honores, medallas y cargos o aplausos externos; la vanidad; y la indiferencia que crea máscaras o barreras haciendo creer que no nos afectan las cosas, lo que lleva a la apatía.

Acompañan a la dignidad, la integridad, la unión, la coherencia y la honestidad que busca la veracidad en lo que hacemos y lo que nos rodea. La dignidad es ser responsable de nuestras propias decisiones.

Tres frases se encontraban escritas en el oráculo de Delfos: nada en demasía, conócete a ti mismo, sé digno.

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