El salmo de la vida

¡Ah!  ¡No!  No me digáis con voz doliente
que la vida es un sueño,
que el alma muere donde el cuerpo acaba,
que es nuestro fin incierto.

Nueva Acrópolis - VidaPolvo que vuelve al polvo es la sentencia
funesta para el cuerpo;
pero el alma, que es luz, en luminosa
región busca su cetro.

Placeres y amarguras no son sólo
de la existencia objeto;
la vida es acción viva, afán perenne;
la vida es lucha, es duelo.

La obra del tiempo es lenta, y el tiempo huye
rápido como el viento;
y el corazón, la marcha del combate
sigue siempre batiendo.

¡Alerta! En la batalla de la vida
reposar un momento
es torpe cobardía… la victoria
es hija del esfuerzo.

Da un adiós al pasado, y del mañana
no te ofusque el destello:
pon la esperanza en Dios, en Dios tan sólo,
y lucha con denuedo.

La historia nos lo dice: la constancia,
el valor y el talento
engrandece al hombre. ¡Fe y audacia!
También grande seremos.

Y más tarde quien sabe si otro hermano
al cual agobie el peso
del infortunio, ¡revivir se sienta
siguiendo nuestro ejemplo!

Trabajar es luchar. ¡A la obra, a la obra,
sin desmayar, obreros!
Grabemos esta máxima en el alma:
Trabajar y… esperemos.

Henry W. Longfellow
(Traducción de Ricardo Palma)

2 pensamientos en “El salmo de la vida

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